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Crecen las voces a favor de la confluencia entre Podemos y otras fuerzas

La multitud agolpada ante el Ayuntamiento de Madrid para celebrar la investidura de Manuela Carmena como alcaldesa clamó por la "unidad popular" ante los dirigentes de Podemos e Izquierda Unida Pablo Iglesias y Alberto Garzón. 

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El líder de Podemos, Pablo Iglesias, saluda tras asistir hoy en el Ayuntamiento de Madrid a la investidura de la cabeza de lista de Ahora Madrid al Ayuntamiento de la capital, Manuela Carmena, como alcaldesa de Madrid. EFE/CHEMA MOYA

MADRID.- "Y por último, Doña Manuela Carmena Castrillo". Las palabras del secretario general del pleno al leer la última papeleta de la urna durante la ceremonia de investidura de la nueva alcaldesa de Madrid desataban un torrente de aplausos y vítores a Manuela Carmena, que este sábado ponía fin a 24 años de Gobiernos del PP convirtiéndose en la nueva regidora de la capital. 

Al otro lado de los muros del Palacio de Cibeles, miles de personas estallaban en aplausos y clamaban "¡Sí nos representan!", o "¡Sí se puede!", celebrando la investidura de la líder de la plataforma ciudadana Ahora Madrid. Poco después, la nueva alcaldesa salía a la calle para agradecer el apoyo de los madrileños, y algunos dirigentes de otras formaciones aprovechaban para felicitar a la regidora, y de paso para darse un baño de masas.

Entre ellos estaban Pablo Iglesias y Alberto Garzón, que probablemente no podían esperar que los madrileños dejaran a un lado otras consignas y metieran el dedo en la llaga al clamar frente a ellos por un concepto que hoy está en el centro del debate entre las fuerzas de izquierdas: ¡Unidad Popular!.

Garzón, candidato de IU a La Moncloa, volvía a pedir recientemente a Podemos que participe junto a su coalición en una candidatura de unidad popular que permita construir un ariete político que aseste el golpe de gracia al bipartidismo. Se llevó el enésimo portazo de la formación de Iglesias.

Paralelamente, una veintena de dirigentes y militantes de Podemos -entre ellos Pablo Echenique- pedía abiertamente esta semana a los máximos líderes de su partido la apertura de un debate sobre la estrategia para concurrir a las elecciones generales de finales de año, alegando que los resultados del 24-M demuestran que obtendrán un mejor resultado si van de la mano de otras fuerzas.

La respuesta de la dirección es esgrimir la estrategia aprobada por una amplia mayoría de los simpatizantes en la asamblea constituyente del partido en Vistalegre, en octubre del pasado año, cuando decidieron concurrir a las generales bajo su marca. Hoy, el partido de Iglesias dice sí a la confluencia, pero con la condición de que Podemos sea el paraguas que aglutine a otros agentes, "con la mano tendida" a quienes puedan contribuir al cambio desde sus filas, aunque sin renunciar a su logo o a su marca. 

Entre los fundadores del partido no hay discrepancias al respecto de esta hoja de ruta, y sólo el exnúmero tres, Juan Carlos Monedero, se ha pronunciado a favor de incluir junto a su marca otro nombre que sirva para que otras fuerzas con las que puedan confluir se sientan "cómodas" -Ahora-Podemos es una de sus sugerencias-.

Pero desde Pablo Iglesias a Íñigo Errejón, pasando por Sergio Pascual o Rafa Mayoral los máximos dirigentes de Podemos aseguran no tener dudas sobre esta estrategia, mientras crecen los pronunciamientos y debates de otras fuerzas (de IU a Anova) en relación a esta fórmula, y cuando es probable que el debate vaya a más conforme se acerquen las generales. Más, si cabe, si en los comicios catalanes Podemos renuncia a concurrir con su marca como sugiere su líder en Catalunya, Gemma Ubasart, y reinterpreta el modelo utilizado en las municipales.
 
Los estatutos de Podemos permiten que el apoyo de un 10% de los inscritos sirva para abrir un referéndum interno, pero el partido no ha actualizado aún el registro y juega con la cifra de 374.000 militantes, por encima del número real de inscritos que todavía participan activamente desde su web.

Lograr los apoyos de más de 37.000 usuarios se antoja difícil, ya que muchos de los simpatizantes no se interesan en demasía por cuestiones internas, por lo que hoy no parece probable que la dirección renuncie a la hoja de ruta ya aprobada y decida abrir un proceso de debate. Dicen estar convencidos de que Podemos es la mejor -en la mayoría de los casos, la única- herramienta para el cambio, y de momento no barajan renunciar a la fuerza de sus siglas.