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"El pacto entre PSC y PSOE debería estar condicionado a que este último apoyase la consulta"

Días después de abandonar el Consell Nacional de su partido, Tura critica que el equipo de Navarro hable de "diálogo" y después no consienta la discrepancia interna

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Ni las derrotas electorales, ni las crisis internas. Ni una ni otra consiguieron que Montserrat Tura (Mollet del Vallès, Barcelona, 1954) abandonara el Consell Nacional del PSC -el máximo órgano entre congresos del partido- donde ha permanecido en los últimos 33 años en los que ha sido diputada en el Parlament, alcaldesa de su ciudad y consellera de Justicia e Interior de los gobiernos de Pasquall Maragall. Pero la crisis abierta entre Catalunya y España, que ha derivado en una nueva crisis dentro de su partido, sí ha logrado que ella, referente del sector más catalanista de la formación que dirige Pere Navarro, haya decidido tres décadas después volver a ser sólo una militante de base. La conversación telefónica con Público tuvo lugar ayer, tres días después que anunciara su decisión a través de su cuenta personal de twitter. 

Después de 33 años como miembro del máximo órgano entre congresos del PSC. ¿Por qué ha decidido tomar esta decisión?

Existe una doble razón. Una de ellas es la ambigüedad con el que el PSC se posiciona en unos momentos en los que el debate de reivindicación nacional es muy amplio en distintos sectores de la sociedad.  La otra es que son tiempos de profundización democrática. Y lo que hagamos dentro de las organizaciones políticas tiene su trascendencia en el exterior. Si estamos hablando de diálogo, de buscar diferentes sensibilidades, o de establecer puentes no puede ser que dentro del partido, en el momento en el que se hace una consideración de que las cosas no funcionan, esto sea rápidamente significado como algo inadecuado o incorrecto, y se ponga en duda toda una trayectoria. Es lo que ha pasado a raíz de un artículo inofensivo que publiqué a finales de agosto y que tuvo una reacción muy exagerada por parte de la dirección.

¿Se siente víctima de una caza de brujas?

Bueno, no.  Eso suena siempre muy duro. En el Consell Nacional yo dije que estaba dispuesta a discutir mis diferencias acerca del ideario político. Pero me parece mal que se utilicen elementos de descrédito que muchas veces son inventados, o suposiciones. Se dice: 'Con la trayectoria que ha tenido, ¡cómo no va a tener esa posición!' Y yo digo: '¿Qué trayectoria he tenido? concrete usted'. O dice: 'Se va a ir a militar a otro partido político'. Y yo respondo: No, eso no es cierto. Yo me quedo como militante de base porque soy más socialista que nunca.

¿No se ha planteado en ningún momento dejar el partido?

No, en ningún momento. Creo que somos depositarios de un proyecto de un valor inconmensurable. Somos depositarios de un legado histórico que se ha hecho con el paso de los tiempos y que ha sido capaz de adaptarse a las nuevas demandas de la sociedad en materia de libertades públicas y personales. Y se ha adaptado a diferentes momentos de la economía de nuestro país, y ha defendido los servicios públicos y la igualdad de oportunidades. Yo voy a ser socialista hasta que muera. Seguro.

¿Cuál es la discrepancia que tiene entonces con la dirección del PSC?

El compromiso que adoptamos en 1978, que fue el pacto del artículo segundo de la Constitución, comprometiéndonos a que el territorio fuera indisoluble si se reconoce que existen naciones, ha sido incumplido permanentemente durante estos años. En Catalunya fuimos los primeros en solicitar una modificación del Estatut para ampliar competencias y volver a ratificarnos como nación, porque formaba parte del pacto del 78. Después de la sentencia del Constitucional, creo que era el momento de plantear una ponencia para modificar la Constitución y dar vía al Estatut que había ratificado el pueblo de Catalunya. Porque si esto no sucedía lo que se ha vivido en los tres años posteriores estaba cantado. Si ahora nos posicionamos en la sentencia del Estatut de 2006 es que no hemos entendido cuál ha sido la evolución del sentimiento nacional de la población catalana.

Les acusan de ir a rebufo de lo que hace el president de la Generalitat, Artur Mas. 

No es que vayamos a rebufo de CiU, que es un partido de derechas y muy conservador en su política económica y no podemos coincidir. El problema es cuando al nacionalismo se le regalan actitudes de las instituciones españolas que le dan razón en sus argumentos. Por tanto, mientras las balanzas fiscales sean negativas, mientras no se reconozca la solidaridad que se ha mostrado desde Catalunya, el papel de tirón industrial e innovación, y se le someta a una desconsideración cultural y lingüística, y económica y fiscal, el nacionalismo se va llenando de argumentos que en algunos casos son incontestables.

¿Considera, como dice Marina Geli, que la solución pasa por un David Cameron español que avale la consulta?

No existe el calco político. Todo el mundo tiene su historia y España tiene la suya. Y el tema de Catalunya ha emergido cada siglo con mucha fuerza. El catalanismo político, incluso como en el caso de Pi i Maragall, ya hablaba del libre consentimiento de las naciones para constituir un Estado. Y Pasquall Maragall hablaba de la unión en libertad. Ese lenguaje no sólo ha sido desoído sino que ha sido desconsiderado, maltratado por las instituciones españolas. Eso ha ido sumando un sentimiento de incomprensión. Y un Estado que se quiera de derecho y moderno no puede intentar someter a toda una realidad nacional en contra de su voluntad.

¿Cree entonces que si el Gobierno accediera a que se celebrara una consulta habría más posibilidad de entendimiento?

Claro. Absolutamente. Y también creo que a pesar de las diferencias que hayamos podido tener con el PSOE, sería mucho más fácil que con el PP. Pero ni el uno ni el otro acaban de entender que el artículo segundo de la Constitución tenía dos partes y no era casual. Se hablaba de la indisolubilidad del Estado pero también del reconocimiento de las nacionalidades. Y este pacto que supuso una gran renuncia por la izquierda y por los nacionalismos no se ha entendido nunca.

¿Votaría usted que sí a la independencia en una consulta?

Yo lo que estoy planteando es que la pregunta independencia sí o no es la de ERC, la de un Estado propio dentro de la UE es la formulación de CiU, y que a los socialistas nos gustaría más una pregunta sobre la libertad de los pueblos: ¿Cree usted que las naciones deben unirse de manera voluntaria?

Ese es un planteamiento muy general.

Es igual. Se formule como se formule habrá muchos votos a favor de la libertad de Catalunya porque el Estado no tiene el más mínimo interés en entender que las normas no son sagradas, pueden modificarse y en que los principios sí son sagrados, y el principio de la libertad de la decisión está muy arraigado en Catalunya.

¿Ve entonces insuficiente el planteamiento que le hizo Rubalcaba a Mas la semana pasada sobre el hecho de que la consulta se centre sólo en la reforma constitucional en clave federal?

Hace tres años hubiera sido una revolución, pero hoy es insuficiente. Valenciano lo formulaba el otro día con una expresión que era interesante. Dijo: 'vamos a solicitar que se abra la ponencia constitucional para que pueda incorporarse Catalunya como ella quiera ser incorporada'. Muy bien, si las instituciones españolas quieren saber cómo queremos ser incorporados o entendidos, que permitan que nos expresemos, porque cualquier otra cosa va a fracasar. 

Tal y como están las cosas. ¿Tiene futuro el acuerdo PSOE-PSC?

Lo tendría si el PSOE se moviese un poco más. El documento de Granada significó un paso adelante para el PSOE, pero dos pasos hacia atrás para el PSC. Y si el PSC tiene la sensación de que da pasos hacia atrás ese pacto no va a ser posible. Sin embargo, la unión es necesaria si el PSOE quiere ganar las elecciones en España.

¿Ese apoyo del PSC al PSOE debería estar condicionado a que el PSOE apoyara la consulta?

Yo creo que sí, y no porque sea un capricho mío. Igual que el PSC ha sido un partido con un apoyo desde las fábricas a las escuelas, desde el mundo rural a los innovadores y creadores, hoy la petición de que se deje expresar a Catalunya como un signo de libertad democrática es ampliamente aceptado en estos sectores. Se debe escuchar lo que la población está reclamando en estos momentos, que es un conjunto de decisiones políticas. No es una moda pasajera.

¿A qué cree que se debe el descalabro de su partido en las encuestas?

No somos creíbles, y cuando uno no es creíble suceden estas cosas.

¿Por qué no son creíbles?

No lo somos porque la propuesta federal no tiene antecedentes de éxito. Lo que se está pidiendo hoy es un paso más. Ahora, o marcamos una diferencia en la nación catalana y somos muy consecuentes o somos unionistas: se nos ve del lado de los que están a favor de los que creen que nos maltraten como nos maltraten debemos seguir unidos a España. Y eso no tiene credibilidad en muchos sectores de la población.

¿Qué diferencia habría entonces entre el PSC y otros partidos como ERC o CiU?

ERC quiere la independencia sí o sí, y CiU formula las cosas en una ambigüedad. Nosotros debemos defender que Catalunya es una nación y que sólo va a persistir dentro de España si esta persistencia se puede expresar libre y voluntariamente. Libres para formar parte y libres para salirnos. Si esto hubiese constado en la Constitución del 78 la historia de España hubiera sido distinta, porque el Estado, sabiendo que la persistencia de sus naciones era voluntaria, hubiera sido distinta.