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Las lecciones del Alakrana

Los principales actores implicados en la resolución del secuestro evitan la autocrítica en su balance de 47 días de crisis en el Índico

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'Para que estos temas se resuelvan bien y rápido, la prudencia y la discreción son la mejor receta; es una lección que debemos aprender como país'. El presidente del Gobierno cerró el pasado martes con esta apelación los 47 días de secuestro del Alakrana.

La prudencia y la discreción han sido justo las dos virtudes que no siempre acompañaron a la singladura del miedo que las mafias somalíes del abordaje obligaron a recorrer a los 36 tripulantes del atunero vasco desde que fueron capturados en el Índico. Cuarenta y siete días 'Muy largos para todos', según María Teresa Fernández de la Vegadan mucho de sí. Han puesto a prueba la templanza de la oposición y han permitido medir la capacidad del Gobierno para moverse en el difícil territorio de una crisis.

El secuestro ha medido la templanza del PP y la capacidad del Ejecutivo

El delicado cauce de la prudencia se desbordó en más de una ocasión, hasta desembocar en un océano de enfrentamientos políticos nada velados. Mientras, quedaban pulverizados el ánimo y la paciencia de los familiares de latripulación.

¿Qué lección invoca Rodríguez Zapatero? Todos los actores implicados en esta crisis han tratado de hacer pedagogía, aunque esta revisión no equivalga siempre a realizar un ejercicio de autocrítica.

Zapatero prescribió 'prudencia' a partir de ahora en futuras crisis en el Índico

El riesgo de faenar fuera de la zona de seguridad

El Alakrana fue abordado el 2 de octubre, cuando faenaba a 413 millas de la costa de Somalia, fuera del perímetro de seguridad que los propios atuneros comunican a las fuerzas aeronavales de la UE para garantizarse auxilio en caso de amenaza. Es una extensión que equivale a la mitad de la superficie de España.

Defensa insta a los atuneros a seguir las directrices de seguridad en la zona

La fragata Canarias, que participa en el desplieguecoordinado por la operación Atalanta contra la piratería, se encontraba a 800 millas del Alakrana, la distancia que hay entre Madrid y Las Palmas.

Los atuneros 'tienen que entender que es fundamental que atiendan las directrices que se han marcado y que ellos han elegido', explica un responsable de Defensa. 'Ellos eligen ese perímetro', subraya esta fuente, que recuerda la necesidad de que la flota que faena en la zona amenazada no olvide las indicaciones de reforzar su autoprotección con seguridad privada, dotada de armas largas, sistemas de alerta y otras medidas, como focos que dificulten la operatividad de las lanchas de lossecuestradores.

'El perímetro de seguridad no existe como tal', replican los armadores. Es una indicación que se traslada a la Armada con la zona en la que se concentran más buques. Julio Morón, gerente de la Organización de Productores Asociados de Grandes Atuneros Congeladores (OPAGAC), una de las dos patronales del sector, reclama que 'se mejore la vigilancia de los puertos' que dan cobijo a los piratas en Somalia y que 'se adapte la operación Atalanta al caso de los buques pesqueros'. Es decir, que se considere a los atuneros igual que a los mercantes que navegan para el Programa Mundial de Alimentos de la ONU, y se les permita embarcar efectivos militares.

El Gobierno aduce que las leyes españolas y el Derecho marítimo no lo permiten aunque Francia sí lo hace.Argumenta también, con el aval de la cúpula militar, que razones de operatividaddesaconsejan la medida.

¿Y no hay caladeros menos conflictivos que el Índico? Sí, en el Atlántico y el Pacífico, pero su capacidad está limitada. España pesca allí con 11 pesqueros. 'O están en el Índico o al paro', advierte Morón, quien hace especial hincapié en la ruina que significaría para las decenas de empresas que viven alrededor de la actividad de pesca, especialmente en Galicia yEuskadi.

La polémica decisión de traerlos a España

Un día después de producirse el secuestro, la dotación de la fragata Canarias detuvo a bordo de un esquife a dos piratas armados que acababan de descolgarse del Alakrana. El 4 de octubre, la Audiencia Nacional abrió el proceso judicial que los mantiene aún encarcelados en España.

Ambos llegaron a Madrid ocho días después y su periplo judicial abonó la codicia de sus compinches en Somalia, que vieron en sus compañeros caídos una oportunidad para introducir un elemento más de presión en su coreografía de amenazas. La relevancia real de este factor se ha confirmado a posteriori, sin embargo, mucho menor.

'Los secuestradores reservan una partida del 5% de cada rescate obtenido para cubrir determinadas contingencias, como sus bajas', explican fuentes conocedoras de las negociaciones que permitieron liberar el Alakrana. La captura de los dos piratas se tradujo así, únicamente, en términos contables para el clan al que ambos pertenecían. Una familia menor entre las cuatro que asaltaron al atunero.

El laberinto legal al que se enfrentan ahora abre tres escenarios: el improbable indulto del Ejecutivo, la expulsión o el más factible convenio con Somalia, para que cumplan allí su condena una vez sean juzgados en España.

Esta última vía es la única a la que no se cierra el Gobierno. A muchas millas de distancia, en Somalia, los compinches de los detenidos ya han puesto fecha para su regreso 'antes del 15 de febrero', según trasladaron los jefes del clan de avistadores de buques al que pertenecen los dos piratas.



¿Disensiones en el Ejecutivo de Zapatero?

El traslado a España de los dos piratas detenidos y la retransmisión de sus vicisitudes procesales era 'seguida en tiempo real' por los secuestradores en Somalia, según admiten los mandos del operativo militar desplegado en la zona.

La polémica abierta por la conveniencia o no de su conducción a la Audiencia Nacional fue finalmente resuelta, desde la autoridad que dan los galones es un teniente general, por el Jefe del Estado Mayor de la Defensa(JEMAD), José Julio Rodríguez. ¿Hubo un informe de los servicios de inteligencia desaconsejando su traslado?, se preguntó con insistencia al Ejecutivo durante semanas. 'El Gobierno se ha limitado a cumplir la ley', era la esencia desu respuesta.

El mandato de la operación Atalanta ordena conducir a los piratas apresados al país que abandera al buque atacado con carácter prioritario.

¿Estuvo ese documento en la mesa que reúne a la célula de crisis liderada por la vicepresidenta De la Vega? 'Sólo llevé decisiones, no informes' zanjó el JEMAD. Los sensores de inteligencia desplegados en la zona, españoles y de otros países de la operación Atalanta, han reportado decenas de análisis de todo tipo algunos, incluso, contradictorios; son gajes de las complejas circunstancias de su oficio a lo largo de esta crisis. Un total de 567 efectivos de las Fuerzas Armadas han participado en esta misión. Quizá sean los únicos actores que han mantenido en todo momento la discreción reclamada por Zapatero.

Tres comunicados, el primero de la Audiencia Nacional y los dos siguientes firmados por Defensa, enredaron la polémica sobre quién ordenó el traslado de los piratas a Madrid. El Gobierno subrayó que 'todo el mundo hizo lo que tenía que hacer'. Las palabras del JEMAD han puesto paz sobre este asunto, que degeneró en la supuesta existencia de diferencias entre la titular de Defensa, Carme Chacón, y la vicepresidenta De la Vega en el seno de la Comisión de Coordinación que se constituyó el día del secuestro para gestionar su solución. 'Nunca existieron', asegura tajante un testigo de estas reuniones. 'Son encuentros en los que se analiza la información que llega al Ejecutivo a través de muchas vías', explica.

El director del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) se sentaba también en ese sanedrín de decisiones junto al JEMAD y los titulares de Defensa, Exteriores y Pesca, encabezados por la vicepresidenta primera del Ejecutivo. El papel del CNI ha sido clave en esta crisis. A su mando se encuentra el teniente generalFélix Sanz Roldán, antecesor de José Julio Rodríguez al frente de la estructura operativa de las Fuerzas Armadas entre los años 2004 y 2008.




Las víctimas de la guerra psicológica

El presidente del Gobierno se reunió el pasado 10 de noviembre en la Moncloa con los familiares de la tripulación retenida en el Alakrana. Ese día, las familias tornaron en silencio la enorme angustia que habían trasladado a viva voz durante los días anteriores, actuando legítimamente como correas de transmisión de la coacción que los piratas ejercían sobre la tripulación del buque secuestrado.

Siguiendo una cuidada estrategia, los piratas reactivaron la preocupación sobre la suerte del Alakrana el 5 de noviembre, profiriendo amenazas de muerte bajo una lluvia de disparos al aire. La retransmisión dramática que los marineros hicieron llegar a sus familiares por teléfono surtió el efecto esperado por sus captores. Tres tripulantes habrían sido desembarcados como represalia por el encarcelamiento en España de dos de sus compinches. Una tétrica representación ensayada en otros secuestros para inundar de incertidumbre a la opinión pública a través del dolor de los familiares de la tripulación.

Para el Gobierno fue el momento más difícil de gestionar, por la complejidad de emociones que entraban en juego. Durante todo el apresamiento, la ministra de Medio Ambiente, y Medio Rural y Marino, Elena Espinosa, ha tratado a diario con las familias de los tripulantes. Esa era su misión. Ellos, sin embargo, han denunciado en ocasiones falta de atención por parte del Ejecutivo.



Un secuestro retransmitido en directo

'Cada línea publicada encarece el secuestro', admitía un miembro del Ejecutivo implicado en la resolución de la crisis una semana antes de su conclusión. Prensa, radio y televisión se han empleado con voracidad para intentar trasladar cada detalle de la evolución del secuestro casi en tiempo real. Los despachos que asesoran a las mafias piratas desde Londres son también su agencia de comunicación y les trasladan el eco que sus movimientos producen en laopinión pública.

Para conciliar el derecho a la información con la prudencia exigible en estos casos la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) se ha planteado a raíz de este caso abrir una reflexión para buscar un criterio que sirva de referencia. 'Los medios no pueden hacer un apagón informativo, que eso es más propio de las culturas periodísticas anglosajonas', sostiene Magis Iglesias, presidenta de la FAPE.

Cuando el fotoperiodista español José Cendón fue secuestrado en Somalia en noviembre de 2008 junto a un corresponsal del Daily Telegraph, los medios británicos pactaron un silencio que allanó su liberación. 'Responsabilidad y ética' son los conceptos que reclama Iglesias para informar en situaciones de crisis. El Gobierno coincide. Una portavoz de Defensa defiende que el 'derecho a la información', se combine en estos casos con altas dosis de sentido analítico.



El PP se lanza al abordaje del Gobierno

'Lo más contraindicado en estos casos es el aprovechamiento de cada circunstancia para hacer debate político', explica el portavoz socialista de Defensa, Jesús Cuadrado. ¿Qué lección política saca el PSOE de la crisis? 'Que diga lo que diga el PP, no hay que entrar en el juego de responderles', concluye. El PP llevó el secuestro al Parlamento desde el primer día 'cosa que no se ha hecho en ningún otro país', asegura el Gobierno acusando al Ejecutivo de actuar de forma errática y con una 'debilidad absoluta' ante el terrorismo.

El PNV ha evitado el cuerpo al cuerpo, e incluso los conservadores vascos han actuado con cautela reservando sus críticas hasta el momento final: 'Se sabía que podía pasar y no se pusieron medios para evitarlo', lamenta Antón Damborenea, líder del PP vizcaíno.

'La lección que podemos sacar es que no hay nada peor que la falta de determinación y descoordinación del Gobierno y enfrentamiento entre ministerios en un tema tan importante', sostiene a toro pasado Arsenio Fernández de Mesa, vicepresidente de la Comisión de Defensa del Congreso y diputado del PP.

¿Cabe hacer autocrítica sobre sus reproches? 'Esa pregunta ya la respondió Rodríguez Zapatero cuando agradeció al PP su actitud durante el secuestro', contesta al digerir la prudencia y discreción prescritas por el jefe del Ejecutivo para rebajar la fiebre política encendida por el Alakrana.

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