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"Si llega un guiri, hay que decirle hello"

MIGUEL ALBA

Fue el primer día de las tres eses. Sonrisas, seguridad y spanglish. Un microclima que envolvió los alrededores del hotel Villa Magna, mientras el resto de la ciudad sucumbía a su rutina. La sonrisa se ha convertido en la mueca obligada del personal del Villa Magna.

Se mantiene incluso cuando, en una de las puertas de servicio, apuran un pitillo. Eso sí, cuando se les pregunta por las primeras bajas en el minibar de las habitaciones del COI, nadie habla. "Nos tienen prohibido contar nada", señala un cocinero. Intentar cruzarse con alguno de los evaluadores por algún pasillo resulta atrevido. 380 euros por noche. La tarifa, eso sí, no exime de cruzar un arco de seguridad antes del check-in.

Un ejecutivo despistado que camina hacia la entrada del hotel comenta la escena por su iPhone. "Madrid está tomado por la policía". El despliegue simula un día de Juegos. Del protocolo antiexplosivos no se libran ni los taxistas estacionados en la parada de Ortega y Gasset. En un bar cercano, un camarero hace suya la amabilidad que le ha propuesto un técnico de la candidatura. "Si entra un guiri, le diré hello. Que se vea que aquí no será por el inglés".

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