Publicado:  14.08.2013 19:06 | Actualizado:  14.08.2013 19:06

Los tesoros ocultos del metro de Atenas

La red del suburbano de la capital griega ofrece una amplia muestra de objetos arqueológicos, que se desenterraron durante su construcción, de cara a los Juegos Olímpicos de 2000

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Viajar en metro por Atenas es como entrar en el túnel del tiempo: cada estación ofrece una nueva sorpresa arqueológica que el pasajero debe descubrir por sí mismo, porque no hay visitas guiadas.

La red de metro de Atenas -tres líneas, de las que dos son de nueva construcción y se concluyeron en el año 2000 de cara a los Juegos Olímpicos- es joven, pero no así lo que se puede admirar en sus entrañas. En los 57,7 kilómetros de recorrido de las dos líneas más modernas se excavaron 79.000 metros cuadrados con fines arqueológicos y se hallaron 50.000 objetos procedentes de las más variadas eras de la Historia. Al efectuarse perforaciones en distintas capas del subsuelo, se encontraron joyas de distintas épocas, del neolítico a la época posbizantina.

El principal reto fue avanzar en las obras, sin destruir los yacimientos arqueológicos. Cada vez que se hallaba o intuía que podía haber algo de valor arqueológico, se detenían las obras y se daba paso a las tareas de los arqueólogos. Para ello, explica el presidente de la compañía del metro de Atenas (Stasy), Nikos Papazanasis, se utilizaron perforadoras especiales, todo con la presencia permanente de los equipos arqueológicos del Ministerio de Cultura.

Del total de 40 estaciones de que dispone la red, se hicieron prospecciones arqueológicas en veinte, de las que seis -prácticamente, todas en el corazón de Atenas- muestran hallazgos de interés: Syntagma, Keramikós, Monastiraki, Acrópolis, Panepistimiu y Evangelismós.

La plaza de Syntagma es el corazón emblemático de Atenas y en estos tiempos de crisis, punto de concentración de las manifestaciones contra la política de austeridad. En esta estación de metro que discurre bajo las "enaguas" del Parlamento, se puede ver desde una amplia colección de esculturas clásicas hasta los restos de un cementerio, utilizado tanto en la época micénica como en la bizantina. Incluso se ha dejado a la vista del público un esqueleto.


Una de las estaciones más interesantes es la de Monastiraki, el barrio popular que, además del rastro de Atenas, alberga numerosas tabernas. En esta estación, en el lecho del río Iridanos, que nacía del Monte Likavitos y confluía en el río Ilissos, las excavaciones dejaron al descubierto un sistema de abastecimiento de agua y de riego, con restos de talleres, casas y tumbas que se remontan hasta el siglo VIII a.C.

En otra céntrica estación, la de Evangelismós, en el subsuelo de la avenida Vasilisis Sofías -el nombre, en honor a la abuela paterna de la reina de España-, se pueden admirar los restos de un antiguo cementerio con su correspondiente muro y además los vestigios de una vía y de un acueducto.

Además de los tesoros arqueológicos, el metro de Atenas exhibe en casi todas las estaciones obras de artistas contemporáneos griegos. Explica Papazanasis que muchas de estas obras guardan algún tipo de relación con la temática del metro o del viajero, como un gigantesco reloj que cuelga sobre el gran vestíbulo de la estación de Syntagma o los asientos en forma humana de los andenes de la estación de Lárisa.

Una de las cosas que más sorprenden del metro de Atenas es su absoluta limpieza: ningún papel en el suelo, ninguna pintada en la pared, ni siquiera hay papeleras, todo ello en una ciudad cuya suciedad a veces se antoja infernal. "¿Cómo íbamos a permitir que haya la más mínima suciedad estando rodeados de tantas joyas?", es la explicación que ofrece Papazanasis ante el asombro que le transmitimos. "La empresa no ha escatimado medios para mantener permanentemente limpias las estaciones", añade.

Así pues, entrar en el metro de Atenas no es sinónimo de un descenso al Hades; aquí es más frecuente encontrar el infierno en la superficie.

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