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Un héroe cinematográfico iraquí en EEUU

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Uno de los únicos cineastas iraquíes que trabaja como tal, Oday Rasheed cuyo brillante filme de 2005 Underexposure siguió a un grupo de personajes en Bagdad después de la invasión liderada por Estados Unidos en 2003, y cuya nueva película Qarantina se estrenó recientemente, se encuentra en Manha-ttan. Los contextos glamourosos en los que hoy se proyecta Qarantina una presentación en el Museo de Arte Moderno, por ejemplo, y en las casas particulares de directores y estrellas norteamericanos no podrían estar más alejados del contexto azotado por la violencia de su vida cotidiana.

En Bagdad, Rasheed cobró fama y notoriedad al intentar inspirar a una nueva generación de cineastas iraquíes y otros jóvenes artistas. Qarantina es una de las apenas cuatro películas realizadas en Irak en los últimos 12 años. Rasheed, miembro de un colectivo llamado Najeen (Supervivientes), es parte de una vanguardia de artistas, escritores y cineastas jóvenes cuyo trabajo refleja su compromiso con el arte en una situación de crisis.

Oday Rasheed intenta inspirar a una nueva generación de cineastas iraquíes

Es asombroso verlo caminar en un living de Nueva York: su actitud es tranquila y circunspecta. Lo envuelve un aire de solemnidad. Ha pasado por un trauma impensable, que no ha cesado hasta el día de hoy. 'De siete amigos cercanos con los que había crecido', me dice, 'cinco están muertos'. Uno fue recientemente asesinado por un disparo en la cabeza mientras estaba en su cocina. Algunos días, cuenta, 'uno se despierta y la radio o la televisión informan de cinco atentados con coches bomba', lo que le conduce a una especie de claustrofobia parte del tema de su película. Le dije que tal vez estaba experimentando un estrés postraumático debido a la pérdida de su amigo. 'Ya pasé por eso, ya hice eso', sonrió.

Rasheed está a punto de cumplir 40 años y su vida refleja los dramas de su país: parte de lo que se ha llamado 'generación perdida' de artistas e intelectuales iraquíes, él y sus amigos estuvieron aislados durante años por sanciones. Pero también describe los años de Sadam como una era en la que, si bien no había libertad, los intelectuales tenían espacio de maniobra siempre y cuando 'supieran de qué cosas no hablar'.

La invasión liderada por EEUU coincidió con un momento formativo de su vida creativa escribía para la televisión y se dedicaba a la crítica y a los comentarios cinematográficos mientras intentaba sobrevivir a los bombardeos, los saqueos y el caos. Pero también tenía que mantener su integridad intelectual.

La intimidación por parte de los extremistas religiosos es el destino de los intelectuales en Irak

Cuando el Ejército estadounidense intentó hacer alarde del hecho de que un realizador estaba trabajando en el Irak ocupado, Rasheed fue invitado a una cena formal en uno de los antiguos palacios de Sadam en la Zona Verde, en la que estaban presentes altos funcionarios y contratistas militares de Estados Unidos una invitación que uno no querría recibir y que no podría rechazar.

Ahora Rasheed reflexiona sobre el giro de su país hacia el extremismo religioso: describe un Irak previo a la invasión en el que las mujeres eran profesionales y estaban bastante emancipadas, mientras que ahora usan pañuelos para cubrirse la cabeza bajo presión 'a cambio de una vida tranquila'. Una amiga suya, una joven actriz iraquí llamada Zahra Zubaidi, tuvo que huir de Oriente Próximo después de haber protagonizado el papel de la víctima de una violación en la película Redacted de Brian de Palma; desde entonces vive exiliada en Nueva York. La intimidación constante por parte de los extremistas religiosos y las facciones políticas es el destino de todo intelectual en el Irak de hoy. Y, sin embargo, Rasheed se niega a ser discreto: 'Todo aquello en lo que creo es lo que creo', dice. 'No puedo mentir o no responder preguntas'.

Rasheed está en Nueva York principalmente porque es el lugar donde se rueda su próxima película, que 'tiene que ver con la influencia de los contratistas estadounidenses después de la invasión de Irak, no sólo en las vidas de los iraquíes, sino también en la vida de Estados Unidos'. En cuanto al Irak actual, Rasheed dice: 'No creo que los norteamericanos sean indiferentes a lo que sucedió y está sucediendo, pero los detalles cotidianos de la crueldad no les dejan tiempo ni energía para pensar en cuestiones más importantes'.

De hecho, Rasheed observa que en todas las proyecciones de su película en Estados Unidos, el público necesita pedir disculpas antes de empezar a vincularse con Rasheed como cineasta y no como representante de su país. 'Personalmente, no pido nada; estoy aquí para aclarar cierta confusión a través del cine'.

Irak, arrasado por la guerra y ahora sacudido diariamente por la violencia, tiene la reputación de ser el país árabe más desarrollado intelectualmente. Como suelen repetir los pensadores iraquíes y otros intelectuales musulmanes en la región: 'Los libros se escriben en Egipto, se imprimen en Líbano y se leen en Irak'. Es de esperar que Rasheed y sus colegas sigan edificando una cultura iraquí que sea vibrante y libre; y también que la relación de Estados Unidos y los públicos inter-nacionales con Rasheed pase de la expiación al compromiso con su trabajo. Su defensa del derecho a su verdad, que es la tarea del artista, es remarcable, ya que trabaja en un contexto en el que parte del proceso creativo implica esforzarse por mantenerse vivo.