Público
Público

Cuba: las reformas se congelan

La política de Raúl Castro de avanzar en las reformas “sin prisa pero sin pausa” podría haber dado ya todo lo que podía dar de sí. Los pasos siguientes provocarán un efecto dominó: cualquier ficha que se toque obligará a cambiar muchas más.

Publicidad
Media: 3.43
Votos: 7
Comentarios:

Soldados de la armada cubana sujetan banderas del país caribeño durante el el 60 aniversario de la muerte del líder revolucionario José Antonio Echeverria.REUTERS/Alexandre Meneghini

Si el 2015 fue el año del “deshielo” entre Cuba y los EEUU, el 2017 podría considerarse como el de la “congelación” de las reformas iniciadas en 2008. Las PYMES, las cooperativas, el trabajo autónomo, la unificación monetaria, la inversión extranjera, los cambios previstos en la constitución, la ley de prensa, la de cine, la que reconoce los derechos de la comunidad LGBTI, todo parece haber sido
puesto en modo hibernación.

La política del Presidente Raúl Castro de avanzar las reformas “sin prisa pero sin pausa” podría haber dado ya todo lo que podía dar. Los pasos siguientes provocarán un “efecto dominó”, cualquier ficha que se toque obligará a cambiar muchas más. Por ejemplo, la dualidad monetaria y la apertura de formas de trabajo privadas están íntimamente ligadas, si se quiere evitar una catástrofe social.

El economista Juan Triana, del Centro de Estudios de la Economía Cubana, asegura que la unificación de la tasa monetaria podría provocar el cierre de más del 60% de las empresas estatales, las cuales se benefician de un cambio artificial. Cuando estas empresas necesitan importar el Estado les reconoce la paridad entre el peso cubano y el dólar, mientras el cambio real es de 24 a 1. Si la moneda y las tasas de cambio se unificaran esas empresas serían incapaces de comprar los insumos necesarios para seguir produciendo.

El mismo Triana asegura que la unificación de tasas cambiarias y la quiebra masiva de empresas estatales terminarían destruyendo alrededor de 2 millones de puestos de trabajo. Para poder reinsertarse, esos futuros desocupados necesitarán de un mercado laboral más flexible que el actual. Hoy el trabajo autónomo está limitado a 200 oficios, algunos tan raros como el “Servicio de coche de uso infantil tirado por animales”, el “Desmochador de palmas”, el “Forrador de botones”, el “Limpiador y comprobador de bujías” o el “Pelador de frutas naturales”, actividades que no ofrecen grandes posibilidades de absorber mucha mano de obra.

Niños jugando al fútbol en los alrededores del Capitol en la Habana, Cuba. REUTERS/Stringer

El economista cubano Omar Everleny Pérez considera que el Estado debería hacer una lista de los oficios prohibidos y permitir ejercer a todos los demás. Incluso es destacable que, habiendo graduado las universidades 1,2 millones de personas, estos no puedan trabajar de forma autónoma en temas ligados a su profesión. Esa prohibición genera que arquitectos, ingenieros, dentistas, etc. trabajen clandestinamente para completar los magros salarios que paga el Estado.

Para unificar la moneda y cerrar las empresas improductivas, el gobierno necesita de formas empresariales privadas, nacionales o foráneas, capaces de absorber a los desocupados. Sin embargo, las inversiones extranjeras se aprueban a cuentagotas, no se autorizan nuevas cooperativas y ni siquiera existen mecanismos para abrir una PYME. Todo esto ocurre a pesar de que hace un año el Presidente Raúl Castro aseguró, en el Congreso del Partido Comunista, que “La empresa privada actuará en límites bien definidos y constituirá un elemento
complementario del desarrollo del país”.

Varios factores podrían estar pesando en la parálisis reformista, uno muy importante tiene que ver con las inciertas relaciones internacionales de la isla. El abastecimiento de petróleo venezolano se sigue reduciendo y provoca serias dificultades en el aparato productivo y de servicios de Cuba. La mitad del crudo que consumía el país, unos 100 mil barriles diarios, llegaba desde Venezuela a cambio del trabajo de los médicos cubanos en ese país. Los envíos petroleros redujeron en un 50% y ya se sienten sus efectos, el 1 de abril se dejó de vender gasolina Premium y, por temor a la escasez, han aumentado las colas de vehículos para comprar el combustible de menor octanaje.

El presidente de Cuba, Raul Castro durante la apertura de la Asociación de los Estados del Caribe en La Havana. REUTERS/Stringer.

Tampoco es sencillo para La Habana planificar el futuro sin conocer cuál será la estrategia de la administración de Donald Trump respecto a Cuba. Lo único concreto que ha dicho La Casa Blanca es que toda la política de acercamiento de Barack Obama está siendo revisada, en busca lograr un mejor acuerdo. Durante los últimos 60 años, el vecino del norte ha determinado muchos de los movimientos de la Revolución Cubana, cuya principal divisa fue sobrevivir a todos los intentos de Washington por aniquilarla, organizando una invasión, financiando opositores, ejecutando atentados y, sobre todo, cercándola económica y financieramente.

En lo interno se prepara el traspaso del poder de la generación histórica a la que hoy ronda los 60 años de edad. El Presidente Raúl Castro prometió dejar el cargo a inicios de 2018 y el candidato del PCC, Miguel Díaz Canel, fue ascendido a Vicepresidente Primero del gobierno. Aunque debe ser elegido por el parlamento, su nombramiento es casi seguro dado que el 90% de los 600 diputados son comunistas.

Asegurar la gobernabilidad tras la salida de los históricos puede ser importante pero si las reformas no dan pasos determinantes en los próximos meses, la tarea que dejarán a Díaz Canel y su equipo será en extremo compleja. Los cambios económicos que el gobierno planea tendrán, para bien y para mal, mucha repercusión social y en la población persisten diferentes puntos de vista sobre algunos de ellos.