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Polonia, paraíso de la homofobia

El Gobierno de los Kasczynski fomenta el odio a los homosexuales, a los que califica de pervertidos y depravados

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En el otoño de hace dos años, Varsovia amaneció un día con diez bombas de mentira colocadas en distintos puntos de la ciudad. Los artilugios llevaban pegados carteles que amenazaban con lo que podía pasar si resultaba elegido presidente Lech Kaczynski, del partido nacionalista ultraconservador Ley y Justicia (PiS). En su época de alcalde de Varsovia, Kaczynski había prohibido los desfiles del orgullo gay.

El 23 de octubre los ciudadanos dieron a Kaczynski la mayoría en las urnas. A la mañana siguiente sonó el teléfono de Jacek Adler. Le citaban a declarar en comisaría. Este hombre de 37 años fue declarado sospechoso de ser autor de las amenazas por tratarse de un "homosexual radical". Le advirtieron de que los servicios secretos le estaban vigilando. En realidad, Adler no había hecho otra cosa que crear un portal gay de información y contactos en Internet. La Policía lo fichó, a él y a otras decenas de personas que defienden en Polonia los derechos de los homosexuales.

Jacek Adler se dedica a ello desde hace siete años. Antes de contar a su familia y amigos que se había enamorado de un hombre, trabajaba en un banco y vivía en una casa con jardín.

De repente lo perdió todo: mujer, hijo, trabajo, casa. Se fue a vivir a un minúsculo apartamento en una caja de zapatos comunista de las afueras, y salió adelante a trancas y barrancas con trabajos temporales. "En Polonia no puedes tener un trabajo normal y vivir abiertamente tu homosexualidad. Pero sólo se puede ser feliz sin tener miedo, y sin mentirse", dice.Han pasado dos años, y Kaczynski es presidente de una República paranoica, amenazada por homosexuales, comunistas, alemanes, rusos y laicistas. Un país que con su actitud de constante bloqueo y reproches a sus vecinos se ha forjado una pésima imagen en Europa.

Malos presagios 

La Plataforma Ciudadana del liberal Donald Tusk podría arrebatar el próximo domingo la mayoría parlamentaria al partido de los gemelos Kaczynski. "Pero para los gays no cambiaría nada", lamenta Adler, ya que "el partido de Tusk es liberal en la economía, pero en lo social es igual de conservador que los Kaczynski".

En el último año, algún episodio de homofobia ha rozado la inocentada, como cuando una diputada de la Liga de Familias Polacas (LPR) mandó analizar si la serie de televisión infantil Los teletubbies fomenta la homosexualidad, ya que uno de ellos, Tinky-Winky, es de color lila y lleva un bolso. Pero la sonrisa se le congela a cualquiera con testimonios como el de Adler.

En dos años no ha habido ninguna detención por el caso de las bombas de mentira. Adler supone a simpatizantes de los Kaczynski detrás de la acción. Hace un mes, la Fiscalía lo volvió a citar a a declarar: "Me interrogaron personas que ni siquiera se presentaron. Les pregunté quiénes eran. Uno dijo que era de la Audiencia Provincial de Varsovia, y el otro nada menos que de la Comisión de Investigación de Asesinatos de la Policía".

En Europa causó desconcierto y preocupación el proyecto de ley que castiga la "propaganda homosexual" y prevé despedir a profesores que no oculten su orientación sexual. Las actitudes homófobas de Kaczynski y sus adláteres de la LPR -cuyo líder y ex ministro de Educación Roman Giertych considera a los gays "pederastras asquerosos"-, no sirven para otra cosa que para ganar votos.

Sería imposible enviar a los homosexuales a "campos de reeducación" en un país de la UE, pero reclamarlo sale a cuenta en las urnas, porque en la ultracatólica Polonia la homofobia "se les inculca a los niños en la escuela", a decir de Adler.

Y no exagera. Un libro de texto usado actualmente en los colegios polacos se titula El camino a la edad adulta. Introducción a la vida familiar para estudiantes de grado superior de las escuelas primarias. Su autora, Teresa Król, escribe: "El deseo de satisfacer la propia orientación sexual adopta en ocasiones formas distorsionadas. Éstas incluyen: homosexualidad, bisexualidad, exhibicionismo, narcisismo, pedofilia, incesto, sadismo, masoquismo, transexualismo".No es para nada el único volumen con textos semejantes.La homofobia está prácticamente institucionalizada en Polonia. Cuando asociaciones gays convocaron una manifestación en la ciudad de Poznan, las autoridades municipales, del PiS, la prohibieron con el argumento de que los manifestantes pretendían "propagar depravaciones como la pedofilia, la sodomía y la necrofilia".

No es injurioso

Los organizadores se querellaron por injurias. Resolución del tribunal de la ciudad: no hubo insulto alguno porque "la opinión pública" considera la homosexualidad equiparable a las citadas "tendencias".

El presidente de la asociación de gays y lesbianas Lambda en Varsovia, Krzysztof Kliszczynski, opta directamente por el cinismo a la hora de juzgar a los gemelos: "Este Gobierno ha ayudado mucho a los gays, porque antes no se hablaba tanto del tema, y ahora en la prensa ha surgido un auténtico movimiento intelectual de defensa de los gays", ironiza. "Aunque por supuesto existe una prensa de derechas homófoba, en el fondo ahora hay más consciencia social del problema", añade.

Kliszczynski es optimista y asegura que en Varsovia no es raro ver a parejas homosexuales paseando cogidas de la mano. Pero la verdad es que hay que fijarse mucho.