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9,63 segundos para reconciliarse con Dios

Usain Bolt elige el momento para volver a ser el mejor: ni el dolor de espalda ni la noche ni derrotas caseras merman al héroe jamaicano. Blake y Gatlin le secundan en el podio

ALFREDO VARONA

Jamaica ganó otra vez. Jamaica tiene a Usain Bolt y no hay mejor defensa ni mejor ataque que ése. En realidad, es un velocista maravilloso, capaz de elegir el momento y de reconocer su importancia. Los héroes son así: respiran como los humanos, pero se comportan como los dioses. Saben que no todos los días tienen la misma importancia y arbitran los años a su manera. Enhorabuena a Usain Bolt. Un nuevo récord olímpico en los 100 metros (9,63) alimenta su biografía. La carrera fue inigualable en una noche perfecta. Siete de los ocho velocistas bajaron de 10 segundos.

Estados Unidos no se siente derrotada en esas condiciones. En las derrotas uno tiene la culpa y aquí la única culpa de Estados Unidos es que Bolt lleva el uniforme de Jamaica. Justin Gatlin, que fue bronce, lo celebró como si hubiese vuelto a ganar el oro en Atenas 2004. Quizá lo de esta vez tuvo más mérito. Entonces no corría Bolt ni tampoco Johan Blake. El líder de Jamaica era Asafa Powell, un tipo con cuerpo de ganador y cara de perdedor. Toda la vida le ha sucedido así en las grandes finales, y ya no hay remedio. Va a cumplir treinta años, sí que su lesión, la que no le permitió correr más rápido de 11,99 en los 100 metros, es un dato menor en el estadio Olímpico de Strafford.

1. USAIN BOLT. Sólo se puede escribir en mayúsculas de él, reconocer su inteligencia para diferenciar el momento. Esta vez, a diferencia de Pekín, se exprimió de veras. Hubo menos teatro y más pelea. La sombra de Blake apretó fuerte, pero Bolt lo resolvió con eficacia. Fue un triunfo claro, rotundo, con récord olímpico. Una prueba monumental que diferencia a la gente que no se olvidará jamás. Bolt ha resuelto en 9,63 segundos las dudas de los últimos tres años. En realidad, en semifinales ya empezaron a disolverse: pasó con una solvencia tremenda en 9,87. Así que tendrá nuestra confianza eterna y hay que pensar que esas declaraciones ("me duele la espalda") y esas derrotas en competiciones menores forman parte de la psicología de los 100 metros.

2. JOHAN BLAKE. Era el hombre del año, el oro en el último Mundial de Daegu 2011. No ha decepcionado a nadie. Ha corrido en 9,75, ha pasado las semifinales con un tiempo de 9.85. Va a cumplir 23 años y sabe que el oro olímpico puede esperar. En realidad, ha ido sobrado. Su único problema es que existe Usain Bolt. Quizá Blake no tiene esa velocidad final. Pero es un trabajador insaciable al que ni siquiera Bolt advierte límite. Blake no permitió que los americanos, absolutamente recuperados para la causa, llegasen por delante de él. Jamaica aprecia su plata como el oro de Bolt

3. JUSTIN GATLIN. Fue el más rápido en semifinales (9,82). A los 30 años, el campeón olímpico en Atenas 2004, donde un 9,85 le valió el oro, pretendía regresar al pasado. Ha estado sancionado cuatro años por dopaje y ahora es otro hombre, con un hijo que le ha ayudado a sentar la cabeza y a desafiar al mundo entero. "No quiero sonar maleducado, pero creo que su momento ha pasado", dijo de él Usain Bolt. Pero Gatlin sale de Londres como un triunfador. Ha corrido en 9,79, impresionante. Su bronce le sitúa como el primero de los humanos. Bolt y Blake quizá pertenezcan a otro planeta.

4. TYSON GAY. El jueves cumple 30 años y es una edad alta para estos fregados. Sobre todo, para un hombre que en 2011 estuvo fuera de las pistas por una operación de cadera. Aun así prometió que iba a llegar a Londres con un nivel altísimo y lo ha hecho, al mismo nivel de 2007 cuando ganó el oro en 100 y 200 en el Mundial de Osaka. No quedaba otro remedio. Él mismo dijo que "con 9,80 no había opción a medalla" y así ha sido. Gay corrió en 9,80. Se ha quedado sin medalla. Parece imperdonable.

5. DAILY BAILEY. Salió muy fortalecido de las semifinales con 9.96. Fue el único velocista que corrió en manga larga. Tiene una biografía durísima, abandonado por sus padres, que le ayudará a crecer. Londres ha sido su presentación en sociedad. Salió mejor de lo que acabó (9,88) en una carrera en la que no se desperdició ni una centésima. Fue el mundo a cámara rápida. En realidad, sin Usain Bolt hubiera sido probablemente la final olímpica más abierta del mundo. Allí estuvo Bailey, de 23 años.

6. CHURANDI MARTINA. A los 28 años, el velocista de las Antillas holandesas ha vuelto a demostrar que está entre los mejores. Hizo todo lo que en otro tiempo le hubiese dado medalla. Corrió en semifinales en 9.91 y en la final en 9.84. Pero está no fue bajo ningún concepto una carrera al uso. Fue la mejor final de la historia olímpica. Así que Martina fue otro triunfador más de esta superproducción.

7. RICHARD THOMPSON. Fue el único que no bajó de los 10 segundos en semifinales. Pero eso no era suficiente para poner límite a sus sueños. Thompson, de 27 años, ya ganó la plata en Pekín con 9.89. La diferencia es que esta vez con 9.98 ha sido séptimo. Una prueba de lo que subió el nivel en Strafford.

8. ASAFA POWELL. Hasta los últimos treinta metros, estuvo en carrera. Pero entonces se lesionó o, quien sabe, su cabeza le apartó de la batalla. Cualquiera sabe lo que pasó tratándose de Powell, un hombre que había dicho antes de llegar a Londres que "Usain Bolt me ha enseñado a relajarme". La impresión fue esa en semifinales, pero la final fue más fuerte que él. Una pena imposible de solucionar ya. Va a cumplir 30 años.

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