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Muere a los 87 años Helmut Kohl, el impulsor de la reunificación de Alemania

El excanciller, que gobernó Alemania desde 1982 a 1998, ha fallecido en su casa de Ludwigshafen, en suroeste del país.

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Helmut Kohl el día que presentó sus memorias. | REUTERS

El excanciller alemán Helmut Kohl, que gobernó Alemania desde 1982 a 1998, ha muerto a los 87 años en la localidad de Ludwigshafen (suroeste de Alemania). Kohl está considerado como el padre de la reunificación de Alemania en octubre de 1990, menos de un años después de la caída del Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989.

Patriarca de la Unión Cristianodemócrata (CDU) que dirige Angela Merkel, Kohl murió en su casa de Ludwigshafen, el lugar donde vivía apartado de la vida pública junto a su esposa, Maike Richter, 34 años más joven y con quien compartió la última etapa de su vida.

"Estamos de luto. Descanse en paz", escribió en su cuenta de Twitter su partido, la Unión Cristianodemócrata (CDU), la misma que la actual canciller, Angela Merkel. 

Kohl fue el canciller que más años ha gobernado en la república federal —cuatro legislaturas— y el artífice de la reunificación alemana, tras la caída del muro de Berlín en 1989.

La Unión Socialcristiana (CSU), el partido bávaro hermano de la CDU de Angela Merkel, indicó también en Twitter: "Estamos de luto por el excanciller Helmut Kohl. Kohl era un gran estadista, sus logros para nuestro país son incalculables".

El excanciller se encontraba desde 2008 apartado de la actividad pública y postrado en una silla de ruedas, tras caerse por unas escalera y sufrir un traumatismo craneoencefálico.

Kohl saltó a la política nacional en 1976, cuando se convirtió en jefe de la oposición y accedió a la Cancillería en 1982, tras ganar una moción de censura contra el entonces jefe del Ejecutivo alemán, el socialdemócrata Helmut Schmidt.

Un año después, fue ratificado por las urnas en el puesto de canciller y se mantuvo en el cargo hasta 1998, cuando fue derrotado por el socialdemócrata Gerhard Schröder, que se alió con Los Verdes por primera vez para recuperar el Gobierno de Alemania.

La unidad de Alemania y de Europa

Aunque hace 19 años que pasó a la retaguardia, desde su retiro siguió levantando la voz, mientras su estado de salud se lo permitió, cada vez que sintió peligrar sus grandes proyectos: la unidad alemana y la europea, sus dos grandes legados como político

Récord de permanencia en el poder en Alemania (dieciséis años como canciller) y también al frente de la CDU (un cuarto de siglo), Kohl fue un político al viejo estilo, acostumbrado a imponerse con un puñetazo en la mesa, fácil de emocionarse hasta el llanto al primer elogio y con algunos claroscuros en el final de su carrera.

Para la historia pasará como el artífice de la reunificación alemana, mientras que para algunos de sus compatriotas fue Die Birnela pera o la bombilla—, apodo que se le dispensó tanto por su cabezonería como por la forma de su cuerpo, con sus 1,93 metros de altura y unos aproximadamente 130 kilos de peso.

Nacido en Ludwigshafen (Renania-Palatinado) el 3 de abril de 1930, fue hombre de pensamiento algo monolítico, que de entrada tuvo que luchar contra la etiqueta de político de provincias.

Ingresó en la CDU en 1947 y ese fue su único partido hasta su muerte. En 1958 se doctoró en Ciencias Políticas, Derecho e Historia, época en la que asumió la dirección las juventudes de la CDU para asumir luego el liderazgo del partido en Renania-Palatinado.

En 1976 se convirtió en diputado del Bundestag y luego en jefe del grupo parlamentario conservador, hasta que en 1982 saltó a la Cancillería aprovechando una crisis del gobierno del canciller socialdemócrata Helmut Schmidt.

Cuatro ministros liberales, socios en el Gobierno, rompieron la disciplina para sumarse a la moción de censura planteada por los conservadores y Kohl logró la Cancillería.

Schmidt, el otro Helmut, le estrechó la mano en la sesión parlamentaria que le derribó, pero nunca más le habló.

Un año después se vio envuelto en el escándalo Flick, en el que se le acusaba de haber recibido ilegalmente fondos de la empresa de este nombre, asunto turbio que nunca le abandonó completamente.

En 1989, con la revolución pacífica de la ciudadanía tras el Telón de Acero, llegó su momento histórico.  Asumió como propio el Wir sind das Volk o Nosotros somos el pueblo con que los ciudadanos de la República Democrática Alemana (RDA) exigían democracia al resquebrajado régimen germano-oriental.

El 9 de noviembre de 1989 cayó el Muro de Berlín e inmediatamente después lanzó un Plan de 10 puntos para lograr la unidad alemana, lo que implicó convencer a las potencias aliadas que derrotaron a Hitler de que una nueva Alemania fuerte no era una amenaza.

El 3 de octubre de 1990 se firmó el Tratado de Unidad, por el que el territorio de la RDA quedó absorbido por la RFA.

Unos meses después, fue reelegido en las generales y se convirtió en el primer canciller de la Alemania unificada.

A partir de ahí, desplazó su interés hacia lo que fue su otro proyecto: la moneda única y la ampliación de la UE.

No llegó a liderar ni lo uno ni lo otro, puesto que en septiembre de 1998 su era tocó a su fin, con la victoria de Schröder y la formación de la primera coalición socialdemócrata-verde.

Un año después estalló el escándalo de los donativos ingresados irregularmente durante años en la CDU, en que el ya excanciller reconoció la existencia de cuentas secretas, pero se negó a revelar los nombres de sus donantes.

Se produjo la casi ruptura con su partido y con quien fue su delfín, Wolfgang Schäuble, quien salpicado por el escándalo renunció a la jefatura del partido mientras Merkel asumía su liderazgo tras llamar a emanciparse del patriarca.

Fueron años muy negros, a lo que se sumó en 2001 la muerte de su esposa Hannelore, quien se suicidó en su casa, sola, mientras él preparaba en Berlín su defensa frente al escándalo financiero.

En 2004 saltó la noticia de que el Coloso del Palatinado volvía a tener compañera, Maike Richter, cuya existencia salió a relucir a raíz de las vacaciones que pasaron juntos en Sri Lanka ese mismo año, donde fueron testigos del "tsunami" que afectó a ese país.

Se casaron dos años después y juntos vivieron una lenta reconciliación con la CDU, aunque enturbiada por sus ácidas críticas hacia Angela Merkel y a otros compañeros a los que atribuía falta de visión europea.

En lo privado, sus últimos años quedaron sacudidos por las malas relaciones entre sus dos hijos y su segunda esposa, a la que acusaban de manipular al patriarca.