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Iñaki Gabilondo "No creo que Aznar me pida perdón… si es que sabe que existo"

Iñaki Gabilondo, legendario presentador de 'Hoy por hoy', realiza un videoblog de actualidad en la Ser y un programa de entrevistas futuristas. Sin nostalgia, aún dispara contra el aznarismo y el felipismo, claves en la historia reciente de España y de sus medios. "Felipe González tenía que haber pagado su factura por el GAL", dice en esta entrevista.

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Iñaki Gabilondo, durante la entrevista en la Cadena Ser. REPORTAJE FOTOGRÁFICO: CHRISTIAN GONZÁLEZ

Cuando entramos a su despacho en la novena planta de lo que antes era el edificio de Prisa y que ahora es casi de Primark, le digo que yo llevo papeles para la entrevista, algo de lo que él suele huir. “Bueno, cada uno tiene su método”, defiende. Su despacho, que está lejos de ser ostentoso pese a la leyenda del periodismo que es, tiene vistas a la Gran Vía de Madrid, dos sofás, un escritorio y un par de estanterías con libros. Iñaki Gabilondo (San Sebastián, 1942) dejó hace más de una década los influyentes micrófonos de 'Hoy por hoy', en los que vivió el nacimiento de una nueva España tras el franquismo. Tras su paso por Cuatro y por la difunta CNN+, ahora realiza un videoblog diario (y a toma única, sin ensayos) sobre temas de actualidad en la Ser y Cuando ya no esté (Movistar Tv), un programa de entrevistas futuristas en el que presta atención especial a la tecnología y a la ciencia. Apegado al presente, sin nostalgia, aún dispara contra el aznarismo y el felipismo, claves en la historia reciente de España y de sus medios: "Felipe González tenía que haber pagado su factura por el GAL".

-Se ha reinventado con un videoblog y un programa de entrevistas futuristas.

Bueno, yo llevo cincuenta años trabajando. Se van haciendo cosas y me siguen ofreciendo, lo cual es un privilegio. Y estoy haciendo cosas que me interesan. Y lo que me está interesando es lo que viene, porque lo otro me lo sé ya de memoria, me aburro. Llevo ya muchos años [risas].

-Tampoco debe de ser fácil ni habitual emprender un camino así para alguien de su edad en un momento además tan difícil para los medios.

Es que yo he procurado vivir toda la vida en el tiempo presente. Y el tiempo presente es este. Estoy muy encantado de que me ofrezcan cosas que me permitan vivir en el tiempo presente.

-¿Qué tal la vida fuera de las ondas? ¿Menos estrés? ¿Ha conseguido esa vida social y familiar que necesitaba cuando dejó Hoy por hoy?

Sí, aunque relativamente. Ahora tengo unos horarios más parecidos a la gente común, por lo que ya es compatible con mi mujer y con mi vida. Ya podemos hacer vida social. Sigo teniendo mucha actividad, viajo mucho. Los horarios anormales son los que complican completamente la vida porque obligan a tus amigos y a tu familia a unos sacrificios. Fueron muchos años viviendo de una forma un tanto anómala, no pudiendo salir de noche y teniendo que acostarme temprano. Ahora me sigo levantando muy temprano, pero hablamos de las 6.30 de la mañana.

-¿No echa de menos estar ahí abajo, donde está ahora Pepa Bueno, con el pulso de la actualidad?

No. Cuando te vas haciendo mayor, vas despidiéndote de cosas. La vida te va desplazando y, por tanto, vas entendiendo que ese es el proceso natural de hacerte mayor. Puedo sentir que ya no estoy en esa posición, como en otras muchas cosas de la vida también descubres que te vas quedando más desplazado. Pero no hay nostalgia, sino que entiendes que los relevos vienen, que les toca a los demás hacer. Entonces, tú vas despidiéndote progresivamente de las cosas. Pero no con dolor, sino con lucidez. Yo siempre he creído que eso es normal. Por otro lado, si mañana me preguntaran si quiero volver a hacerlo, diría que no; eso para empezar.

-Es curioso que no sienta nostalgia ni mire hacia atrás pese a haber estado veinte años a los mandos de ese programa.

Es que un programa de radio es un presente continuo, es lo más parecido a las nuevas tecnologías. Eso sí que es un fluido constante, un día distinto cada día, que no se parece ni al anterior ni al siguiente. Entonces, estoy viviendo como cuando hacía Hoy por hoy. Estoy viviendo hoy. Mi hoy, como entonces vivía mi particular hoy. Porque no se parece mucho la vida que se hace con un reloj delante a la vida que se hace sin un reloj delante. Cuando tú haces un trabajo diario, en directo, pasando el reloj en horas, minutos y segundos, marcando claramente que hoy es miércoles y no martes, 27 y no 4… Tienes una consciencia del tiempo real muy grande. Yo tengo una gran consciencia del tiempo real. Siempre sé exactamente que estoy viviendo un día, que no es el anterior ni el siguiente, y que se pasa. Y eso me ayuda a mantenerme en un estado que no es distinto a lo que era antes.

-De pequeño soñaba con la radio y quería vivir en ella.

Para eso hace falta explicar que es que entonces no había televisión. A la gente le parece imposible imaginar un mundo sin televisión, pero es que hasta que yo fui a la universidad, no existía. Por tanto, cuando yo tenía trece o catorce años, el mundo en el que quería vivir era la radio, que era el único territorio para la fantasía. Además, es que vivíamos en la dictadura. Por tanto, la única ventana al Technicolor del mundo de una vida en blanco y negro era la radio, en la que había canciones, conectabas con sitios e ibas a lugares. Entonces, yo no quería vivir donde lo hacía, sino allí.

-¿Qué se imaginaba haciendo?

Nada especial. Me imaginaba viviendo en un territorio que, para mí, estaba muy coloreado de vida, de relatos e historias. Para mí, el periodismo fue una deducción más intelectual, con diecisiete años, por vivir al lado de Francia. Por entonces, la radio en España no tenía información, sino concursos y variedades, mientras que la francesa sí tenía información. Entonces, amplié mi ansia de vivir en ese lugar.

-Por las normas que imponía la dictadura, no pudo hacer información radiofónica hasta mucho después de acabar la carrera.

Sí. De hecho, cuando me preguntan por los cuarenta años de las primeras elecciones generales, que se cumplen ahora, a la gente le llama mucho la atención cuando yo le digo que entonces en la Ser no teníamos permiso para dar información hasta octubre de ese año. Eso es una prueba de cómo la realidad que operaba estaba desbordando a la norma franquista. Por tanto, no se podía hacer información, pero ya íbamos buscando el hueco. Por ejemplo, existía Matinal Ser, que no era un programa de noticias pero ya estábamos ahí. En el setenta y dos nació Hora 25, cuando no se podía dar información, pero era un programa de cuestiones actuales. Íbamos ya jugando a empujar, como se hacía en toda España.

-En los estertores de Franco.

Bueno sí, pero cuidado porque eran estertores que te daban en la mano y te mataban. Que Franco condenó a muerte a cinco personas dos meses antes de morir, ¿eh?

-Cuando en 1986 comienza Hoy por hoy, lo hace con el encargo de vencer a Luis del Olmo, que entonces estaba en la Cope con Protagonistas.

Sí, porque entonces la cadena Ser no tenía una cadena por la mañana. Luis se paseaba; era la radio. Y, además, él había tenido la gran puntería de colocar temas de actualidad en la radio por la mañana, que tradicionalmente había sido de concursos y premios. Se había hecho el amo absoluto. Pero no es que estuviera ganando a los demás; es que no estábamos compareciendo en esa batalla. A mí me dieron el encargo de dar la batalla y de marcar una alternativa.

-¿Cómo se plantea ese objetivo?

Yo creía en la modernidad de la radio y en los temas del momento. Estaba encantado de meterme en ese jaleo, de pelear para hacer el mejor programa de radio que pudiera. Me metí en alma, vida y corazón. Luis me parecía un transatlántico, estaba lejos. Pero nosotros éramos la Ser, no una emisora parroquial; teníamos poderío. Tampoco se vivían entonces los temas del EGM como ahora. El EGM nació para que la publicidad tuviera una pista. Sólo años después comenzó a utilizarse como una prueba de que somos maravillosos. Antes, cuando llegaba el EGM, no se difundía; se trabajaba. Yo no salí tanto a ganarle a Luis del Olmo, sino a que la Ser compareciera en el mercado. Luego, al cabo de muy poco tiempo, comenzó a verse como una gran carrera: “Gana Luis”, “Se acerca Iñaki”, “Le coge”, “Le pasa”… Yo bastante tenía con hacer una piara de horas todas las mañanas como para andarme preocupando por eso.

-¿Cómo convirtió a Hoy por hoy en la referencia que fue?

Luis del Olmo hacía un programa que era como el gran espectáculo de la radio: “Vengan ustedes, siéntense, que yo les voy a ofrecer el gran espectáculo de la radio, con todas las posibilidades, los artistas, los personajes, lo que pasa”. Yo me lo planteaba así: “Vamos a pasar juntos la mañana, a vivir juntos este día que no va a volver con todas las grandes novedades e interrogantes que se están produciendo”. No tanto como hacer un gran show, sino hacer un territorio en el que miráramos todos los rincones de la vida y tratáramos de entenderla con una mirada clara y progresista, en el sentido de mirar hacia delante apuntándonos a lo que constituía avanzar desde el punto de vista social y de costumbres. Creo que eso nos definió pronto. Hicimos nuestras las causas porque creíamos en eso: la música, los libros, los derechos de la mujer, de los homosexuales o de la naturaleza.

-Fueron, de alguna manera, la voz radiofónica de esa nueva España.

Bueno, en cierto sentido. Yo tenía para mí una única referencia que me orientaba mucho: ¿qué es lo que es justo? Al programa solía venir Zerolo y un día tuve una conversación muy reveladora. Llama una mujer en antena y dice: “Oye, Iñaki, pasa una cosa. Claro, es que usted es muy moderno, porque yo me he educado en la hostilidad hacia la homosexualidad, me he criado en esa España. A mí me han enseñado que eso está fatal. Y ahora usted, de repente, se pone así. Usted es mucho más moderno que yo”. Entonces, yo le digo: “Señora, a mí me han educado igual que a usted, y seguro que yo soy mucho más mayor. ¿En qué mundo se cree que me han educado a mí? ¿Se cree que a mí no me produce sorpresa la nueva realidad? Me produce el mismo efecto. Lo que pasa es que yo lo apoyo porque es justo. Si tengo que esperar a que a mí me parezca normal, me moriré sin que sea así porque me han criado en que no me parezca normal. Pero usted y yo tenemos que actuar apoyando las cosas porque son justas, no porque nos parezcan bien o mal”. Eso orientó mucho nuestra línea de actuación, me dio mucha luz. Tratamos de colocarnos en la postura más aportadora, en la de ayudarnos a vivir juntos esta vida.

-¿Cómo vivía desde dentro la guerra de la radio con Luis del Olmo, Antonio Herrero, Luis Herrero, Losantos y García?

Yo nunca he sido muy competitivo en ese sentido. A veces incluso se han enfadado conmigo en mi empresa porque yo decía que era mucho más competitivo por responsabilidad que por instinto personal. Yo disfrutaba muchísimo haciendo mi programa, aunque luego sabía que tenía importancia que lo hiciéramos bien porque era un programa importante y la Ser se jugaba mucho. A mí, Luis me contaba que, para él, era vivir o morir. Y para mí, no. Al final, tenía que acabar diciéndole a mi empresa: “Oye, no os creáis que no me importa. Que soy solidario”. Pero en el fondo de mi corazón, no me importaba tanto. Nunca he tenido el gen competitivo muy alto, aunque lo he debido de tener bastante alto porque he estado toda mi vida compitiendo.

-En aquella época, desde Antena 3 Radio y después en la Cope, los Herrero, Losantos y García daban mucha leña a Prisa.

Siempre. Yo he sido un hombre que ha tenido muchos reconocimientos, seguramente muchos de los cuales no me merecía Y luego, sin embargo, me han dado reconocimientos que sí me merecía. Por ejemplo, yo era el único de los que trabajábamos a primer nivel en la radio que no tenía ningún mérito de lo que hacía. Luis del Olmo y Antonio Herrero tenían muchísimo mérito, pero yo no, porque, por lo visto, yo no competía con nadie, me lo habían regalado, era el imperio y tal… Yo estaba compitiendo como un león, trabajando como una mula, llevando una vida trapense, pero, por lo que se ve, así como a todos mis compañeros les aplauden el esfuerzo, a mí me lo han regalado todo. Pero ha sido un elemento que siempre me ha acompañado toda la vida, en todos los capítulos. Se suponía que lo que yo decía me lo dictaban Polanco y Felipe [González] y me daban un documento por la mañana con lo que yo tenía que decir. Se suponía que no tenía mérito porque nos regalaban todo. Y a mí todo eso me parecía una gilipollez, una bobada.

A mí no me ha llamado nunca, nunca, nunca, nunca, nunca Polanco. Y nunca, nunca, nunca Juan Luis [Cebrián] para decirme nada. Parecía que siempre me mandaban, así que, bueno, renuncio a ser creído. Pero tengo millones de testigos que han trabajado conmigo. Luego también estaba lo de los postes. Yo siempre preguntaba: “¿Cuál es la única emisora que se oye de Irún a Algeciras? RNE. ¿Y por qué va la cuarta si es un tema de postes?”. Habrá más cosas que importan. García también lo decía. Y se pasó a otra radio y llegó un momento en que empezó a tener más postes y él no iba teniendo más oyentes, porque iba declinando su figura. Pero como estaban librando unas guerras monumentales, nuestra pequeña vida formaba parte de ellas.

-Losantos siempre le ha atizado especialmente. Incluso habiendo dejado la primera línea de la radio y de los medios.

Sí, pero Federico se delató él solo con una entrevista con El Loco de la Colina. Yo a Federico le aprecio mucho, de verdad, es muy interesante. Lo único que no me gusta de él es que para defender una idea tiene que ridiculizar a quien no piensa como él. A mí me llama un día El Loco de la Colina, que había entrevistado a Federico en la televisión y me cuenta que Losantos le dijo: “Cuando llegué a la radio, miré quién era el líder y dije: A por él. El objetivo era meterme con Iñaki, que se metiera él conmigo y que creáramos una especie de guerra pública, que Luis del Olmo y los demás fueran desapareciendo y que quedáramos los dos en esa especie de batalla. Me tiré mucho tiempo metiéndome con él y el tío no me entraba. Hasta que un día me entró y dije: Coño, ¡ya he ganado!”. Me mandó la cinta de la entrevista y la tengo. Eso no excluye los otros elementos de discrepancia que pueda él tener conmigo y por los que me quiera pegar. Pero, además de eso, había una manifiesta intención táctica. Bueno, pues ya está, ¡qué le vamos a hacer!

-Antes de Hoy por hoy, vive el golpe de Estado del 23-F como director de Informativos de TVE y dio la información. Hasta se despidió de sus compañeros.

Yo fui el único que vio el asalto en directo desde mi despacho. Y todos nos temimos lo peor. Tú que has visto ahora esas imágenes, pero sabes cómo acaba, imagínate que las estás viendo y no sabes cómo acaba. Imagínate que estás viendo que disparan, no sabes si los diputados se están muriendo, y al cabo de una hora vienen los tanques a Prado del Rey. Además, hacía no mucho que El Alcázar, el órgano oficial de estos, había publicado un artículo titulado Los rojos en televisión. Por tanto, estábamos preparándonos para lo que fuera: para que nos pegaran un tiro, para que nos metieran en la cárcel, para que nos llevaran al Bernabéu como en Chile… La sensación es que se acababa un tiempo y empezaba otro tremendo.

-¿Cuál es su opinión de lo que pasó? ¿Se cree la versión oficial?

Yo siempre he tenido la impresión de que no hay muchísimo más de lo que se cree, aunque posiblemente sí que hay muchísimas cosas que mucha gente se ha arrepentido de haber dicho. En los días anteriores, en todos los restaurantes y tertulias de Madrid se comentaba: “Esto no puede seguir así, esto tiene que cambiar”. Creo que demasiada gente dijo demasiadas cosas. Yo se lo oí a setenta. Pues debieron decirlo otros setenta, incluyendo el rey. Y tengo la impresión de que muchas cosas surgieron como consecuencia de ese estado de opinión y de que muchas cosas que quizás se debieron más a palabras que parecían afirmar lo que a lo mejor no afirmaban. Además, en el caso del rey pasaba una cosa: él había hecho una apuesta tan rotundamente a favor de la democracia en España por todo el mundo que nos llamaba un huevo la atención que pudiera estar preparando una cosa de esa naturaleza. Me resulta más fácil imaginar incontinencia verbal que pudiera desencadenar muchas cosas que una planificación en la que él pudiera estar más o menos implicado fríamente.

-Fue amenazado por ETA. ¿Cómo se vive y se informa bajo ese yugo?

Es que yo he creído que todos estábamos amenazados por ETA. Lo de estar amenazado por ETA es una manera de hablar. Había gente que estaba más específicamente señalada, como Luis del Olmo o Carlos Herrera, que tenía a gente que le protegía. Lo que era terrible era esa realidad. Hombre, a mí, desde luego, no me hizo mucha gracia ver mi imagen en mi ciudad natal y una diana en medio. Pero lo brutal era la sensación de que todos estábamos en la diana. Un día ¡bum! Una bomba en Hipercor y cuarenta muertos. Aquello fue un disparate.

-¿Usted llevabas escolta? Imagino que eso le recordaría constantemente la amenaza personal.

Sí, pero yo no tenía ninguna dificultad para recordar eso. Me pasaba el día contando atentados.

-Su primo, Paco Etxeberría, estuvo involucrado en investigar el caso Lasa y Zabala y el GAL.

Él es más que un primo; es casi un hermano. Es una figura mundial de la antropología forense. Y le encomendaron que certificara si los restos que habían aparecido en Alicante eran los de Lasa y Zabala. Y él dijo que sí. Le llamé por teléfono a las cuatro de la mañana y le pregunté: “Paco, ¿son o no son?”. Me contestó: “Son”. Y dije: “¡Hostia!”.

-Felipe González le dice dos veces en una entrevista muy dura en TVE en 1995 que “evidentemente no” había existido terrorismo de Estado con él. ¿Se cree esa versión?

Ese sí que es uno de los días inolvidables de la historia. Fue una entrevista política en directo en TVE que tuvo ocho millones de espectadores. ¿Cómo lo logró? Porque no había otro tema en España. Y, de hecho, el Telediario que precedió a la entrevista estuvo totalmente dedicado al GAL. Era la hostia. Por eso, yo le tuve que hacer una entrevista muy a cuchillo, sin escape. Ya he dicho alguna vez que yo hubiera hecho otra cosa. No sé si es culpable, pero él hubiera debido asumir su responsabilidad. Creo que si aquel día, con ocho millones de espectadores mirando, dice: “Yo soy inocente, pero asumo con vergüenza y con horror la responsabilidad política de este asunto”, hubiera sido formidable para todos. Yo no sé si es inocente o responsable, pero él era el responsable político último de esa sarta de barbaridades.

-Pero, ¿cree que al ser el presidente del Gobierno lo sabía?

Hace mucho tiempo que en los temas delicados marco mucha diferencia entre lo que sé, lo que creo y lo que me parece. Y yo no sé. Por tanto, de un tema tan resbaladizo no voy a decir nada. Pero la responsabilidad política es una cosa que sí sé. Por ejemplo, hoy con Rajoy. ¿Se puede hacer lo que ha hecho el PP con la caja B sin conocimiento de Rajoy? No sé, pero, sin duda, tiene responsabilidad política y tiene que asumirla. Con Felipe y el GAL, te digo lo mismo. Y que no se pagó aquella responsabilidad política como se hubiera podido teniendo en cuenta la magnitud del fenómeno. Si él admite su responsabilidad aquel día, hubiera pasado una mano purificadora por España. Hubiera sido bueno para todos, para el PSOE y para él, que se hubiera ido a su casa. Si hace eso, te digo que cambia la historia de la actitud de los españoles en un tema de esta naturaleza.

-¿En qué sentido?

Por de pronto, la brutalidad con la que se estaba viviendo entonces la vida política entre el PSOE y el PP se hubiera relajado, siguiendo la Justicia su acción, pero sin que fuera el centro de un gran combate en el que se estaban persiguiendo estas cosas. Es que esas facturas hay que pagarlas. Ya lo estamos viendo ahora con la corrupción. Antes, cuando existía corrupción, el PP decía que era el PSOE. Ahora, dice que es Matas o Bárcenas, pero nunca es el problema del PP. Nunca ha salido el PP a reconocer que tienen un problema. No se puede pasar página hasta que alguien pague esa factura.

-¿Cómo de sencillo le resultaba en aquella época criticar a Felipe y a otros altos cargos del PSOE o del Gobierno en la Ser?

Tú eres de este gremio y sabes que cada medio tiene su línea editorial. Yo no creo que tenga ninguna comodidad un redactor del ABC para meterse con la Corona. Ni que uno de la Cope se sienta muy cómodo si tiene que decir algo del arzobispo de la diócesis. Nosotros, efectivamente, estábamos más vinculados a un pensamiento, pero yo no he tenido una singularidad… Yo solía decir a algunos compañeros: “¿Por qué te crees que yo no digo que Federico Jiménez Losantos habla por boca del obispo? Cuando yo digo algo, él afirma que me lo dice Polanco. Pues no lo digo porque sé que es mentira. Él también sabe que es mentira que yo hable por boca de Polanco”. Se ataca por ahí, pero en el fondo formaban parte de las guerras. Se han vivido años de gran virulencia, de guerras brutales. Y yo ocupaba una posición destacada en este medio y estaba en el centro de la bronca. Pero tampoco te creas que cambiaba mucho mi forma de actuar. Yo decía lo que creía que tenía que decir.

-De Aznar le dolió especialmente cómo le criticó por apostar por el diálogo con ETA.

Sí. Yo estuve con él el día que le mataron a Gregorio Ordóñez, al que yo conocía mucho. Al día siguiente, empecé el programa en el despacho de Ordóñez. Luego fui a la capilla ardiente y estuvimos juntos. La asociación de ideas que él hacía de que el nacionalismo era asesino, me parecía una barbaridad. Yo no aceptaba ese juego. Ellos estaban jugando de una manera muy brutal ese argumento, queriendo hacer cosas que yo matizaba porque no estaba de acuerdo. Además, nosotros le zurramos mucho durante la guerra de Irak. Fue cuando más leña le dimos. Mucha mucha, mucha. Siempre dije que Aznar saca lo peor que hay en mí. Yo, que siempre he sido un tipo muy templado, me puse como una loba con ese tema. Todos estaban sorprendidos de mi mala hostia. Al ver los medios americanos, notaba cómo se estaba fraguando un montaje descomunal. Aquello era el timo de la estampita. Y yo era un periodista con un programa grande y una responsabilidad y tenía que decirle a la gente que aquello era una cabronada. No era un jueguito de discrepancias. Así y todo, Aznar no sólo tenía tensión conmigo, sino con el Grupo Prisa. Al ser presidente, no concedió entrevistas a nadie de la Ser.

-Cuando acabó su etapa en Hoy por hoy pidió perdón por su "ira" contra Aznar. ¿Espera que alguna vez él le pida perdón?

No. Yo pedí perdón porque siempre he creído que uno, en un trabajo de responsabilidad pública, tiene que ser responsable de lo que dice y de cómo lo dice. Por eso, yo siempre he procurado ser un hombre cuidadoso con las palabras y no ser un exaltado. Como sé que en esa etapa me cabreé bastante, pedí perdón. Lo que estaba defendiendo, lo sigo defendiendo hoy, pero a lo mejor no lo haría con la misma mala leche. No sé si Aznar sabe que existo siquiera. Si lo sabe, no creo que tenga muchas ganas de pedirme perdón. Ellos nos han atacado mucho siempre, sí, pero es que este oficio es así. Por eso, un día le decía a Pablo Iglesias: “Pero tú, siendo Doctor en Políticas, ¿cómo te extrañas de la leña que hay en la política profesional? Chico, me llama la atención”. Yo no soy un hombre que ha estado nunca en un partido político, pero he estado lo suficientemente cerca para saber cómo se las gastan, y es algo brutal. No es que me parezca bien, pero lo observo con una cierta naturalidad.

-Para muchos políticos, militantes y oyentes de la derecha, usted será recordado en buena parte por la cobertura del 11-M en Hoy por hoy.

Es el mejor programa que hemos hecho en Hoy por hoy. Se cometió algún error. Pero la gente que no ha hecho un programa en directo no sabe lo que es eso. Un día que hay un muerto, y dos, ocho, veinte, cuarenta, ochenta… Con toda la redacción revuelta, las llamadas, los invitados… Y que alguien diga que cometimos un error… Es más fácil ponerte a escribir un artículo en la mesa de tu periódico que estar haciendo un directo de esto.

-¿Por qué la derecha política y mediática se empeñó en la teoría de la conspiración y en la crispación? ¿Fue porque les costó digerir la derrota electoral después?

Este país ha quedado marcado para siempre por eso. Decir 11-M es decir 14-M. Tú ahora dices 11-M y nadie se acuerda de los muertos, sino de la bronca política que se montó el 14. Esa es la mayor traición que hemos hecho a las víctimas del 11-M, que no es recordar el sacrificio de unos pobres desgraciados, sino recordar el momento de la mayor tensión política que se ha vivido en este país. Fue una experiencia muy amarga. Aznar, por lo visto, sabía que esto se había preparado aquí, no muy lejos, que estaba implicado el PSOE, la Policía… Pues vale. Yo no sabía eso. No sabía nada. Ni tampoco la Justicia se enteró de que por lo visto había sido ETA. Y todavía están ahí diciendo…

-¿Se ha agitado demasiado la bandera del miedo para parar a Podemos?

Sí, claro, absolutamente. Todos los espantajos se mueven siempre. Pero eso supongo que Pablo lo explicará el primer día de clase. Este grupo apareció agitando mucho las aguas, rompiendo el status quo y, claro, el status quo se defendió. Si tú apareces en el espectro político diciendo que vienes a luchar contra el sistema, no puedes sorprenderte de que el sistema se defienda. Un discurso como el de Podemos estaba llamado a provocar este tipo de reacción.

-En su videoblog ha hablado mucho en los últimos meses de las primarias del PSOE. Del “espectáculo lamentable de desunión” y “guerra de miserias”. ¿Le pareció adecuado ese protagonismo de los que llama “patriarcas” del partido en favor de Susana?

Ya lo dije y se enfadaron muchísimo conmigo. Si aquí hay un lío que tiene dividido al partido, los grandes patriarcas deberían aislarse un poco para no quedar atrapados en la guerra y para que, si eventualmente se necesita cicatrizar heridas y tender puentes, el partido pueda contar con ellos. Pero si se meten en la pelea a favor de una causa, están haciendo una gilipollez.

-Entre este papel en las primaras y sus puestos en consejos de administración varios, ¿cree que Felipe González está quemado como figura en el PSOE o para el socialismo?

Seguramente no del todo, porque Felipe es muy importante en la historia del PSOE. En última instancia, hasta los que más decepcionados puedan estar con su vida y sus hechos, lo tienen colocado en un lugar muy destacado. Está muy gastado, en fuera de juego. Él mismo se ha borrado. Pero creo que siempre será un referente, aunque ahora mismo no está siéndolo ni lo puede ser.

-Ahora se habla de las penurias económicas que ahogan a los medios y les hacen ser menos independientes y más dependientes del Ibex, de los bancos, de los gobiernos de turno. Pero esto ya pasó antes de la crisis económica y del sector.

La distancia entre la política y los periodistas es una distancia. Si te vas muy lejos, no te enteras de nada. Y si te vas demasiado cerca, te implicas enredándote en ellos, y eso está mal. La historia de la Transición española, que fue tan excepcional, elaboró unas proximidades patológicas de la política y del periodismo. No deben estar así de imbricados. Y eso no se ha terminado de desatar. Máxime cuando, luego, los procesos de entrega de licencias de radios y televisiones del Gobierno hacían más patológica la relación con quien te daba y con quien te quitaba. Creo que el proceso de evolución normal de los medios será colocarse a una distancia donde estén sus afinidades claras –hay gente que se cree que no se puede ser independiente por tener una afinidad, y eso es una gilipollez- y no ser denunciados por nadie. Ese proceso es muy difícil. Al final, la gente nos ve a la política y al periodismo como a hermanos de sangre.

-¿Podrán los medios recuperar ese prestigio y credibilidad perdidos? ¿Podremos los periodistas?

Bueno, esa es la tarea que os toca a vosotros. Tenéis que tratar de ir recuperando la estima, aunque ya se está consiguiendo. No es que todo esté desacreditado al mismo grado.

-¿Qué fue de su agria polémica con Iñaki Gabilondo?

[Risas] Hacía mucho que no me acordaba de eso. Entonces, yo era igual que ahora, sólo que, además de la radio, hacía un programa de televisión que se llamaba En familia. Como no teníamos competencia, podíamos hablar de cualquier cosa. Por ejemplo: un día hice un programa en el que trataba de demostrar que era un disparate que la violación sólo fuera la penetración vaginal. En España, si te penetraban analmente, no era violación, sino abusos deshonestos. Yo en ningún momento entré en el morbo, y eso que se podía hacer fácilmente. Entonces, yo tenía fama de ser un hombre muy templado y cuidadoso. Me llamaban Sor Teresa de Calcuta. Y en aquella época, al parecer, según le pasaba a Ramón Arangüena, era inimaginable que alguien pudiera estar enfadado conmigo. Entonces, en las entrevistas que hacía, al final hacía esa pregunta. Y la gente se sorprendía: “¿Yo? Yo no he tenido nunca ninguna polémica con él”. Incluso había mucha gente que salía diciendo: “¡Yo soy muy amigo de Iñaki!”. No, no, no. Ni amigo mío ni leches [risas]. Fíjate si era fácil imaginarse tener una agria polémica con Iñaki Gabilondo.