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Una decena de países acumulan más de 10.000 cabezas nucleares devastadoras

Poderes nucleares, antiguos estados con capacidad atómica y naciones con potencial para desarrollar ojivas en un plazo mínimo de tiempo.

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Una de las pruebas nucleares ejecutadas por el ejército de los EEUU en en la base aérea de Vandenberg de California./REUTERS

La bomba atómica ha sido, es y será el objetivo de no pocos países en el planeta. Declarado u oculto. Según los casos, y la oportunidad del momento histórico y el escenario geoestratégico en el que estén sumidos. De manera oficial, hay cinco potencias declaradas –EEUU, Rusia, China, Francia y Reino Unido-, el repóquer de naciones con estatus permanente en el seno del Consejo de Seguridad de la ONU y, en consecuencia, poder de veto sobre sus deliberaciones.

Pero hay también, al menos, otras tres naciones con arsenales nucleares reconocidos: Pakistán, India y, desde hace un par de años, Corea del Norte. Aunque no son los únicos. Porque, al menos, otros dos Estados, Israel y, con menor contundencia, Irán, están entre los Ejércitos que poseen el arma de destrucción masiva para la inmensa mayoría de cancillerías internacionales.

En todo análisis que se precie, tampoco puede obviarse a los países con la suficiente capacidad tecnológica como para desarrollar ojivas a corto plazo. Ni las que fueron catalogadas, en un pasado reciente, como tales, que renunciaron a albergar armas atómicas y, por tanto, a utilizarlas, pero que se reservan la opción de reintegrarse al selecto club de las potencias nucleares en cualquier momento, si su seguridad nacional se viera amenazada.

La suma de todos estos grupos conforma el mapamundi de los arsenales atómicos. Sin embargo, ¿con qué fuerza cuentan? Y, sobre todo, ¿cuáles son, en su totalidad, los países a los que habría que colgar el cartel de potencia nuclear?

Las actuales potencias nucleares

En total, los principales think tanks de seguridad convienen en señalar nueve Estados con estatus de potencia atómica. Quizás el más emblemático y prestigioso de todos ellos sea el Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI).

En sus diagnósticos anuales incorpora al grupo de potencias nucleares a nueve países -las cinco históricas más India, Pakistán, Corea del Norte e Israel- que, en su conjunto, y según su última radiografía, tenían al inicio de 2017, exactamente, 14.935 armas con etiqueta atómica. Aunque este número se reduce a 4.150 si se contabilizan sólo las que están desplegadas; es decir, las ojivas que están ensambladas a algún sistema de propulsión (bombas, misiles o torpedos), que les mantiene listas para su inmediato lanzamiento.

A diferencia de las cabezas nucleares en reserva, que requieren de este paso para que puedan ser operativas. Existe otro segundo factor de análisis tiene que ver con la capacidad y modalidad de propulsión. Se denomina, en jerga militar, la triada.

Esencialmente, son los misiles de tierra -generalmente, balísticos, aunque también de crucero-; los de aire -lanzados desde aviones reactores que dejan caer bombas con ojivas o disparan misiles de crucero, y los impulsados desde las profundidades marinas por submarinos, conocidos como SLBM. Y, en este sentido, según George Friedman, de Geopolitical Futures, “se sabe que sólo EEUU y Rusia están en posesión de combinar esta triada, mientras que, de China e India, se sospecha, aunque sin certificar, que pueden tener capacidad para poner en marcha las tres modalidades de forma coordinada”.

EEUU llegó a tener 31.255 armas atómicas en 1967, mientras que la extinta URSS batió todos los récords en 1986, cuando acumuló hasta 40.159 cabezas atómicas.

Y, finalmente, otro registro de datos de sumo interés. El archivo histórico. Esencial a la hora de interpretar la hegemonía real de los arsenales nucleares. Estos inventarios dicen que EEUU llegó a tener 31.255 armas atómicas en su ejercicio de máximo esplendor nuclear, en 1967, mientras que la extinta Unión Soviética batió todos los récords en 1986, cuando acumuló hasta 40.159 cabezas atómicas.

EEUU

En 2017, según SIPRI, tenía 4.480 ojivas. Medio millar menos que en el año precedente. Fruto de la política de reducción de arsenales que impulsó Barack Obama. Pero esta reducción toca a su fin. Porque la Administración Trump ha impulsado un proyecto de modernización del Ejército más poderoso de la tierra que, en diez años, entre 2017 y 2026, pondrá más de 400.000 millones de dólares sobre la mesa de operaciones del Pentágono. Sólo para rehabilitar o, en su mayor parte, para construir nuevas infraestructuras relacionadas con los sistemas de ataque, o defensivos, de índole nuclear. Entre ellos, nuevos escudos antimisiles, ante la amenaza de que bombas atómicas norcoreanas lleguen a suelo estadounidense.

Rusia

Unas 4.500 cabezas nucleares desplegadas y en reserva. Después de retirar unas 2.700 ojivas en los últimos años. El Kremlin inicio hace un lustro los programas de actualización de sus sistemas nucleares. En especial, de su vetusta flota de submarinos nucleares, heredados de la URSS. Sus sucesores transportan torpedos con hasta 6 cabezas nucleares. El 60% de sus armas son misiles balísticos intercontinentales.

Francia

El tamaño de su arsenal, de unas 300 cabezas nucleares, se ha mantenido estable en los últimos años. Aunque la práctica totalidad de su inventario está instalado en proyectiles. Su plan de modernización se ha enfocado en sus submarinos y en sus bombarderos y su objetivo fundamental es garantizar la efectividad de sus armas atómicas hasta 2030.

Reino Unido

Con 215 cabezas nucleares operativas tiene en vigor un programa de inversiones de 45.200 millones de dólares. También tiene 2030 como fecha tope de caducidad de su actual arsenal operativo.

China

Reconoce unas 270 ojivas nucleares. Número que está en constante crecimiento desde hace años. Sus partidas presupuestarias se han enfocado, principalmente, hacia la renovación de su armamento atómico submarino. En especial, por sus intereses en las islas del Mar de China que se disputa con Taiwán.

Pakistán

Se le atribuyen 140 cabezas atómicas. El propósito esencial de su programa nuclear de Islamabad es crear un sistema de disuasión global de su territorio. Con todas las modalidades de lanzamiento y capacidad tecnológica de su capacidad nuclear. No en vano, sigue en guerra declarada con su archienemigo histórico, India. Con Cachemira como territorio de reivindicación mutua.

India

Cuenta con 120 ojivas. La prioridad de las autoridades nacionalistas de Nueva Delhi es la de ganar distancia en sus misiles balísticos de corto y largo alcance. En concreto, un misil SLBM que podría superar los 3.500 kilómetros. Y la construcción de nuevos reactores navales. Así como asegurarse el abastecimiento externo de plutonio y uranio para elevar su actual capacidad de enriquecimiento.

Israel

Continúa con su política de opacidad. A pesar de que su programa nuclear, auspiciado la Casa Blanca casi desde la constitución del Estado hebreo, ya dispone de 80 cabezas nucleares. Unas 50 de ellas, instaladas en misiles de medio alcance, capaces de alcanzar a todos y cada uno de sus enemigos regionales. Tel Aviv ha negado constantemente que disponga de capacidad de armas nucleares. Pero pocos observadores geopolíticos dudan de que, por ejemplo, mantenga dos submarinos nucleares en el Estrecho de Ormuz apuntando con sus misiles atómicos hacia Teherán.

Corea del Norte

Se le otorgaban 20 ojivas a comienzos de año. Pero, a buen seguro, este arsenal ha sido engordado por parte del régimen de Kim Jong-un, que también ha demostrado su poder para insertar las cabezas nucleares en misiles de largo alcance que, con muy elevada posibilidad, podría alcanzar varios estados de EEUU.

Fotografía de archivo sin fechar proporcionada por la agencia estatal de noticias norcoreana KCNA, que muestra un misil balístico estratégico tierra a tierra Hwasong-10, también llamado Musudan. - EFE

Las antiguas potencias atómicas

Varias naciones tuvieron arsenales nucleares en el pasado. O programas atómicos que fueron suspendidos y, teóricamente, abandonados, por tres factores determinantes, según Geopolitical Futures. Por cambios en las circunstancias geopolíticas, o por presiones de una potencia nuclear de mayor dimensión y que les ofrecía garantías de escudos antimisiles, o por alguna intervención exterior que condujo a la destrucción de sus armas. En total, nueve países más.

Bielorrusia, Kazajistán y Ucrania.

Estas tres ex repúblicas soviéticas poseían arsenales atómicos en sus territorios cuando colapsó la URSS. En concreto, Bielorrusia tenía 81 cabezas nucleares y una amplia variedad de armas atómicas consideradas no estratégicas. Kazajistán, 1.410 misiles nucleares, en las tres modalidades de la triada. Y Ucrania, 1.900 cabezas nucleares y entre 2.650 y 4.200 armas nucleares no estratégicas, por lo que llegó a ser considerada, mediada la década de los noventa, como la tercera potencia atómica del mundo. Los tres países firmaron el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (NPT, según sus siglas en inglés) y devolvieron sus armas a Rusia en esas fechas para su definitiva destrucción.

Sudáfrica

Es el único país que ha desarrollado de forma independiente su programa nuclear. El Gobierno xenófobo del apartheid puso en marcha un plan armamentístico atómico entre los años sesenta y ochenta del siglo pasado que llegó a producir seis armas nucleares. En 1989, este programa fue interrumpido cuando el presidente F. W. Klerk inició el proceso político que acabó con el apartheid y entregó el poder al Congreso Nacional Africano de Nelson Mandela. Las armas fueron desmanteladas y Sudáfrica firmó en NPT en 1991.

Dos acontecimientos influyeron en la decisión de Pretoria. El acuerdo, en 1988, entre Angola, Cuba y EEUU para la retirada de 50.000 soldados cubanos de la ex colonia portuguesa durante la Guerra Fría, bajo el apoyo de la URSS. El temor a una invasión rusa siempre fue una de las múltiples escusas del Gobierno del apartheid utilizó para desarrollar su capacidad nuclear. Y las ventajas comerciales y geopolíticas de la rúbrica del NPT para un país llamado a ser la potencia regional, junto a Nigeria.

Argentina y Brasil

Ambos progresaron en secreto en sus respectivos programas nucleares. En los años sesenta y setenta. Durante sus dictaduras militares. Pero también vieron los beneficios de firmar el NPT y lo suscribieron.

Magreb, Irak, Siria y Libia

Todos ellos tuvieron en el pasado planes en activo de armamentos nucleares. El régimen de Sadam Hussein lo tenía en mente -y con varios frentes de desarrollo abiertos, en distintos grados de evolución- antes de la Guerra del Golfo de 2003; Libia, bajo Muamar El Gadafi, tal y como admitió voluntariamente en 2003, y Siria no llegó a dar pasos definitivos, a pesar de la cooperación de Corea del Norte, por presión de sus vecinos. Sobre todo, de Israel, que ordenó incursiones aéreas en 2007 que acabaron con la suspensión del programa nuclear de Damasco indefinidamente.

Corea del Sur y Taiwán

Ambos tuvieron programas nucleares secretos en los setenta, según varias de las inteligencias occidentales. Seúl lo abandonó en 1975, con la firma del NPT. Y Taiwán, en 1988, por presiones de EEUU.

Potencias en estado latente

De los 31 países con poder nuclear civil, cinco podrían adquirir el estatus de potencia nuclear para sus ejércitos en el próximo decenio.

Están en una especie de limbo. Pueden, pero no quieren tener arsenales nucleares. Al menos, en estos momentos del final de la siesta geoestratégica de distensión tras la Guerra Fría. Son los que no tienen en la actualidad armas atómicas, pero mantienen en activo programas llamados de pacificación nuclear que podrían conducirles en poco tiempo a producirlas. Para ello, poseen el conocimiento y las capacidades técnicas precisas, así como el acceso a materiales necesarios para desarrollar la carrera armamentística y un sector industrial lo suficientemente poderoso como para lograr este objetivo de inmediato. De los 31 países con poder nuclear civil (es decir, con plantas de esta energía en producción) cinco podrían adquirir el estatus de potencia nuclear para sus ejércitos en el próximo decenio.

Irán

Sus ambiciones nucleares han conducido a intensas negociaciones con Occidente. No todas productivas. En 2015, Teherán selló un acuerdo de acción conjunta para relajar las sanciones económicas y comerciales impuestas a instancias de EEUU.

Sin embargo, casi nadie duda de que Irán continúa desarrollando su programa nuclear en secreto. Desde luego, ni Israel ni Arabia Saudí, que parecen tejer una alianza contra-natura en la región con el propósito de aislar a Irán e impedir, por encima de todo, su conversión a potencia atómica.

Japón

Sus enormes inventarios de plutonio para uso civil y su capacidad para enriquecer uranio y plutonio desde sus centrales de energía nuclear dan unas estimaciones de seis meses para que Japón pueda erigirse en potencia atómica. Además, la alianza geoestratégica con EEUU, y que le obliga a renunciar a la carrera armamentística nuclear, podría modificarse en caso de que, por ejemplo, Corea del Norte se erija en enemigo común de Tokio y Washington. Pese a que este paso suponga una amenaza a la hegemonía china en Asia y desempolvar viejos fantasmas del pasado con sus vecinos de la costa oriental del continente.

Corea del Sur y Taiwán

Como Japón, también están en plena disposición de los conocimientos tecnológicos precisos. Y lo harán si entienden que sus defensas nacionales están amenazadas. En el caso de Seúl, por su vecino del norte. En el de la isla, por la reclamación histórica de Pekín. Las autoridades de ambas naciones están, además, preocupadas por la escalada de tensión de sus respectivos enemigos.

Alemania

Economía altamente industrializada y con reconocida e histórica habilidad para la energía nuclear. Socio de la OTAN, está dentro del ámbito de protección del escudo antimisiles de EEUU, Francia y Reino Unido. También ha suscrito los tratados internacionales contra la proliferación de las armas atómicas. Sin embargo, Berlín no está ni mucho menos convenida de las intenciones geopolíticas de Rusia con sus otrora, aliados del otro lado del Telón de Acero.

La escalada armamentística sube enteros

Sea como fuere, lo que ha propiciado ya crisis como la de Corea del Norte, ha sido un súbito parón en el mandato de reducción de los arsenales de armas al que obliga el Tratado New Start de 2010 a las potencias atómicas. Según el SIPRI, en 2017 se interrumpe la línea descendiente de reducción de los arsenales, iniciada a mediados de los ochenta del siglo pasado, cuando en todo el mundo había casi 70.000 cabezas atómicas. Fruto de los tres tratados de limitación de armas suscritos por EEUU y Rusia desde 1991.

Un misil Minuteman III./REUTERS

Sin embargo -constata este centro de investigación- “el ritmo de las reducciones de arsenales se ha frenado en comparación con la década precedente, y ni Rusia ni EEUU que, en conjunto, protagonizaron el 93% de estas eliminaciones, han manifestado deseo alguno de acelerar sus compromisos para conseguir las cuotas consignadas hasta 2020”. Ni de sellar “nuevos recortes de sus fuerzas atómicas estratégica”. Más bien al contrario.

Ambas potencias han intensificado los gastos y prolongado sus planes de modernización nuclear, bajo la justificación de que deben tener en perfecto estado de revista sus misiles, sus instalaciones y sus contratos de producción. Pero también China se ha embarcado en programas de actualización sine die, para mejorar la calidad, las prestaciones y el tamaño de sus arsenales. Como India y Pakistán, que engordan sus inventarios nucleares casi al unísono, como enemigos irreconciliables que son, en un intento de disuasión permanente; en este caso, a costa de misiles tierra-agua y de instalaciones defensivas antiaéreas. O Israel, que insiste en su política de no confirmar ni desmentir su condición de potencia atómica, pero que no ceja en su empeño de realizar ensayos de misiles balísticos de largo alcance. Y Corea del Norte, con evidencias cada vez más claras de su potencial destructivo.

Los expertos del SIPRI precisan que “ninguna de las potencias nucleares” tienen previstas nuevas reducciones en el futuro. Más bien al contrario, admiten desarrollar o tener previsto construir nuevos sistemas armamentísticos. Por ejemplo, EEUU, que ha aireado su propósito de dedicar, nada menos que 400.000 millones de dólares a la modernización de fuerzas nucleares, adquirir modelos de defensa antimisiles más actuales y mejorar las infraestructuras de sus arsenales, antes de 2026. En total, y a más largo plazo, hasta 2040, el cheque que auguran en este instituto de pensamiento es de un billón de dólares.

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