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España y la teoría de las catástrofes

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Jaume Grau
Biólogo

El matemático francés Rene Thom formalizó una teoría en la década de los sesenta en la que describió la tendencia de distintos sistemas estables a sufrir repentinamente cambios bruscos de estado. Las teorías de Thom se aplican en todos los ámbitos del conocimiento, desde la biología hasta la lingüística o la sociología, aunque está limitada al estudio de sistemas en las que confluyen pocos parámetros. A pesar de eso, y a fuerza de hacer un ejercicio de reduccionismo, nos puede ayudar a explicar algunas de las fuertes tensiones que sufre España.

La teoría de Thom explica como pequeñas divergencias en un sistema natural pueden provocar grandes cambios de estado con el paso del tiempo. Este es el caso de los embriones de muchos mamíferos, que difieren muy poco en sus estados iniciales, pero que al final dan lugar a especies distintas. Si observamos un embrión humano y uno de ratón veremos esa similitud en el estado inicial. El estado inicial de la actual democracia española es la Constitución de 1978, fruto de un intenso juego de equilibrios que determinaron un marco legal asumible desde posiciones ideológicas y nacionales distintas. Ese marco legal era ambiguo y contradictorio en muchos puntos, pero ese era no un defecto de origen sino uno de sus valores principales, su fuerza cualitativa, porque facilitaba la inserción en el sistema de intereses a priori antagónicos. En lugar de mantener ese espíritu ambivalente, ese juego de contradicciones que aseguraba la convivencia, la Constitución ha sido utilizada por los dos partidos mayoritarios, PP y PSOE, para establecer de forma tajante su concepción del estado. Esta apropiación de la Constitución es esa pequeña divergencia catastrófica que se engrandece y robustece con el paso de los años y que  va a acabar con la Constitución misma y con el Estado. El Estado, a pesar de su inercia secular, puede destruirse, o desaparecer o cambiar sustancialmente. Paradojalmente, los máximos responsables de la fractura de España pueden ser los que más se afanan en mantenerla unida.

España ha perdido  su histéresis, la propiedad que tienen ciertos materiales y sistemas de conservar alguna de sus características aunque se le someta a cambios.  Si calentamos una varilla de hierro unos pocos grados, su tamaño crecerá de forma proporcional a una función definida, y recuperará su estado anterior en el momento en que se produzca un enfriamiento.  La Teoría de las catástrofes afirma que si el cambio es demasiado fuerte ya no se pueden recuperar las condiciones iniciales. A partir de una determinada temperatura la varilla de hierro se funde y se resquebraja, y puede fundirse o perder un fragmento que ya no recuperará. En muchos aspectos España se encuentra en este punto de sobrecalentamiento y de segura fractura y no sólo por la deriva independentista de Cataluña, si no por el exceso de tensión a la que se ha sometido a las Instituciones y a la ciudadanía. No hay institución que no esté tambaleándose, empezando por la Jefatura del Estado, el Tribunal Constitucional, el Gobierno  o el mismo Parlamento. En el último año el gobierno ha hecho reformas de una dimensión colosal, que van en contra de los derechos sociales de los ciudadanos, algunas claramente anticonstitucionales, pero este mismo gobierno ha sido incapaz de atender a la demanda creciente de un importante sector de ciudadanos que exigen protagonismo y participación, o sea, más democracia. A ojos del Gobierno esa reclamación es una pequeña 'divergencia' de un número insignificante de ciudadanos, de una minoría.  Alguien debería explicar al Gobierno la potencialidad de esa pequeña 'divergencia' o recordarle que el independentismo en Cataluña, hasta principios del milenio, era también una pequeña divergencia.

René Thom desarrolló un sistema de análisis cualitativo, en lugar de uno numérico, para estudiar los sistemas naturales, con el propósito de comprender la naturaleza en lugar de dominarla. El Gobierno, el Parlamento y las Instituciones no han hecho ningún esfuerzo para entender  la naturaleza de nuestra democracia y la han intentado dominar, forzar,  convirtiéndola en un artefacto al servicio de una anquilosada oligarquía local y de una poderosísima plutocracia internacional.