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"Hice esta película con una libertad total"

Paul Schrader estrena Mishima, su obra más personal remasterizada y remontada

SARA BRITO

Fue un taxista, Travis Brickle, quien le llevó hasta un escritor, Yukio Mishima. "Desde que escribí Taxi Driver (1976) quería hacer otra película sobre la patología de la glorificación del suicidio, pero sentía que debía irme a otra cultura y a un personaje opuesto: un hombre exitoso, intelectual, homosexual, pero igualmente fascinado por la muerte", explica, en conversación desde Nueva York, Paul Schrader, guionista habitual de Scorsese desde Taxi Driver y hasta Al límite (1999), y uno de los hombres de aquel nuevo cine americano que copó Hollywood en los setenta.

Mishima: Una vida en cuatro capítulos (1985) película que se estrena mañana tras un proceso de remasterización y remontaje es, según el mismo Schrader, su mejor película como director. "Es un filme único, que hice con una libertad total", recuerda. En efecto, los 121 minutos de Mishima son una experiencia excesiva e insólita, más cercana a una ópera que a un biopic al uso.

El filme, dividido en cuatro capítulos, aborda la vida del ambiguo escritor japonés, que acabó sus días al hacerse un harakiri en el despacho de un general del ejército japonés. Schrader cuenta el complejo universo de Mishima de quien se acaba de editar El color prohibido mediante un puzle que engarza tres niveles narrativos y estéticos, unidos por la banda sonora de Phillip Glass. "Sabía que el filme estaba hecho de pequeñas piezas. Le dije a Phillip: yo he creado los botes, tú harás el río por el que naveguen", explica.

Esos botes son las novelas de Mishima que aparecen como montajes teatrales, su biografía estática y en blanco y negro y su último día, para el que utiliza cámara en mano y colores lavados.

Pero antes de que empezara a rodarse, otra historia de suicidio había comenzado: la de un filme condenado al harakiri comercial. "Una película como ésta no podría hacerse ahora, pero en realidad tampoco era posible hacerla entonces", reconoce entre risas. Schrader consiguió que Warner Bros financiara la mitad de la producción, gracias al apoyo de Coppola y George Lucas. La otra mitad vino de Japón, de una productora que de esa manera se aseguraba que el filme no se estrenaría en el país, evitando la polémica política que rodea a Yukio Mishima, quien se fue arrimando a una derecha reaccionaria y nostálgica.

Mishima se une así a la nómina de personajes solitarios e inadaptados de Schrader. "Vengo de una familia holandesa, comunista y muy estricta. Por más rápido o lejos que corras, no se puede huir de donde vienes", concluye.

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