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Observatorio Continuo de JM&A

Puigdemont pincha y deja que un tripartito se sitúe a un solo escaño de la mayoría absoluta

Aunque de momento los partidos soberanistas siguen sumando por la mínima en el Parlament de Catalunya, según los sondeos, las estimaciones de Jaime Miquel y Asociados para 'Público' indican que ERC se está colocando en situación de capitanear una reedición del Tripartit clásico (con PSC y CeC) si cambia de estrategia y renuncia a la vía independentista

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Reparto de escaños en el Parlament de Catalunya tras el 21-D según las estimaciones de JM&A para 'Público'.

La lectura fácil de los últimos sondeos sobre la carrera hacia el 21-D en Catalunya sería reconocer que es muy difícil que el bloque soberanista baje de los 68 escaños que suponen mayoría absoluta en el Parlament, por mucho que la participación se dispare por encima de un estratosférico 80% del censo.

Pero si se escarba un poco en las tablas se descubre que Carles Puigdemont ha pinchado: "Se ha cargado su campaña planteando un referendo sobre la continuidad de Catalunya en la Unión Europea", explica el analista electoral Jaime Miquel. "Ha despreciado el espacio donde podía disputar las elecciones a ERC para insistir en la utopía en contienda con las CUP".

ERC sabe que va a ganar por primera vez las autonómicas catalanas y quiere tener las manos libres

El resultado es que el president cesado y refugiado en Bruselas ha abierto la puerta para la reedición de un Tripartit como el que ya gobernó dos legislaturas en Catalunya, puesto que Esquerra Republicana se ha negado a participar en una lista única soberanista, para quedar liberado del yugo de Puigdemont por mucho que siga reconociendo su autoridad en la Generalitat. ERC sabe que va a ganar por primera vez las autonómicas catalanas y quiere tener las manos libres.

Según las estimaciones del último desk research (estudio ponderado de todos los sondeos disponibles) elaborado para Público por Jaime Miquel y Asociados (JM&A), un tripartito de izquierdas capitaneado por ERC –tras renunciar a la vía independentista unilateral impuesta por la CUP– sumaría ya (con el PSC y Catalunya en Comú) 67 escaños si las elecciones se celebrasen en este momento. Pero la evolución del electorado a medida que avance la campaña puede darle la vuelta a la tortilla.

"Si el resultado de Puigdemont queda por debajo de los 500.000 votos, el PDECat le habría ganado con cualquier candidato", subraya Miquel. "Pero, además, si sigue avergonzando a los votantes de toda la vida de Convergència –a los que no les gusta nada que se vaya diciendo por ahí que muchos catalanes están a disgusto en la Unión Europea– se cargará la suma de 68 actas de identidad nacional catalana y hará sumar el tripartito”.

Tabla completa de estimaciones de JM&A para el 21-D, comparadas con los resultados en las autonómicas catalanas de 2015. %vv significa porcentaje de votos válidos y %c porcentaje del censo.

Al separarse, ERC y JxC pierden un escaño con más votos

Tal como se puede ver en la tabla completa de resultados estimados por JM&A que se muestra más arriba, los dos partidos que acudieron a las autonómicas de 2015 en una lista única (JuntsxSí) aumentan su porcentaje de votos válidos en casi un punto (hasta sumar el 40,4%) pero pierden un escaño con respecto a los que obtuvo JxSí por efecto de la ley electoral. Al mismo tiempo, las CUP se hunden, perdiendo 93.000 votos (el 28% de los que obtuvieron en 2015) y dos escaños.

De esta forma, los tres partidos que han protagonizado el desafío independentista al Estado mantendrían la mayoría absoluta, aunque sólo con un escaño más del mínimo de 68, pero reducirían notablemente su porcentaje de votos válidos (46,1% frente al 47,7% anterior) a causa del bajón electoral de las CUP.

Pero lo más importante que reflejan esos resultados es el fracaso de la estrategia de Puigdemont, ya que –al no conseguir que los soberanistas aceptasen reunirse en una "candidatura del president" única– queda de manifiesto que la antigua Convergència i Unió (CiU) se ha desplomado: no sólo queda muy lejos del primer puesto –empatado en tercer/cuarto puesto con el PSC–, sino que ha caído a la mitad del número de votos que conseguía en las autonómicas de 2010 y 2012.

Antes de la candidatura conjunta JxSí, era ERC la que se tenía que conformar con medio millón de votantes, frente a los más de un millón de CiU. Ahora, la fuerza electoral de estas dos formaciones quedaría casi exactamente al revés, con una Esquerra triunfante y situada en los 1,1 millones, y un Junts per Catalunya en caída libre hacia los 600.000 o incluso menos. El motivo, según Miquel, es descarnado:

"Que Puigdemont sea idiota en el ámbito electoral no debería impedir que alguien le explicase cómo funciona esto", afirma Jaime Miquel

“Que Puigdemont sea idiota en el ámbito electoral no debería impedir que alguien le explicase cómo funciona esto: si su partido no se ocupa de la parte de la nación catalana que no quiere unilateralidad, pero no es de izquierdas, pues no se ocupa nadie, los maltratan y se abstienen. Haciendo el Varoufakis se dirige a uno de cada diez de los que votan y desde luego que a ninguno de los votantes de la antigua Convergència Democràtica de Catalunya" (CDC).

En cuanto a ERC, "ha tenido especial interés en quedar liberada para hacer un tripartito de los de toda la vida mientras reconoce la autoridad última de Puigdemont, que es el líder de una candidatura rival", explica Miquel. "Esto cuesta votos, pero se trata de la acción táctica adecuada: dejar al president virtual y fungible disputándose la utopía con las CUP, mientras giran con el grueso de los votantes de identidad nacional catalana al autonomismo, antes demonizado pero ahora la política real. Otra cosa es que sumen 68 o más diputados con el PSC y CeC, que de momento, no”.

Algo que, sin embargo, puede cambiar de aquí al 21-D a causa de la movilización sin precedentes de los electores catalanes, que también queda patente en el hecho de que (en las estimaciones de JM&A) el número de los electores que suelen dar su voto simbólico a partidos alternativos que no obtienen ninguna representación parlamentaria se va a reducir drásticamente (en un 35,5%) porque los votantes saben que esta consulta es histórica y crucial.

Igualmente, se prevé una tasa de participación sin precedentes, a pesar de que la supuesta "mayoría silenciosa" a la que se refieren constantemente C's y Ciudadanos en realidad no existe, ya que en 2015 hubo un desorbitado 77,44% de participación, algo inusitado y que no deja casi margen de crecimiento.

Aun así, JM&A estima que puede llegar a participar un récord del 80,4% del censo y pese a ello las cuentas siguen siendo inapelables: por mucho que crezcan Ciudadanos (+3% en votos y +3 escaños) y el PSC (+1,8% y +3 diputados), no van a llegar –con un PP debilitado (-0,8% y -1 parlamentario)– ni siquiera hasta diez escaños de distancia de la mayoría absoluta. Y pretender sumar con ellos a los de Catalunya en Comú es un ejercicio fútil de demagogia, ya que tanto Podem como Ada Colau son incompatibles con C's y PP.

La única alternativa posible a una nueva mayoría soberanista es un reeditado tripartito de izquierda

Así que, como argumentábamos desde el principio, la única alternativa viable a una repetición de la mayoría soberanista sería un nuevo tripartito de izquierdas, apoyado en los excelentes resultados previsto para ERC y el PSC. Algo que sería factible si en la campaña CeC se repusiera de la crisis interna de Podem tras la exclusión de Albano Dante y atrajese apoyos de votantes deseosos de cambio pero temerosos de la ruptura traumática y la amenaza de la aplicación despiadada del Artículo 155 por parte del Gobierno de Rajoy.

Fenómeno que podría realmente producirse, teniendo en cuenta las transferencias de votantes que reflejan los estudios demoscópicos de JM&A. Por ejemplo, CeC está en su momento más débil –algo que podría reparar una enérgica campaña de Colau–, mientras que Ciudadanos ya no puede crecer más, tras arrebatarle 58.000 votantes al PP y otros 20.000 al PSC, y movilizar a 94.000 electores más desde la abstención.

El crecimiento del PSC se debe a que atrae a 30.000 votantes procedentes de los Comunes y, sobre todo, logra sacar de la abstención a 84.000 de sus seguidores. Pero la movilización es máxima porque hasta el PP –que pierde más de 20.000 votos en total– consigue arrastrar hasta las urnas a 61.000 de sus seguidores que se abstuvieron en 2015.

Así que las espadas siguen en alto, pero la guerra de tronos se va a decidir en Barcelona, única circunscripción en la que C's, PSC y PP sumarán más escaños que los independentistas (40 a 37, más 8 de CeC). Igualmente, sólo en Barcelona los no independentistas (incluyendo aquí a CeC) superan la mitad de los votos (prácticamente un 55%), cosa que no ocurre ni en Tarragona, aunque sea por una décima de punto. Este es el panorama previsto por JM&A para Barcelona (los gráficos son interactivos y pasando el cursor por encima de las barras aparecen las cifras exactas):

Además, es muy difícil vaticinar el resultado final exacto en Barcelona porque en el reparto por la Ley d'Hondt de los últimos restos de los votos, ERC, PSC y PP están separados por sólo mil sufragios. En consecuencia, ERC y PP podrían perder un escaño, mientras que C's y JxC podrían ganar uno, sobre los resultados previstos por JM&A en la gran circunscripción catalana.

En cambio, en Lleida, Tarragona y Girona está ya todo muy decidido incluso antes de que comience la campaña electoral. De hecho, en la primera no parece haber margen para que ninguno de los cuatro mayores partidos ganen o pierdan algún escaño con respecto a esta previsión:

En Tarragona, en cambio, sí podría perder un escaño ERC, y ganar uno, respectivamente, C's y PSC con respecto a esta estimación:

Y, finalmente, en Girona podría perder uno PSC y C's, así como ganar uno ERC, con respecto a esta previsión:

En cualquier caso, los márgenes son estrechos en cuanto al número final de escaños asignados a cada partido, así que las verdaderas alternativas de gobierno en Catalunya que surgirán de las elecciones del 21-D serán: o una nueva mayoría soberanista, o un reeditado tripartito de izquierdas. Y ninguna de las dos gustaría al Gobierno de Rajoy que convocó estos comicios.