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Un libro reabre las heridas del duelo de los Miliband

El líder laborista no consigue dar imagen de autoridad en el partido

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Ha sido una de las peores semanas para Ed Miliband desde que fue elegido líder de los laboristas. La que comienza el lunes con un discurso muy importante tiene que ser mejor o se va a acercar a su primer aniversario al frente del partido en una posición de peligrosa debilidad.

Si algo no necesitaba Miliband era que le recordaran la pelea con su hermano David en las primarias en que fue elegido contra la mayoría de los pronósticos.

Eso es precisamente lo que ha conseguido la publicación de un extracto del libro Ed. The Milibands and The Making of a Labour Leader, que aparece en las librerías dentro de siete días.

El libro revela con crudeza cómo la relación entre ambos quedó casi rota tras la campaña. David creía tener la victoria en el bolsillo y se sentía engañado por la decisión de Ed de presentarse.

Ni siquiera se ponen de acuerdo sobre el momento en que Ed lo comunicó a David. Según el primero, visitó a su hermano en su casa para darle la noticia. David dice que no fue así.

¿Por qué se presentó Ed? Había diferencias ideológicas, pero la ambición también jugó un papel. Era ahora o nunca para ambos. “Un amigo de Ed le preguntó porque se presentaba contra David –relata el libro–. ‘Supongo que es porque no puedes tener (como líderes) a dos Miliband seguidos’, dijo. ‘Sí, exactamente’, respondió Ed sin dudarlo”.

Además, los partidarios de Ed acusan a los del ex ministro de Exteriores de haberle desprestigado en conversaciones con periodistas. Lo definían como Red Ed (Ed el Rojo) o Forrest Gump por no tener la experiencia suficiente para el cargo.

Muchos dirigentes laboristas coinciden en este análisis, porque a fin de cuentas ellos pensaban que David era la persona más preparada para devolver la victoria al partido.

Ocho meses después de ser elegido, esas dudas continúan. Ed Miliband se ve obligado a contentar a todos los sectores del partido, tanto a los que creen que es imprescindible aceptar algunos errores del pasado –como el hecho de que el Gobierno de Gordon Brown dejó como legado un déficit presupuestario excesivo–, como a los que creen que eso sería dar bazas al Gobierno conservador.

El libro no es precisamente un intento por acabar con Ed Miliband. Sus autores son dos periodistas de la revista The New Statesman, muy cercana a los laboristas.

Las diferencias entre los dos Miliband quedaron de manifestó este fin de semana cuando alguien filtró a The Guardian el discurso que David tenía previsto pronunciar si ganaba en las primarias.

En un intento por marcar distancias con la época de Brown, David Miliband iba a decir que el primer paso para recuperar la credibilidad entre el electorado pasaba por “reconocer lo obvio: no se puede abolir el ciclo económico”.

Eso es lo que Brown alardeaba haber hecho al conseguir un crecimiento estable sin desequilibrios financieros, hasta que la crisis de 2008 puso un dramático final a una década de prosperidad.

Ed Miliband nunca ha querido llegar tan lejos en la autocrítica.

Los problemas para el líder laborista aumentaron también cuando el Daily Telegraph publicó los documentos personales del número dos del partido, Ed Balls, en su época de asesor de Gordon Brown. Volvían a salir a la luz la guerra permanente entre Blair y Brown y todas las conspiraciones en las que Balls jugó un papel clave.

Ed Miliband tiene la opción de retomar el lunes la iniciativa con un discurso centrado en el gasto social y el recorte de subsidios. Parece difícil que eso pueda detener los titulares nocivos para los laboristas.

Al menos, su hermano hizo público el domingo un comunicado para negar que esté esperando el fracaso de Ed y poder regresar a primera línea. “Ed ganó (en las primarias). Yo le apoyo por completo y todos deberían hacer lo mismo”, dijo. Ahora es el líder laborista el que debe justificar esa confianza.