Publicado: 11.02.2014 07:00 |Actualizado: 11.02.2014 07:00

Alemania no consigue integrar a sus turcos

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Una joven agente de policía toma el altavoz y se dirige a la multitud. Pide que, por favor, la gente se calme y se retire porque, lamentablemente, no hay entradas para todos. Habla en turco. La multitud protesta y levanta cuatro dedos y cartales amarillos donde se lee "R4BIA", un símbolo que se utiliza para recordar la matanza en Egipto de partidarios de los Hermanos Musulmanes. Entre los gritos se pueden ver no pocas mujeres con velo y hombres de pobladas barbas. La escena ocurre en el corazón de Alemania, en las inmediaciones del Tempodrom de Berlín, donde la comunidad de extranjeros más extensa, la turca, acude en masa al mitin de Recep Tayyip Erdogan.

La reciente visita del primer ministro turco, el líder del partido islamista AKP, ha vuelto a poner el foco en los más de 3 millones de personas que, se estima, viven en la República Federal y poseen raíces turcas (un 3,7% de la población total). Y es que la ocasión fue aprovechada por Merkel para mostrar su "escepticismo" sobre la entrada del país en la Unión Europea, que se lleva formalmente negociando desde hace nueve años.

"¿Por qué nosotros no tenemos los mismos derechos? ¿Por qué?", repite continuamente Suleyman Akjen, un cerrajero que lleva más de tres décadas viviendo en Berlín. "No es justo. Nosotros trabajamos, cotizamos, creamos nuevas empresas, pagamos impuestos, pero, por ejemplo, los rumanos o los búlgaros simplemente por el hecho de ser parte de la Unión Europea tienen más derechos". La historia de Suleyman refleja perfectamente el fenómeno de la inmigración turca en Alemania. En la década de los 60 y 70, el país germano necesitaba mano de obra barata, que se consiguió con la llegada de ciudadanos de España, Italia, pero sobre todo Turquía. Como muchos otros, Suleyman llegó con el estado de "Gastarbeiter" (trabajador invitado), teóricamente para trabajar de forma temporal, pero, como él mismo cuenta, al final acabó echando raíces y decidió asentarse definitivamente. "Claro que me siento parte de la sociedad alemana. Vivo aquí, trabajo aquí, mi familia está aquí. De hecho, mi hijo es policía, como ellos", y señala en dirección a la joven policía del megáfono. "Al menos ahora, cuando introduzcan el doble pasaporte, las cosas irán mejor", añade.

Extender a todos los inmigrantes el derecho de mantener la doble ciudadanía fue una de las medidas más mediáticas del SPD en las últimas elecciones federales. Hoy, prácticamente, solo los ciudadanos de la Unión Europea pueden tener dos pasaportes. Ellos y los hijos de extranjeros nacidos en Alemania, pero solo hasta los 23 años. No obstante, durante las negociaciones con la CDU para formar el nuevo gobierno de Gran Coalición, la exigencia se redujo a los hijos de los inmigrantes que hayan nacido en Alemania. Y el primer borrador del Ministerio del Interior ha vuelto a rebajar todavía más las expectativas, pues se se requiere haber pasado 12 años en Alemania y se recomienda haber terminado los estudios en el instituto.

Los hechos demuestran que a las autoridades germanas les sigue resultando extraño considerar como ciudadanos alemanes a los seguidores del islam"Todo depende de lo que se quiera decir con 'integrado'. En mi opinión significa que uno encuentre su camino en la sociedad, que tenga unos ingresos y que pueda vivir conforme a la ley y el orden. En este sentido la inmensa mayoría de los inmigrantes está integrado. En cambio, el problema de la participación es, para mí, mucho más destacable". El que así habla es el joven de 31 años Orkan Özdemir, turco de segunda generación. Él es uno de los pocos afortunados que tiene el privilegio de poseer los dos pasaportes gracias, según él mismo explica, a un acuerdo bilateral que los dos países mantuvieron desde 1990 a 1993.

"El problema es visible, sobre todo, en la poca presencia de personas de origen turco en el ámbito político y en los servicios públicos", añade Orkan. Una vez más su caso es el que rompe la regla, pues es directivo regional del SPD y portavoz de la comisión para la integración en el distrito berlinés de Tempelhof-Schöneberg. Para él, la situación de muchos turcos en Alemania es un "círculo vicioso". "Cada año, nuestros estudios reflejan la discriminación que tienen que afrontar personas de origen extranjero en la educación y en el mercado laboral. Si hoy lo cantidad de jóvenes turcos sin título universitario supera la media no es, ciertamente, algo genético", añade.

Asimismo, parece que los que sí consiguen el graduado universitario tampoco están muy contentos con la forma que el sistema alemán les trata. Según un estudio del Instituto Futureorg, uno de cada tres jóvenes titulados turcos prefiere desempeñar su profesión en Turquía. La razón es que no se sienten suficientemente valorados. Motivos no les faltan. La Fundación de Estudios Turcos e Investigaciones para la Integración (Stiftung Zentrum für Türkeistudien Integrationsforschung) probó a enviar exactamente la misma candidatura a diferentes empresas con la única diferencia del nombre, unas con nombres alemanes y otras con turcos. El resultado fue que las que iban encabezadas por un nombre alemán recibieron diez veces más respuestas.

"Los que se ven afectados especialmente por esta discriminación son las personas que son marcadas como musulmanas. "Marcadas" porque no tienen por qué ser realmente religiosos para ser así catalogados. Esta diferencia está hecha por la sociedad mayoritaria blanca que asocia a los musulmanes con el atraso, la pereza, la intolerancia y las actitudes antidemocráticas", sostiene el joven político del SPD. Los turcos representan cerca del 63% de toda la comunidad musulmana en Alemania.

Los hechos demuestran que, por lo menos, a las autoridades germanas les sigue resultando extraño considerar como ciudadanos alemanes a los seguidores del islam. Hace apenas unos días, en la localidad de Wuppertal, cuando trataba de certificar el cambio de su sede, el director de la asociación "Iniciativa Islámica para la Investigación de sus Fuentes" recibió de la policía una carta en la que le instaban a dirigirse al registro para sociedades extranjeras. "No me habría imaginado como posible que en el año 2014 tengamos que lidiar con unos estereotipos tan excluyentes y con una legislación tan especial y casi racista", protestaba el director a la revista Migazin.

Durante los últimos años, el propio Primer Ministro turco ha intentado tutelar cómo deberían actuar los turcos en tierras alemanas. En 2008, en una visita a Colonia llegó a afirmar que "La asimilación es un crimen contra la humanidad". Más tarde, en 2011, en Düsseldorf, Erdogan volvió a ser protagonista al afirmar que los niños turcos en la escuela primero deberían aprender turco y después alemán. En cambio, en su última visita instó desde el escenario del Tempodrom a que sus compatriotas no sean un "obstáculo para la integración". Lo hizo ante un público de 5.000 personas, que acudieron de todas partes de Alemania para aclamarle. "¡Fíjate toda la gente que ha venido, y solo para poder verle!", exclamaba el cerrajero Suleyman en los alrededores del recinto. "Él ha convertido el país en una potencia económica. Ahora en Turquía hay trabajo, hay dinero, y las ayudas sociales llegan a todos".

La comunidad turca está tan enraizada en suelo germano que es posible reproducir allí sus diferencias internasPero, por supuesto, no todos piensan igual. De hecho, la comunidad turca está tan enraizada en suelo germano que es posible reproducir allí sus diferencias internas. El mismo día del discurso de Erdogan, se organizaron en Berlín diferentes concentraciones para pedir su dimisión.

Por un lado la comunidad aleví, una fe considerada como herejía por los teólogos musulmanes, se concentró ante la Puerta de Brandenburgo. También se le exigió a Erdogan una disculpa por "el genocidio de armenios y asirios hace 99 años por el Imperio Otomano". Y frente al edificio de la Cancillería, los kemalistas de la TGB, una asociación universitaria turca también presente en Alemania, pidieron la dimisión inmediata del primer ministro islamista. "Porque se ha demostrado que es completamente antidemocrático -explicaba el portavoz Barış Göktepe-. Con la encarcelación de periodistas e intelectuales, con la violencia mostrada ante los manifestantes del parque Gezi y con los escándalos de corrupción que están saliendo a la luz no hay nadie que pueda dudar de que es un antidemocrático".

Es evidente que después de casi media década de convivencia, gran parte de ese 3,7% que forma la comunidad turca en Alemania sigue alejada de la vida pública germana, organizándose en sus propios barrios y más atentos de lo que pasa en Ankara que en Berlín. Poco han cambiado las cosas desde que Merkel anunció hace ya tres años que el multiculturalismo había "fallado completamente".