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Francia Policía y jóvenes de la 'banlieue': la fractura francesa se acentúa

Tras la paliza y la presunta violación anal sufrida por Théo, los habitantes de la periferia de París se muestran indignados ante los comportamientos abusivos de las fuerzas del orden.

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Gendarmes franceses toman posiciones ante una protesta contra la violencia policial. - AFP

El ruido de un helicóptero de la policía vulnera la tranquilidad que reina esta tarde del viernes en las calles del barrio de la Rose-des-Vents en Aulnay-sous-Bois. A pesar de la calma aparente, en esta ciudad del extrarradio de París, situada a 24 kilómetros al nordeste de la capital francesa, la indignación por el affaire Théo aún sigue presente. Este joven negro de 22 años recibió el pasado 2 de febrero una fuerte paliza y una supuesta violación anal en manos de cuatro agentes de policía. Una brutal agresión que ha exacerbado la desconfianza y el rechazo que los habitantes de la banlieue parisina, sobre todo los más jóvenes, sienten respecto a las fuerzas del orden.

Tras la agresión policial, el deseo de justicia se ha traducido en noches de altercados y enfrentamientos

“Se trata de un hecho inhumano e inaceptable”, asegura Marouan Khattali, 22 años. Este chico desempleado discute con un grupo de amigos en medio de la calle, como suelen hacerlo numerosos jóvenes en este humilde distrito en el norte de Aulnay, donde algunas casas con jardín se alternan con hileras de bloques de viviendas de alquiler social. Todos sus compañeros aseveran cuando Khattali se lamenta que: “La Policía hace su propia ley en este barrio. Lo único que queremos es que los cuatro agentes que agredieron a Théo sean juzgados”.

Tras la agresión policial del 2 de febrero, este deseo de justicia se ha traducido en noches de altercados y enfrentamientos entre los jóvenes de la banlieue y las fuerzas del orden. En la madrugada del lunes al martes en Aulnay, los agentes llegaron a disparar tres tiros al aire con una pistola, sin provocar ningún herido. Lo hicieron para calmar una tensa confrontación en la que no sólo se intercambiaron cócteles molotov y pelotas de goma, sino que tres vehículos fueron quemados. Unos incidentes que recuerdan la revuelta que se produjo en 2005 en las ciudades de la periferia de París. Entonces, la chispa que prendió el fuego de las protestas fue la muerte de los adolescentes Zyed Benna y Bouna Traoré, que fallecieron electrocutados en una torre de tensión mientras huían de la policía.

Los policías de la agresión, en libertad provisional

Desde su cama en el hospital, Théo intentó el martes calmar los ánimos de sus vecinos: “La violencia no es la forma de apoyarme, la justicia hará su trabajo”. Sin embargo, este mensaje de paz ha tenido un efecto mitigado. La situación parece haberse calmado en Aulnay, pero las confrontaciones se han desplazado a otras localidades vecinas del departamento (provincia) de Seine-Saint-Denis. El miércoles diecisiete jóvenes, acusados de haber participado en los altercados, comparecieron ante el tribunal de justicia de Bobigny y dos de ellos fueron condenados a seis meses de prisión.

“Resulta inadmisible que los agentes estén en libertad y en cambio algunos jóvenes del barrio han sido encarcelados”

Mientras tanto, los cuatro policías implicados en la agresión a Théo se encuentran suspendidos de sus funciones y en libertad provisional con cargos. Según la investigación policial, la presunta violación anal fue sólo un accidente. Una explicación poco creíble debido a la herida de diez centímetros en el recto que sufrió la víctima.

“Me pregunto cómo se puede introducir una porra en el ano por accidente”, explica Khattali, mostrando el doble pantalón de chándal que lleva. “Resulta inadmisible que los cuatro agentes estén en libertad y en cambio algunos jóvenes del barrio ya han sido encarcelados”, afirma Jean-Claude Doudy, responsable de la asociación local VNR, dedicada a la cultura hip-hop. Recuerda que la paliza a Théo no se trata de un hecho aislado: “el mismo grupo de policías había golpeado con dureza a otro chico la semana anterior”.

Un coche quemado en Bobigny, distro del noreste de París. - AFP

Pese a la ausencia de datos fiables sobre las violencias policiales, el affaire Théo ha desatado una nueva polémica sobre los métodos empleados por las fuerzas del orden. Este incidente se produce unos meses después de la polémica muerte de Adama Traoré, un joven negro de 24 años que murió por asfixia durante una intervención policial a finales de julio, y de los numerosos incidentes ocurridos durante las manifestaciones en contra de la reforma laboral en la pasada primavera.

Según un informe de la ONG Acat, contraria a la pena de muerte y la tortura, ocho personas han muerto en Francia desde 2005 víctimas de los agresivos métodos de detención de la Policía y ha habido 39 heridos graves y un fallecido por los disparos de pelotas de goma.

Controles de identidad: una práctica constante y abusiva

En el caso de Théo, su detención violenta se produjo a raíz de un registro policial ordinario a varios jóvenes del barrio de la Rose-des-Vents. Según uno de los amigos de Khattali, que asegura haber sido testigo de este suceso, uno de los agentes abofeteó a unos de los adolescentes controlados. Entonces, Théo se interpuso y acabó detenido, después de haber recibido una brutal paliza. Los controles de identidad son, de hecho, el origen de numerosos incidentes entre la policía y los jóvenes de la banlieue. “Nos hacemos controlar a menudo”, lamenta Khattali, quien afirma que estos suelen insultarlos, tratándoles de “sucio árabe” o diciéndoles “volved a vuestro país”.

“Hay numerosos estudios que demuestran que los jóvenes con una apariencia negra o magrebí están discriminados"

“Hay numerosos estudios que demuestran que los jóvenes con una apariencia negra o magrebí están discriminados y sufren un número excesivo de controles de identidad”, explica Jacques de Maillard, profesor en ciencias políticas de la Universidad de Versalles y experto en el derecho de las instituciones penales. El 80% de los jóvenes percibidos como negros o árabes declara haber sido controlado al menos una vez durante los últimos cinco años, mientras que sólo reconoce haberlo sido el 16% del resto de la población, según un estudio realizado el año pasado por el Defensor de los derechos. Además de resultar ineficaces, según numerosos expertos, estos controles faciales son considerados como una “falta grave” por la Corte de casación francesa (el equivalente del Tribunal Supremo).

“Existe en Francia una política policial de la desconfianza. Los agentes patrullan por los barrios por imponer su autoridad y hacer reinar el orden”, critica Jean-François Mignard, el secretario general de la Liga de los derechos del Hombre. Sin embargo, el uso recurrente de los controles de identidad suele tener un efecto contraproducente. “Cuando uno ha sido controlado en numerosas ocasiones por el simple hecho de ser de origen magrebí, termina considerando a la Policía como su enemigo”, afirma Mignard. “Los agentes son poco conscientes de los efectos negativos de los controles faciales”, critica De Maillard.

“Los agentes patrullan por los barrios por imponer su autoridad y hacer reinar el orden”

Para este politólogo experto en cuestiones policiales, la ausencia de cuerpos de proximidad, eliminados a principios de los años 2000, es otra de las razones de la fractura entre las fuerzas del orden y los habitantes de la banlieue. Además, el reclutamiento a nivel estatal de todos los miembros de la policía hace que “sean los agentes más jóvenes y con menos experiencia los que tienen que trabajar en los barrios más complicados”. Esta inexperiencia se une, según De Maillard, al hecho de que los agentes están poco formados para saber relacionarse e interactuar con la población.

“Al mismo tiempo que los jóvenes tienen la sensación de que los policías actúan de forma cada vez más violenta, los agentes piensan que la población les respeta cada vez menos”, explica De Maillard. El departamento de Seine-Saint-Denis es, de hecho, una de las regiones de Francia con unos índices de criminalidad más elevados. Esta violencia suele estar vinculada con la venta ilegal de estupefacientes y, en particular, de marihuana. Una práctica habitual en barrios como la Rose-des-Vents. “Quince minutos antes de esta entrevista, estaba vendiendo haixix”, reconoce uno de los amigos de Khattali.

Imagen de una mujer con una pancarta en solidaridad con Théo durante una concentración en París en contra de los abusos policiales. - ENRIC BONET

La Policía, estresada por el estado de emergencia

“Hay numerosos habitantes de los barrios populares que reivindican una mayor presencia policial”, reconoce De Maillard. Tras la ola de atentados terroristas que ha acechado Francia durante estos últimos años, la seguridad se ha convertido en una cuestión central. Más de ocho de cada diez franceses aseguran tener una opinión favorable de la policía. Incluso la líder ultranacionalista Marine Le Pen se ha negado a condenar la paliza y la presunta violación sufrida por Théo, a diferencia de los otros candidatos a las elecciones presidenciales que sí han criticado este comportamiento abusivo.

"Nos dirigimos poco a poco a una situación de militarización de las fuerzas del orden"

No obstante, el establecimiento del estado de emergencia, en vigor desde noviembre de 2015, y la deriva securitaria del actual gobierno socialista “han provocado una sobreutilización y una situación de estrés de las fuerzas del orden”, explica Mignard. A principios de octubre, cuatro agentes fueron atacados con cócteles molotov por una quincena de jóvenes en el extrarradio sur de la región parisina. Uno de los agentes resultó gravemente herido por las quemaduras. Este incidente desató una serie de movilizaciones de los miembros de la Policía. Exigían un incremento de sus medios para llevar a cabo su trabajo.

Como respuesta, en parte, a esta movilización, la Asamblea Nacional aprobó este miércoles un proyecto de ley que incrementa las prerrogativas en que los agentes pueden utilizar las armas de fuego. “Esta medida tiene un valor simbólico negativo, ya que asemeja los poderes de la policía a los que dispone la policía militar (gendarmes)”. Aunque los niveles de los abusos policiales en Francia resultan muy inferiores a los de los Estados Unidos, donde el año pasado fallecieron en torno a unas 1.000 personas víctimas de la violencia policial, “nos dirigimos poco a poco a una situación de militarización de las fuerzas del orden como en Norteamérica”, advierte Mignard.