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Dylan, el disco de un amante herido

El músico regresa de forma inesperada con un álbum, ‘Together through life’, escrito a medias con el poeta Robert Hunter. Consagrado al desamor, estas son sus canciones más románticas en 30 años

JESÚS MIGUEL MARCOS

Einstein alumbró la Teoría de la Relatividad cuando tenía 26 años. Fue su gran descubrimiento, una zancada de gigante que no pudo repetir. Al final de sus días, fracasó en su intento de crear una teoría que unificara las fuerzas fundamentales e incluso sufrió el ninguneo de otros investigadores. Nada que no le pasara a otros superhombres, desde Jesucristo a Freud, pasando por Kant o Bismarck. La vida hay que terminarla fracasando, parecen decirnos con su ejemplo. Fracasando, se entiende, ante los ojos de los otros.

Bob Dylan, como todo genio, también ha sido ninguneado. Lo fue cuando enchufó su guitarra eléctrica en Newport, también en su etapa cristiana y no digamos durante la década de los 80, cuando enlazó varios discos menores. En la biografía escrita por Howard Sones, el autor cuenta que cuando participó en el 25 aniversario de Woodstock en 1994, en un momento especialmente bajo de su carrera, se recluyó en el camerino y no quería salir al escenario por temor a una reacción negativa del público, mayoritariamente compuesto por nuevas generaciones.

A partir de ese momento, mediados de los 90, la marca Dylan no ha hecho otra cosa que subir su cotización. Grammys, buenos discos, grandes críticas, conciertos hasta la bandera... Incluso su salto a la escritura con el primer volumen de su autobiografía, Crónicas, le ha revelado como un escritor no bueno,  sino excepcional.

Dylan nunca para, pero la publicación de su nuevo disco, Together through life -a la venta el martes 28 de abril-, ha pillado por sorpresa a su público -acostumbrado a recibir nuevo material de Dylan de forma mucho más espaciada- e incluso a su propia discográfica, que esperaba el álbum para finales de año. En una época en la que los grupos se dan de tortas porque su sello les haga caso, Dylan hace una llamada y toda la maquinaria productiva y promocional de Sony se pone en fila y a su servicio. Sobre todo, después de que su anterior trabajo, el magnífico Modern times, alcanzara el número 1 de las listas norteamericanas y despachara 2,3 millones de copias en todo el mundo. Acostumbrado en los 60 a que él pusiera las canciones y The Byrds se llevaran las ventas millonarias, Dylan debe haberse quedado atónito ante su inesperada condición de superventas sexagenario.

La culpa de este parto inesperado la tuvo Life hard, un tema compuesto para la película La vie en rose, de Oliver Dahan. El cantante de Minnesota entró al estudio para grabar esa canción y salió con diez. Un combinado clásico de blues pantanoso, country rural, flecos de jazz, rock and roll nocturno y tex-mex fronterizo, con la voz agrietada y monstruosa de un Dylan que interpreta cada sílaba con meticulosa emoción.

En lo musical, la principal novedad es la presencia casi constante del acordeón, interpretado por David Hidalgo, de Los Lobos. También está Mike Campbell, guitarrista habitual de Tom Petty, que aquí asume la responsabilidad en la mayor parte de los solos. En una primera escucha, Together through life se presenta menos exhuberante que su predecesor, sin que eso signifique que se eche en falta su habitual riqueza de matices y que las interpretaciones de las canciones dejen de ser sobrebresalientes.

Llama la atención, eso sí, que Dylan no pusiera inconveniente en regalar la descarga en MP3 del primer single del disco, Beyond here lies nothin', después de haber criticado sin piedad el sonido de los discos que se producen hoy en día.

La gran novedad de lo nuevo de Dylan está en las letras, que por primera vez en muchos años escribe junto a otro autor. Se trata de Robert Hunter, un poeta que conoció a principios de los 60 en Nueva York y que es conocido por haber escrito las letras de algunas de las mejores canciones de The Grateful Dead. No es la primera vez que colaboran juntos: ya escribieron un par de temas para Down in the groove, el disco que el músico publicó en el año 1988.

Sorprende que Dylan, autor de cientos de canciones, de repente escriba un disco a medias (Hunter participa en nueve de las diez canciones, sólo This dream of you es entera de Dylan). La única vez que el de Duluth hizo algo parecido fue hace más de 30 años, en Desire, coescrito junto a Jacques Levy. ¿Cómo termina Dylan componiendo con otro? ¿Y por qué? Pese a tenerle delante varias horas para una larga entrevista -la única que ha dado Dylan para promocionar este disco-, Bill Flanagan, vicepresidente de la cadena VH1, no logró resolver el interrogante. "No hay ningún proceso. Sencillamente, lo haces", respondió tajante el cantante al ser preguntado por la colaboración con Hunter.

El disco entero es una declaración de amor. "Mientras estés a mi lado / el mundo entero es mi trono / más allá de esto no hay nada / nada que pueda llamar mío", canta en el primer single, Beyond here lies nothin'. Dylan aparca todo atisbo de ironía o acidez y sencillamente se rinde ante el poder magnánimo del sentimiento amoroso, que lo hace prisionero y lo desnuda en su debilidad. "De día estéril en día estéril mi corazón permanece cerrado con llave, / camino por el bulevar,  admitiendo que la vida es  dura / si tú no estás cerca", recita en Life is hard.

La amada ha desaparecido, es invisible, y el disco se consagra a su búsqueda. En If you ever go to Houston -una bella e intensa tonada con el acordeón de protagonista-, Dylan asume la posibilidad del delito ante la desazón de la soledad: "Tengo que librarme de esta fiebre, enterrarla en mi cerebro". Y en la siguiente, Forgetful heart, suena más desesperado que nunca, totalmente roto: "Toda la noche / tumbado sin dormir y escuchando el sonido del dolor / la puerta se ha cerrado definitivamente / si es que alguna vez hubo una puerta". El disco más romántico de Dylan desde Blood on the tracks.

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