Publicado: 12.11.2016 08:26 |Actualizado: 12.11.2016 09:43

Un cantaor debe morir

Por ANTONIO ARIAS           

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Hay discos, como Omega, donde los orígenes se difuminan, empiezan con un rumbo distinto del que alcanzan y terminan modificándolo todo y a todos. El tronco era Lorca: de sus obsesiones bebimos y su raíz buscamos en un viaje hacia un punto entre el pasado como tradición y el futuro como entorno. Cuando sacamos el tema Omega, nos dimos cuenta de que, casi sin darnos cuenta, ya teníamos musicados dos poemas de Poeta en Nueva York, ¡¿Coincidencias?! Enrique Morente, apasionado de Leonard Cohen, y la versión que hace del Pequeño Vals Vienés, adaptando el poema mismo a la música del canadiense, en su sencillez, es una idea asombrosa y el resultado, inolvidable.

El camino quedó señalado antes incluso de haber sido vislumbrado. Fueron los temas de Leonard los primeros que maquetó Morente antes de que nos juntásemos. La obra de Cohen tiende hacia la síntesis de las emociones y es capaz de condensar la experiencia humana en unos cuantos golpes de voz. Cohen aporta espiritualidad al conjunto de Omega. Cohen había gozado de total libertad a la hora de adaptar el poema Pequeño Vals Vienés y, en correspondencia, Leonard le otorgó igual libertad a Enrique.



Pudimos bucear en el repertorio de Cohen y juguetear un poco con él. Yo entonces era bastante dylanita y no había prestado la atención suficiente a su discografía más allá de haber aprendido en el instituto Suzanne y haberme sorprendido totalmente con el genial álbum I'm your man. En casa de Morente es donde conocí más a fondo los entresijos de Cohen. Admiraba en la forma que Enrique lo adoraba, como una alma gemela, como inspiración.

Uno de los temas que quedó fuera de la edición final de Omega fue Un cantaor debe morir, adaptación de A singer must die de Cohen. No era de las más conocidas, la verdad. La letra es un autojuicio con bastante mala leche y con final inesperado. El caso es que con ese tema veíamos las reacciones más extrañas: a los que les poníamos la canción quedaban realmente alarmados al ver cómo la voz de Morente bajaba varias octavas hasta sonar en cierta forma como la voz de Cohen. Nos decían que no sería una canción comprendida; la incomprensión, una constante en la obra tanto de Enrique como la de Cohen, otra señal de lo semejante. Cuando se juntaban esos talentos todavía en la distancia eran capaces de sorprender y evolucionar. En las últimas conversaciones que tuve con Morente había un tema obligado: "A ver si editamos ya alguna de las versiones que hicimos de Un cantaor debe morir" Reza la letra: "Un cantaor debe morir por tener la mentira en su voz"

Pude saludar a Leonard Cohen en 2008 en el festival de Benicàssim. En principio él debía tocar después Omega pero su deseo de cenar en Niza trastocó los planes. Su concierto fue genial y su porte y sus modos no hacían más que dimensionar su talla artística. Morente, Aurora, la mujer de Enrique, y yo vimos el concierto desde el escenario. Allí pude comprobar cómo Enrique estaba fascinado con Cohen: me comentó cuanto le impresionaba poder actuar en el mismo espacio. Cuando más embelesados estábamos, Aurora nos dijo: "Y después de lo bien que lo está haciendo Leonard Cohen sus canciones...¿vamos a salir nosotros a interpretarlas de otra forma?" a lo que Morente respondió: "Bueno, no tenemos otras".

La ciudad de Granada pierde a un hijo, a una voz más de Federico García Lorca. Me siento más granadino tras su pérdida, tan cercana, casi familiar. Un artista que ha derramado Granada por el mundo, un artista que ya quedará unido a nuestra vida gracias al enorme Omega junto con el maestro Morente. La inmortalidad viene tras la conversión. Después de trabajar con Enrique, con las geniales canciones de Cohen y con los textos de Lorca ya no fuimos nunca más los mismos. Sin darme cuenta había estado en forma de crisálida para emerger transformado por completo. No conocí mi futuro hasta que los conocí a ellos y como si de dos Saturnos se tratasen, me dejé devorar.

La muerte flotó como metáfora durante la creación de Omega y ya hace tiempo que su presencia es más que evidente, a todos ellos: Leonard Cohen, Enrique Morente, Lorca, Jesús Arias...

Omega: Poema para muertos.