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La cara b del empleo femenino: menor ocupación, más precariedad y mayor exclusión que el masculino

Los registros récord de la incorporación de la mujer al mercado laboral en España conviven con rémoras de mayor intensidad que las que afectan a los hombres en la calidad del empleo y otros medidores.

La presencia de la mujer es claramente mayoritaria en ramos como la sanidad y la enseñanza.
La presencia de la mujer es claramente mayoritaria en ramos como la sanidad y la enseñanza. PxHere (CCO), 28-02-2017

"El mercado de trabajo se ha caracterizado por una creciente incorporación de las mujeres. En los últimos cuarenta años, la población activa femenina ha aumentado en España en casi sete millones. Pese a esa evolución, los datos evidencian que queda mucho por hacer, pues la situación de la mujer en el mercado de trabajo es todavía, cuantitativa y cualitativamente, peor que la de los hombres", describe Francisco Trujillo, profesor de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social en la Universitat Jaume I.

Concretamente, y según indican los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA), el número de mujeres ocupadas en España prácticamente se ha triplicado desde 1976, un periodo de 47 años en los que ese registro pasó de 3,59 a 9,79 millones.

Su incorporación al empleo ha acaparado durante ese periodo de casi medio siglo el equivalente a tres de cada cuatro nuevos puestos de trabajo que se han ido creando en España, seis millones de 8,39 con un aumento de más de 25 puntos en la tasa de ocupación, que pasó del 28,8% al 54,29% entre septiembre de 1976 y junio de 23 aunque se mantiene casi diez por debajo de la masculina (63,93%).

En ese mismo periodo, el crecimiento de la ocupación masculina se situaba en 2,18 millones, con un avance del 17% que, en cualquier caso, se mantiene casi un millón de efectivos por debajo de la marca histórica de 12,17 de septiembre de 2007.

Ese proceso de incorporación de la mujer al mercado laboral tiene mucho de cambio estructural de carácter social al alcanzar sus niveles máximos desde que hay registros al tiempo que el número de amas de casa cae a mínimos. Sin embargo, los avances cuantitativos no han discurrido acompasados con los cualitativos.

Ese desajuste está generando una serie de paradojas, o quizás más bien averías, que hacen que el empleo femenino, pese a alcanzar volúmenes inferiores al masculino (46,5% de la ocupación, 48,5% de los asalariados), sufra en mayor medida el desempleo y soporte niveles de precariedad y de exclusión más intensos tanto proporcional como cuantitativamente.

Y eso se traduce en unas condiciones de salida del mercado de trabajo más duras que las que, siendo también precarias a menudo como ocurre especialmente con los mayores de 50 años, soporta el colectivo masculino, con mayor frecuencia de las situaciones de desprotección en el tramo final de la vida laboral y con prestaciones de menor cuantía al llegar a la jubilación.

"El proceso de incorporación de la mujer al mercado de trabajo está suponiendo que se vayan equiparando con el hombre en la jubilación" en términos de volumen, con pesos respectivos del 42% y el 57% entre los nuevos jubilados, explica Carlos Bravo, Secretario de Protección Social y Políticas Públicas en CCOO.

Sin embargo, según muestran los datos de la Seguridad Social, las brechas de desventaja en las condiciones de salida siguen siendo amplias frente a las masculinas: casi 400 euros (-21,3%) en la pensión media de jubilación y más de 350 (-22,4%) en el promedio de las prestaciones iniciales, aunque mejoradas con pluses de brecha de género de entre 30,40 y 121,60 euros mensuales para dos de cada tres retiradas.

A eso se le añade que ellas, que por lo general siguen presentando peores carreras de cotización, acaban retrasando el final de su vida laboral, más por necesidad que por devoción, un promedio de casi un año frente a los hombres. Las nuevas jubiladas llegan a la inactividad con una edad media de algo más de 65 años y ocho meses mientras los nuevos retirados lo hacen con 64 y casi diez.

Esas peores carreras de cotización, consecuencia del grado de precarización que históricamente se ha dado, y que se sigue dando, en el empleo femenino están teniendo también un inquietante reflejo en los niveles de protección frente al desempleo.

Los datos del Ministerio de Trabajo sitúan a las mujeres, que son una clara mayoría (55%) en el desempleo de larga duración, como mayoritarias en todos las modalidades de subsidios asistenciales (salvo el de expresidiarios), que es la protección que facilita el sistema a quienes agotan sus prestaciones contributivas, o que carecen de ellas, cuando salen del circuito del empleo.

Las tasas son especialmente llamativas en el bloque de quienes acceden al subsidio por haber agotado la prestación, que cubre un máximo de dos años, o por no haber podido acceder a ella, ya sea por no acumular los seis años de cotización que se requieren de inicio o los doce meses, en ambos casos por encima del 66%, es decir, que dos de cada tres perceptores de estas ayudas son mujeres.

Las mujeres han alcanzado la mayoría entre quienes reciben el subsidio para desempleados mayores de 52 años

A eso se le suma el haber alcanzado la mayoría entre quienes reciben el subsidio para desempleados mayores de 52 años, una ayuda de 480 euros mensuales para quienes han agotado las prestaciones en el tramo final de su vida laboral.

"Las mujeres recibían más subsidios asistenciales que los hombres, pero estos eran siempre mayoría en el de parados mayores de 52 años. Sin embargo, eso prácticamente desapareció en 2022. Era una tendencia que íbamos viendo y que se ha consolidado", anota Bravo. El miembro de CCOO llama la atención acerca de cómo "se está produciendo un embolsamiento de desempleados de más de 50 años, ese subsidio ya supone el 56,5% del total".

¿Cuáles son los motivos para que las carreras de cotización de las mujeres sigan presentado esas lagunas cuando su peso dentro de la fuerza laboral se acerca al de los hombres?

"La mujer no solo se incorpora al mercado laboral en menor medida que los hombres, sino que cuando lo hace trabaja menos horas y durante menos tiempo. Y gran parte de esas interrupciones en su carrera profesional se encuentran motivadas por la asunción de responsabilidades familiares", anota Trujillo. Para él, "resulta especialmente elocuente la influencia que las ocupaciones familiares tienen en los niveles de ocupación".

Los registros que ofrece la EPA dejan, pese a la mejora del último año y medio tras la entrada en vigor de la reforma laboral y el incipiente cambio del modelo productivo, pocas dudas sobre las mayores tasas de temporalidad y de parcialidad que sufren las mujeres: con seis puntos más y una de cada cuatro en empleos eventuales y más de quince y casi una de cada cinco en ocupaciones que no cubren la jornada completa.

"Las mujeres han tenido y tienen tasas de temporalidad superiores a los hombres, por lo que pueden estar sometidas a niveles de rotación mayores y más expuestas a periodos de no empleo. Y esa precariedad laboral se manifiesta también en un mayor peso de la mujer en la contratación a tiempo parcial", señala el profesor de Derecho Laboral. Este llama la atención sobre la influencia que la distribución de las tareas de cuidados tiene en estos aspectos.

La tasa de empleo femenino se reduce cuatro puntos con el primer hijo y veintidós puntos con el tercero y siguientes

En el caso de las mujeres, expone, "la tasa de empleo se reduce cuatro puntos con el primer hijo, seis y medio con el segundo y en veintidós con el tercero y siguientes". Mientras, entre los hombres de 25 a 49 años ese indicador resulta ser menor entre los que no tienen niños que entre los que sí son padres.

A esos vectores de precariedad se les añade otro que también tiene repercusión directa en las cotizaciones y en las prestaciones que después se derivarán de ellas: la "peor valoración social y, en consecuencia, económica, de los trabajos tradicionalmente feminizados". Sus "ocupaciones se caracterizan, en general, por ser puestos que requieren bajo nivel de cualificación y que suelen estar peor remuneradas", apunta Trujillo, y la concentración en esos ramos de las mujeres ocupadas.

No obstante, y aunque hay excepciones como la mayoría femenina en el empleo público (57,5%), y dentro de este en la educación y en la sanidad y los servicios sociales, "cerca del 60%" de las mujeres "prestan servicios en tan solo seis sectores de actividad", que son, junto con los dos anteriores, el comercio al por menor, la hostelería, las actividades administrativas y los servicios del hogar.

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