Publicado: 17.05.2015 18:30 |Actualizado: 17.05.2015 18:30

El Papa Francisco
busca reforzar el papel del Vaticano en la diplomacia internacional

Los  acuerdos con Cuba y los palestinos muestran la renovada influencia del pontífice, que en  septiembre visita Washington

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El Papa Francisco saluda a los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro, en la ceremonia de canonización de cuatro monjas, dos de ellas palestinas. REUTERS/Tony Gentile
El Papa Francisco saluda a los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro, en la ceremonia de canonización de cuatro monjas, dos de ellas palestinas. REUTERS/Tony Gentile
Fieles con banderas palestinas en la Plaza de San Pedro. REUTERS/Tony Gentile
Fieles con banderas palestinas en la Plaza de San Pedro. REUTERS/Tony Gentile
El presidente palestino Mahmoud Abbas aplaude al Papa en el inicio de la ceremonia de beatificacion de dos monjas palestinas. REUTERS/Tony Gentile
El presidente palestino Mahmoud Abbas aplaude al Papa en el inicio de la ceremonia de beatificacion de dos monjas palestinas. REUTERS/Tony Gentile
Un peregrino en Roma con una camiseta alusiva a las dos monjas canonizadas por el Papa Francisco. REUTERS/Tony Gentile
Un peregrino en Roma con una camiseta alusiva a las dos monjas canonizadas por el Papa Francisco. REUTERS/Tony Gentile

ROMA.- Las duras críticas del Papa Francisco a la globalización y la desigualdad lo mostraron hace largo tiempo como un líder que no teme mezclar la teología y la política. Ahora también está mostrando el poder diplomático del Vaticano.

El año pasado, el Santo Padre ayudó a mediar en un acuerdo histórico entre Cuba y Estados Unidos después de medio siglo de hostilidades. Esta semana, su despacho anunció el primer acuerdo formal entre el Vaticano y el Estado de Palestina -un tratado que da peso legal al reconocimiento de la Santa Sede al Estado palestino de facto, a pesar de la molestia de Israel.

El Sumo Pontífice crispó los ánimos el mes pasado en Turquía al llamar "genocidio" a la masacre de 1,5 millones de armenios a comienzos del Siglo XX, un hecho que Ankara niega.

Después del introvertido pontificado de su predecesor, el Papa Benedicto XVI, Francisco ha vuelto de alguna manera a la diplomacia activa del Vaticano que practicaba el trotamundos Papa Juan Pablo II, cuya contribución al fin de la Guerra Fría es reconocida por muchos.



Gran parte de su esfuerzo se ha concentrado en mejorar las relaciones entre los diferentes credos y proteger a los cristianos perseguidos en Oriente Medio, una prioridad de la Iglesia Católica.

Su diplomacia, sin embargo, está menos alineada con un bando que la vista durante los 27 años de pontificado de Juan Pablo II, en un mundo cada vez más fracturado geopolíticamente donde no hay dos bloques claros en disputa.

Esto se ve reforzado porque se trata del primer papa latinoamericano del mundo, una región cuya turbulenta historia, extendida pobreza y una relación de amor y odio con Estados Unidos le han dado antecedentes políticos totalmente diferentes a los de cualquiera de sus predecesores europeos. "Bajo este papa, la política exterior del Vaticano mira hacia el sur", dijo Massimo Franco, un reconocido analista político italiano y autor de varios libros sobre la Santa Sede.

Franco dijo que el Santo Padre se había cuidado de apoyar a un bando en temas como Ucrania, donde nunca ha definido a Rusia como un agresor, pero siempre se ha referido al conflicto entre el Gobierno y los rebeldes respaldados por Moscú como una guerra civil.

Vista general de la Plaza de San Pedro, durante la ceremonia de canonizacion de cuatro monjas, dos de ellas de origen palestino. REUTERS/Tony Gentile

Vista general de la Plaza de San Pedro, durante la ceremonia de canonizacion de cuatro monjas, dos de ellas de origen palestino. REUTERS/Tony Gentile

Ese enfoque busca garantizar que Francisco mantenga su credibilidad en países como Siria, Rusia o Cuba, todas naciones en las que el Sumo Pontífice siente que puede ayudar a los cristianos locales de mejor manera al mantener un rumbo independiente.

Muchos católicos conservadores están descontentos con la atención que el papa ha puesto en asuntos como la injusticia económica y su tono relativamente tolerante con temas sociales sensibles como la homosexualidad y el estatus de las personas divorciadas, por lo que posturas marcadas en temas diplomáticos delicados podrían provocar más división en la Iglesia.

En ese punto se enfrentará a una prueba en septiembre, durante su próxima visita a Estados Unidos, donde algunos católicos conservadores son abiertamente hostiles a su pontificado. Después de ayudar a propiciar el acuerdo del año pasado para restaurar las relaciones diplomáticas entre La Habana y Washington, Francisco recibió críticas de varios conservadores estadounidenses, incluido Marco Rubio, un candidato a la nominación presidencial del Partido Republicano.

Rubio, hijo de inmigrantes cubanos y católico practicante, evitó exhortar directamente al Papa Francisco, pero dijo que el Santo Padre debería "asumir la causa de la libertad y la democracia" en Cuba. Ese tipo de críticas veladas de un político que normalmente sería considerado un férreo aliado de la Iglesia refleja la incomodidad que algunos católicos sienten con el cambio que Francisco ha introducido en una de las instituciones más conservadoras del mundo.