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Urgencias La Paz La enfermedad crónica de las urgencias del Hospital La Paz

El colapso del fin de semana pasado no es una cuestión de picos puntuales, denuncian los trabajadores del hospital público, que se quejan de estar desbordados de trabajo durante todo el año. Piden más personal, más camas, más material y una reforma urgente de unas infraestructuras más que obsoletas. ‘Público’ lo ha podido comprobar en primera persona.

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Una sala de urgencias del Hospital La Paz de Madrid publicada por los trabajadores. Denuncian que hay 19 pacientes donde sólo debería haber seis.-@Urgenciaslapaz

Todo el mundo sabe que las urgencias de un hospital público de Madrid no son precisamente un hotel de cinco estrellas. Ni siquiera de dos. Hay que esperar (mucho), tener paciencia (demasiada) y pasar por alto detalles que serían inasumibles si se tratara de un centro privado. Suele ser un lugar de quejas, lamentos y enfados; bien por las dolencias, bien por las esperas o por las dos cosas mezcladas. Muchas veces se exagera sobre el mal estado de las urgencias de la sanidad pública, pero es una realidad cotidiana de la que uno sólo se acuerda cuando le toca padecer los recortes en gasto público que se acometieron con la crisis y que, ya en plena supuesta recuperación, no se han subsanado.

El caso del departamento de urgencias del Hospital Universitario de La Paz hace tiempo que traspasó las líneas rojas de cualquier estándar de calidad, según denuncian médicos, enfermeras, auxiliares, celadores y sindicatos. Todos menos la dirección del hospital, que en un comunicado de este viernes ha hecho un esfuerzo por desmentir las denuncias y noticias que se han publicado durante toda la semana. Los recursos económicos, materiales y humanos de las urgencias son “adecuados” y “los necesarios” para para “cubrir las necesidades asistenciales”, afirma la nota.

Las alarmas saltaron en los medios de comunicación el pasado fin de semana. Sólo entonces, aseguran los trabajadores, la dirección está actuando, aunque sea para desmentirlo todo. El sindicato de enfermería SATSE publicó un duro comunicado en el que denunciaba un fin de semana “caótico” en las urgencias del hospital. Según decía, había “camas cruzadas en el interior del servicio” y “profesionales desbordados” por un aluvión de llegadas a un lugar ya de por sí saturado.

Todo se intensificó con una serie de fotografías que mostraban el estado deplorable del centro: Pacientes en camillas amontonadas en zonas de paso, grifos de los que sale agua amarillenta, suciedad e insectos en el suelo, pacientes sin biombos ni intimidad, carencia de sábanas o toallas limpias y un sinfín de escenas que distan mucho de ser adecuadas. Las imágenes las difunde desde hace tiempo una cuenta de Twitter de trabajadores anónimos del hospital para denunciar que la situación no es puntual, sino una enfermedad ya crónica que las urgencias del centro padecen desde hace años sin que se ponga una solución definitiva sobre la mesa.

“Hemos llenado de quejas, notificaciones y solicitudes los cauces formales para denunciar esta situación y pedir más medios a la dirección del hospital, pero hasta que no se han publicado fotos y han aparecido noticias parece que les ha dado igual. En seguida llenaron el hospital de carteles amenazantes prohibiendo que se hicieran fotos”, afirma a Público un profesional sanitario con puesto fijo en el hospital que prefiere no dar su nombre ni especificar si es médico, enfermero o auxiliar por miedo a represalias del algún tipo. “Lo del fin de semana pasado es un pico, una saturación puntual, sí. Pero el servicio de urgencias está masificado siempre y este pico volverá a darse. Si no es esta semana será la que viene. Cuando estos picos se producen tantas veces dejan de ser cosas puntuales”, señala en una sala de las urgencias, fuera de la vista de cualquiera. Allí recuerda con una sonrisa indignada que ya en 2008 hubo que meter a algún paciente en el cuerpo de la fotocopiadora.

Según denuncia el SATSE, “la situación no es ocasional sino que lleva años repitiéndose" y los colapsos son periódicos. “Los profesionales de la Urgencia se ven desbordados para poder atender a la población que demanda atención y el Servicio se satura. No hay usuarios en los pasillos, explican, dado que la Dirección lo ha prohibido pero sí boxes (espacios donde se atiende a los pacientes) con dos o tres veces los pacientes que deberían”. Y todo esto antes de que llegue la anual epidemia de gripe, a la que desde hace tiempo se le tiene auténtico pánico en urgencias.

Pacientes hombro con hombro

Pasadas las 20.00 horas del jueves, no puede decirse que las urgencias estén colapsadas, aunque el aspecto de los boxes es caótico y el número de pacientes muy alto. Salta a la vista que hay más enfermos de los que debería y menos enfermeros y auxiliares de los necesarios en cada uno de los boxes donde son atendidos y esperan su diagnóstico. No es que no haya biombos, es que en algunos ni siquiera hay separación entre las camas. Hasta cuatro enfermos se agolpan pegados a las pareces y unos a otros, prácticamente tocando hombro con hombro. “Si hay que atender a alguno de los dos que están en el centro, primero hay que separar las dos camas de los extremos. Esto no es aceptable ni mucho menos operativo. Es denigrante”, critica Guillén del Barrio, un joven enfermero de 28 años, delegado sindical del Movimiento Asambleario de Trabajadores de la Sanidad (MATS).

En La Paz se atienden una media de 600 urgencias cada día

Guillén pertenece a un sindicato alternativo, minoritario en casi todos los hospitales, pero muy crítico y activos con el estado de la sanidad pública en Madrid y que, a diferencia de otros consultados, no ha tenido reparos en mostrar y explicar in situ los problemas que denuncia. "Lo que sale en las fotos es verdad", insiste al periodista.

Lo cierto es que ni a pacientes ni a profesionales les molestó que un reportero se diera un paseo por las instalaciones. “Me parece muy bien, la gente tiene que saber cómo están las cosas para que entienda que los trabajadores hacemos todo lo que podemos para que estén bien atendidos”, apunta una celadora. Y las cosas están, cuando menos, antiguas.

Urgencias, la gran denostada de la sanidad

Francisco Franco inauguró este hospital en 1964 y, desde entonces, se ha convertido en un complejo hospitalario de referencia a nivel nacional. Tiene 17 edificios y cuatro grandes hospitales integrados. Todo un mastodonte de la sanidad pública con cerca de 7.000 trabajadores que, además, es famoso por sus investigaciones. Pero en urgencias parece que no ha pasado el tiempo. “Se han hecho reformas, se han puesto parches, pero hace falta una reestructuración integral que no llega”, denuncia Gillem, que incide en que atienden unas 600 urgencias cada día. Fuentes de la dirección reconocen que es un centro muy antiguo y que hay necesidades. “Está previsto abrir a finales de diciembre una nueva sala de observación en urgencias que actualmente está en obras y dotarla con el personal necesario. Asimismo, está previsto un plan de mejora de las instalaciones de urgencias a medio plazo”, explican. Sin embargo, Guillén asegura que esas obras llevan paradas un tiempo y que son otro parche más que sumar a una larga lista.

“Es un gran hospital, pero parece que las urgencias están denostadas. Todo el mundo prefiere ser famoso por los trasplantes antes que por las urgencias”, lamenta otro trabajador consultada por este diario que también prefiere el anonimato. Lleva más de una década trabajando en urgencias y sintiendo que no llega a todo. “Lo de este fin de semana pasa constantemente. Lo hemos notificado, pero nuestro superior último siempre es un cargo político, un puesto de confianza que no quiere problemas”, explica. Una de las razones de los colapsos, argumenta, es que los pacientes que llegan por urgencias pasan demasiado tiempo esperando a que los lleven a planta. “Yo puedo atenderle, diagnosticarle y darle un tratamiento rápido pero, si tiene que esperar tres días a que le ingresen porque no hay camas en planta, son tres días que pierdo una cama en urgencias mientras no dejan de llegas más pacientes”, lamenta.

“Nos han prometido que llegaremos pronto a las 80 camas, pero ni si quiera está presupuestado”

El espacio en el que traban es tan reducido que no caben todos los enfermos y algunos se colocan en lugares de paso o salas. “Hay mucha improvisación”, dicen varios empleados. Eso sí, nadie en los pasillos porque “desde que La Sexta publicó un vídeo con gente en pasillos hace meses, el hospital lo ha prohibido tajantemente. Pero se colocan donde se puede”, dice el enfermero. Antes de salir del box 1, un anciano espera tumbado en una camilla estrecha cerca de la puerta. Apenas sobra espacio a los lados de su cuerpo. Guillen coloca la mano sobre el colchón. “Ni tres dedos de grosor”, dice indignado. “Es una camilla de traslado, para cuando hay un accidente de autobús, pero este señor lleva aquí horas porque no hay libre otra cama y es muy probable que pase la noche ahí. Quizás 24 horas”, asegura. 

Según dice Guillén, el box 2 se divide en A y B. En cada uno debería haber seis camas, pero esta tarde hay 19 personas allí. “El record lo hemos tenido en 24 y, contando el box 2B, 42”, apunta. La dirección del hospital lo niega a Público, pero es lo que denuncian más trabajadores, estén afiliados a un sindicato o no.

En las urgencias de La Paz hay 62 camas, las obras previstas añadirán alrededor de diez, según calculan los sindicatos. Muy lejos de las cien que piden. “El Hospital Ramón y Cajal atiende 40.000 urgencias menos que nosotros al año y tiene 95 camas. Tiene 22 profesionales de enfermería por turno y nosotros sólo 18”, apuntan. “Nos han prometido que llegaremos pronto a las 80 camas, pero ni si quiera está presupuestado”, desconfía Guillén.

Entre sillas de ruedas ─con o sin enfermos─ y bombonas de oxígeno, junto a las camas, la familiar de un paciente pide un formulario de reclamación a una doctora que le indica cómo hacerlo y le anima a ello. Guillén le explica que es mejor que lo haga online. “Para presentarlo en persona le van a poner trabas porque la dirección no quiere reclamaciones”, explica el enfermero. “Entiendo el colapso, entiendo la espera. Son las urgencias, pero lo que no se puede tolerar es la desorganización y que te lleven de un box a otro sin que te digan nada. Es caótico”, dice.

En el box de preingreso, el familiar de otra paciente escucha atento las críticas que los profesionales expresan a Guillén y al periodista. Se llama Hugo y lleva 72 horas en urgencias acompañando a su madre enferma. Insiste en que “los profesionales son estupendos y hacen lo que pueden con los medios que tienen. El problema es que los medios son horrorosos”. Hugo pasa con su madre por estas urgencia dos o tres veces al año desde hace años, y confirma que siempre está saturada y que muchas veces se colocan a enfermos en sillones, entre las camas, porque no hay más espacio. “Son pocas enfermeras y auxiliares para tantos pacientes”, se queja.

Contrataciones temporales

“No damos la calidad que el usuario se merece”, lamenta Marina Sepúlveda, enfermera y delegada del SATSE. “No es que no sepa hacer bien mi trabajo, es que me es imposible llegar a todos los pacientes. Necesitamos más personal, más contrataciones en enfermería y más material”, insiste. Asegura que, desde que las urgencias de La Paz salen en los periódicos, la Consejería de Sanidad se ha comprometido a contratar más profesionales de enfermería, pero no ha especificado cuántos.

Esther Quiñones, delegada de CCOO en La Paz, donde ha trabajado los últimos 28 años, confirma que se han producido contrataciones durante esta semana. “Alguna enfermera y algún auxiliar, pero para estos picos”, puntualiza. Recuerda que hace más de 50 años que La Paz se puso en marcha y que hay zonas obsoletas y muchas cosas que hay que reformar. “Se han hecho obras pero falta mucho y no parece que llegue presupuesto de la Consejería”, apostilla. También incide en que los colapsos vienen también provocados porque los hospitales de nueva construcción no disponen de todas las especialidades. “Este es un hospital de referencia en España y mucha gente viene a urgencias aquí directamente”, señala. “No doy ni quito credibilidad a las fotos que están saliendo, pero desde luego que hace falta más inversión”, lamenta.

"Sé que estoy haciendo mi trabajo mal porque hay más pacientes que recursos", dice una doctora residente

En la zona de preingreso, una joven enfermera le da la noticia a Guillen lo que parece una buena noticia: “Me han contratado, me lo han dicho hoy”, asegura. Es parte de ese “refuerzo del personal de enfermería” que la dirección asegura que contrata “cuando se produce un pico de actividad”. 15 días va a durar su contrato. “Menos da una piedra. A lo mejor me vuelven a contratar para la campaña de la gripe”, confía.

Sin embargo, no sólo piden refuerzos las enfermeras y los celadores. Una médico residente que también prefiere ocultar su nombre, asegura que las condiciones que en un día cotidiano no tiene ni un momento libre. “No hago ni el 50% de lo que yo creo que tengo que hacer, sé que estoy haciendo mi trabajo mal porque hay más pacientes que recursos”. Son unas declaraciones preocupantes si se tiene en cuenta que la vida de muchos pacientes depende de ella. “Soy residente, aún me estoy formado, pero tengo una sensación horrible por tener tanto trabajo. Vamos con miedo. En círculos pequeños, todos los residentes lo comentamos. Vivimos agotados por turnos de 24 horas, librando sólo un día y trabajando ese tiempo al 200%. Eso lleva a errores médicos de diagnóstico y de tratamiento que pueden ser graves”, advierte.

"No tenemos ventilación, hay condiciones insalubres, hay suciedad porque no hay limpiadores suficientes, hemos visto bichos y pasamos el día esquivando camillas con pacientes atravesadas y amontonadas. hay condiciones tercermundistas y si los pacientes se curan y el servicio sale adelante no es por la buena gestión, sino porque este oficio es vocacional y no nos vamos sin atender a gente que lo necesita", enumera desesperada otra doctora.

Mientras tanto, la dirección del hospital niega la evidencia y en su comunicado afirma que "esta situación no tiene nada que ver con las denuncias efectuadas de forma anónima, en las que se utilizan imágenes de pacientes para reivindicaciones laborales". Achaca los "momentos puntuales" de saturación a la "implantación de un nuevo sistema informático de la historia clínica en todo el hospital" que produce "algunos retrasos en el ingreso de pacientes en planta" y asegura que "no hay ninguna restricción económica ni de material ni de recursos humanos en el Servicio
de Urgencias". Sigue negando que sea necesario lo que demandan los mismos profesionales que salvaron la vida a la presidenta regional, Cristina Cifuentes, cuando en 2013 sufrió un grave accidente de tráfico.