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Elecciones en Ecuador El ecuatoriano Lenín Moreno busca revertir las derrotas de la izquierda latinoamericana

"Mi estilo es distinto", afirma el que es la apuesta oficialista del partido de Rafael Correa, Alianza PAIS.

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Lenín Moreno. REUTERS/Mariana Bazo

Sentado en su silla de ruedas frente a la periodista Janeth Hinostroza el pasado mes de enero, en una de las pocas entrevistas televisivas que ha concedido en esta campaña electoral, el candidato Lenín Moreno insistió una vez más en su mantra: “Mi estilo es distinto”. La apuesta oficialista del partido de Rafael Correa, Alianza PAIS, muestra, efectivamente, un carácter diametralmente opuesto al de su beligerante antecesor, que, sin embargo, ha dominado de esta manera el panorama electoral ecuatoriano desde 2007. Carismático para sus seguidores, prepotente para sus detractores, Correa dice adiós a una década de liderazgo de la conocida como Revolución Ciudadana dejando un vacío indiscutible en un proyecto que se construyó en torno a su figura.

Las encuestas anuncian que Moreno logrará sin problemas ser el candidato más votado el domingo

Tras una primera etapa marcada por la aprobación de una nueva constitución y la implementación de medidas sociales que lograron sacar a más de un millón de personas de la pobreza extrema, el proyecto de Correa se vio frenado por la bajada de los precios del petróleo y las materias primas. Sin embargo, y a pesar de la crisis económica y a los escándalos de corrupción que han aparecido en los últimos meses, las bases de apoyo al proyecto correísta siguen relativamente firmes. Las encuestas anuncian que Moreno logrará sin problemas ser el candidato más votado el domingo, pero aún está por ver si logrará el 40 por ciento de los votos válidos, para evitar de esta forma una segunda vuelta electoral.

El candidato de Alianza PAIS, Lenín Moreno. REUTERS/Henry Romero

Enfrente, la oposición se presenta dividida, con el banquero Guillermo Lasso como principal candidato para lograr el pase a la segunda vuelta abanderando un proyecto neoliberal y anti-Correa que promete crear un millón de empleos en su primer año de gobierno. De lograr forzar la segunda vuelta, Ecuador se convertiría en un escenario central para una izquierda latinoamericana que ha sufrido dos importantes reveses el pasado año con la victoria de Mauricio Macri en Argentina, y la destitución de Dilma Rousseff en Brasil.

La cara amable del correísmo

“Una de las sellas de identidad de Lenín Moreno, utilizada durante toda la campaña, es esta idea de la capacidad de escucha, su disposición al dialogo, su carácter no beligerante, etc.”, explica el politólogo y profesor de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) Franklin Martínez.

Moreno, el hombre tranquilo que fue postrado en una silla de ruedas tras un asalto armado en 1998, ocupó la vicepresidencia desde el comienzo de la era Correa hasta 2013. Alcanzó altas cotas de popularidad dirigiendo la Misión Solidaria Manuela Espejo, un ambicioso programa de apoyo social a los discapacitados pobres de Ecuador que le valió la nominación al Nobel de la Paz en 2012.

Correa dice adiós a una década de liderazgo y deja un vacío indiscutible en un proyecto que se construyó en torno a su figura

Tras un periodo de tres años viviendo en Europa, Moreno fue designado por Alianza PAIS para tomar el testigo de Correa al frente del partido y de la Revolución Ciudadana. Sin embargo, el talante dialogante y conciliador de Moreno podría ser un arma de doble filo y, para algunos analistas como el propio Ramírez, hacerle perder apoyos en la base electoral tradicional del correísmo. “Es un estilo mucho más sobrio, cordial, sin mensajes ni posicionamientos muy fuertes en relación a cualquier cosa. Me parece que en forma y fondo eso lo diferencia largamente de Rafael Correa y puede generar cierto desconcierto y cierta duda sobre todo en los bastiones donde el estilo de Correa, que puede no gustar a muchos sectores de clase media alta, es bien valorado”.

Los sectores ubicados en torno a la ciudad costera de Guayaquil, la más poblada del país, podrían decidir la suerte de Moreno en la primera vuelta y ser el objetivo central de los candidatos en una hipotética segunda vuelta. “Creo que han pretendido presentar un firme débil, pero no es así”, opina por su parte Alfredo Serrano, director ejecutivo del think tank Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG). “A lo largo de toda su vida ha demostrado tener una capacidad de superación muy grande, en lo físico, personal y en lo político. Las bases electorales apoyan cien por cien a Lenín. Él es PAIS desde siempre y representa todo lo mejor del movimiento”, añade Serrano.

Más allá del estilo del propio Moreno, las acusaciones de corrupción que han surgido en los últimos tiempos y que han azotado a buena parte del continente con el escándalo de la constructora brasileña Odebrecht, son la otra gran piedra en el camino para el triunfo de Alianza PAIS este domingo. “Lenín es dialogante y honesto, pero además tiene el carácter suficiente para tomar las decisiones que sean necesarias para el país. Se ha mostrado firme contra la corrupción”, opina Serrano, una percepción que no comparten los opositores del candidato de Alianza PAÍS y en la que están centrando buena parte de su campaña.

Lenin Moreno, el candidato a la presidencia, en el cierre de campaña en Guayaquil, ciudad que podría ser clave en el resultado de las elecciones del domingo. REUTERS/Guillermo Granja

Para Ramírez, la corrupción no resultará en cualquier caso decisiva en las elecciones del domingo. “Evidentemente algún impacto va a tener, pero según los estudios de opinión no queda del todo claro que haya tenido el efecto de desestructurar tendencias previas”, explica el académico de la FLACSO. “Para los ecuatorianos el principal problema sigue siendo la cuestión del empleo y la economía”.

¿Fin de ciclo en América Latina?

Fuera del contexto puramente ecuatoriano, la cita electoral del domingo se presenta como un reto de gran importancia para los proyectos de izquierda parlamentaria del continente. “Este es un debate que viene sonando con fuerza en la región en círculos electorales, académicos, políticos. Suena mucho la tesis del fin de ciclo”, explica Ramírez. “A mí me parece que es un poco temprano para llegar a una conclusión, pero ciertamente si hay un punto de inflexión en la hegemonía de la izquierda en América del Sur”, añade el académico.

El director del CELAG, Serrano, tiene otro punto de vista más optimista con la izquierda latinoamericana. “La derecha solo ha ganado un cuatro por ciento de las elecciones presidenciales en los últimos 14 años en los países progresistas de la región”, explicó Serrano en una entrevista publicada en la web del CELAG, donde achacó la idea de un fin de ciclo a “un cierto grado de desesperación por parte de la derecha regional por querer llegar al poder por la vía electoral de manera muy apresurada”.

“La derecha solo ha ganado un 4% de las elecciones presidenciales en los últimos 14 años en los países progresistas"

Haya o no un verdadero fin de ciclo para los proyectos parlamentarios de izquierda que inauguró Hugo Chávez en Venezuela la pasada década, para Ramírez no se percibe un contraproyecto coherente por parte de la derecha continental. “Macri llegó con la promesa de atraer la inversión extranjera y esta no llega, Michel Temer tiene una popularidad más baja que la de cualquier otro presidente.

Es decir, tampoco es que las fuerzas que podrían convalidar la tesis de un fin de ciclo logren establecer una agenda con una cierta hegemonía”, opina Ramírez y añade, volviendo al contexto ecuatoriano: “De alguna forma esto también está en juego este domingo en Ecuador. Las fuerzas de oposición se presentan básicamente como antitéticas a Correa y no forjan en los electores alguna promesa que vaya más allá de aquello”.