Publicado: 15.03.2014 23:05 |Actualizado: 15.03.2014 23:05

Crimea cuenta las horas para consolidar su regreso a Rusia

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Crimea cuenta las horas para formalizar su escisión de Ucrania y su regreso a la órbita rusa tras el referéndum de este domingo, cuyos resultados no reconocerá la comunidad internacional. Las autoridades de la república autónoma culminaron el sábado los preparativos para la consulta pese a la amenaza de sanciones y a la condena de los gobiernos occidentales.

"El destino y el futuro de Crimea están estrechamente vinculados con Rusia. Tenemos raíces históricas y espirituales comunes", reza el folleto que el Parlamento de Crimea ha remitido a todos los habitantes de la península. La votación ha desencadenado la peor crisis entre Oriente y Occidente desde la Guerra Fría y ha elevado la tensión no sólo en Crimea, sino también en el este de Ucrania, de mayoría rusohablante, donde dos personas murieron el viernes por la noche en los enfrentamientos entre prorrusos y partidarios del Gobierno instaurado en Kiev.

 "Saben tan bien como nosotros quién está organizando las protestas en el este de Ucrania. Son los agentes del Kremlin que los organizan y financian, y que están provocando que la gente sea asesinada", criticó el presidente interino de Ucrania, Oleksander Turchinov, a miembros del partido del depuesto Viktor Yanukóvich. "La situación es muy peligrosa. No estoy exagerando. Hay un peligro real de amenazas de invasión a territorio ucraniano", agregó.

Desde Moscú, el Ministerio de Asuntos Exteriores culpó, a su vez, de los incidentes a "combatientes del Sector de Derechas", un grupo de extrema derecha ucraniano. La Cancillería denunció que en los enfrentamientos en la ciudad de Jarkov, "este grupo organizó una provocación dirigida a manifestantes pacíficos, que habían salido a expresar su relación hacia el llamado nuevo poder", en alusión a las nuevas autoridades de Kiev. "Estos combatientes abrieron fuego, y como resultado murieron dos personas y hay varios heridos", añadió. 

En tanto, el portavoz del presidente ruso, Vladimir Putin, señaló que estaba seguro de que no habría una nueva "Guerra Fría" en relación a la situación en Ucrania. "Con toda nuestra alma, esperamos que tanto nosotros como nuestros socios tengamos la suficiente sabiduría política, realismo político, para evitar caer en una confrontación aún más profunda", dijo Dmitry Peskov, que defendió además que Rusia y Occidente eran codependientes económicamente.

Las autoridades de la república autónoma ucraniana no ocultan que la segunda pregunta de la consulta, una amplia autonomía en el seno de Ucrania, está descartada de antemano. En las calles de Simferópol, la capital crimea, no se ve ni un solo cartel a favor de la integridad territorial con Kiev, mientras en la ciudad portuaria de Sebastopol la península aparece dibujada con una esvástica nazi.

Todo está listo para una consulta en la que están llamados a votar 1,5 millones de crimeos, además de los más de 300.000 habitantes de Sebastopol, que ejercerán su derecho al voto con la presencia de una misión de observadores internacionales. El primer ministro crimeo, Sergei Aksyonov, dijo que había suficiente personal de seguridad para que el referéndum fuera seguro. "Creo que tengo suficiente gente, más de 10.000 en fuerzas de defensa, más de 5.000 en diferentes unidades del Ministerio del Interior y en los servicios de seguridad de la República de Crimea", explicó.

Aksyonov y Moscú no reconocen oficialmente que las tropas rusas han tomado el control de Crimea y aseguran que los miles de hombres armados no identificados visibles por toda la región pertenecen a grupos de "autodefensa" creados para asegurar la estabilidad. Moscú alquila el puerto crimeo de Sebastopol a Kiev para mantener a su Flota del Mar Negro. En virtud del acuerdo, puede tener hasta 25.000 tropas, pero sus movimientos en tierra están restringidos.

Los rusos de Crimea, que representan un 60% de la población, afirman que con el plebiscito quieren poner fin a la injusticia histórica que supuso la entrega de la península a Ucrania en 1954 por parte de Nikita Jruschov. No obstante, la mayoría reconoce que su motivación para apoyar la reunificación con Rusia es mucho más prosaica: en Rusia los salarios y las pensiones son mucho mayores que en Ucrania, que está al borde de la bancarrota, y la gasolina cuesta la mitad.

El Parlamento ucraniano repartió otro folleto entre sus conciudadanos en los que expone diez razones para integrarse en la Federación Rusa. Entre otros motivos, además de sueldos y pensiones, expone que la unión con Rusia atraerá a millones de turistas a esta península bañada por el mar Negro, eliminará los aranceles a los productos crimeos y rebajará los impuestos. Esto no convence a la minoría ucraniana, un 25% de la población, algunos de cuales ya han hecho las maletas para abandonar su patria chica una vez se consume la secesión.

Mientras tanto, los tártaros, los antiguos pobladores del territorio y que ahora no suponen más que un 12%, no tienen intención de acudir a las urnas, ya que sus líderes les han instado a boicotear la consulta. "Nosotros no somos unos traidores, como los soviéticos que nos acusaron de colaborar con los nazis y nos deportaron a Asia Central. No traicionaremos a Ucrania y no abandonaremos Crimea", asegura Arzam, vigilante de un museo de la localidad de Bajchisarái.

Sea como sea, el resultado del referéndum parece más que claro. El Parlamento crimeo, disuelto por la Rada Suprema (Legislativo) de Kiev, ya aprobó una Declaración de Independencia. Aunque sea por un breve plazo de tiempo, nada más se confirme la victoria de la opción rusa en el plebiscito del domingo, Crimea se considerará una república independiente, democrática, secular y multiétnica de pleno derecho. Para justificar su decisión, el documento alude al precedente de Kosovo, que proclamó su independencia de Serbia en febrero de 2008 a pesar de las protestas de Belgrado, paso que ha sido reconocido ya por más de un centenar de países. Seguidamente, las autoridades de la nueva república se dirigirán a la Duma, al Senado y a Putin para que acepten en el seno de su Federación a Crimea, donde los rusos son mayoría desde mediados del siglo XIX.