Publicado: 12.11.2013 11:53 |Actualizado: 12.11.2013 11:53

La ayuda llega con cuentagotas a Filipinas

La Unión Europea y varios países han enviado material y equipos médicos a la isla de Leyte y otras zonas afectadas, aunque la asistencia está llegando de forma paulatina e insuficiente, dada la magnitud de la catástro

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Madres con bebés en brazos y niños harapientos forman parte de las decenas de miles de afectados por el tifón Haiyán que hoy suplican por alimentos y agua en las zonas devastadas en la región central de Filipinas. La Unión Europea y varios países han enviado ayuda y equipos médicos a la isla de Leyte y otras zonas afectadas, aunque la asistencia está llegando de forma paulatina e insuficiente, dada la magnitud de la catástrofe provocada por el tifón el pasado viernes.

Cuando dos aviones de las Fuerzas Armadas de Filipinas llegaron esta madrugada al aeropuerto de la devastada ciudad de Taclobán, la más afectada en Leyte, los soldados y policías se afanaban para evitar una avalancha de damnificados que pedían subir a los aparatos para ser evacuados.

Las madres elevaban a sus bebés en medio de la lluvia para conseguir entrar primero, aunque pocos pudieron embarcar en los aviones C-130s. "Les supliqué a los soldados. Me puse de rodillas y supliqué porque tengo diabetes", dijo Helen Cordial, una de las supervivientes del tifón, según el canal local de televisión GMA. "¿Quieren que muera en este aeropuerto? Tienen corazones de piedra", lamentó la filipina.

Residentes filipinos esperan para abordar un avión militar C-130 en el aeropuerto en la ciudad devastada de Tacloban. EFE/DENNIS M. SABANGAN

Taclobán, de la que sólo queda en pie menos de un 30% de los edificios, es un paraje desolador en el que, según las fotografías aéreas, presenta las huellas de las viviendas y la vegetación arrasada. La mayoría de los residentes tienen que dormir bajo la lluvia a la intemperie y hacer largas colas entre las inundaciones para obtener el arroz que reparten los soldados, al tiempo que se han repetido los saqueos de las tiendas que quedan en pie ante la desesperación y falta de comida.

El primer ministro, Benigno Aquino, declaró anoche el estado de calamidad nacional y envió a soldados para garantizar la seguridad, aunque las prioridades ahora son llevar alimentos y medicinas a las víctimas. Las cifras oficiales hablan de más de 1.700 muertos y casi 10 millones de afectados, mientras que las cifras extraoficiales y Naciones Unidas estiman que los fallecidos sobrepasan las 10.000 personas.

"Es abrumador. Necesitamos más medicinas. No podemos proveer más vacunas contra el tétanos porque se nos han agotado", dijo a los medios locales Antonio Tamayo, capitán de las Fuerzas Aéreas filipinas. Cortes, contusiones, gripe, el cólera y traumas psicológicos son algunos de los desafíos sanitarios que tienen que afrontar los servicios de emergencia, que empiezan a recibir la ayuda de la ONU y agencias internacionales de cooperación.

La comunidad internacional ha donado hasta el momento 54 millones de dólares (40,2 millones de euros) en ayuda, de los que 10 millones de euros (13,4 millones de dólares) corresponden a la Unión Europea. Varios buques militares de Estados Unidos y el Reino Unido tienen previsto arribar hoy a las costas filipinas con suministros y víveres.

Una lancha de la policía entre los escombros tras el paso del devastador tifón Haiyan por la ciudad de Tacloban. EFE/Francis R. Malasig

Médicos Sin Fronteras (MSF) indicó ayer que, pese a las dramáticas imágenes que llegan de las zonas afectadas, lo peor puede estar por venir, ya que hay cientos de pueblos que han quedado aislados en la isla de Leyte. "Ahora mismo estamos trabajando en un vacío informativo. Lo poco que vemos ya nos indica que la situación es terrible, pero lo que no vemos es lo más preocupante", indicó en un comunicado la doctora Natasha Reyes, coordinadora de MSF en Filipinas.

"La información que recibimos de Tacloban es que la ciudad entera, de 400.000 personas, ha sido devastada. Además, hay cientos de pueblos esparcidos a lo largo de miles de kilómetros por los que ha pasado el tifón y en los que las comunicaciones se han cortado", agregó Reyes. "Honestamente, nadie sabe cuál es la situación en estas zonas más remotas y rurales, y pasará un tiempo hasta que tengamos una visión general. Este tipo de desastres no tiene precedentes en Filipinas. Las consecuencias son parecidas a un gran terremoto seguido de enormes inundaciones", manifestó la coordinadora de MSF.