Este artículo se publicó hace 17 años.
La Mallorca más dulce
Un viaje gastronómico, cultural y natural por la isla balear de la mano de su producto más emblemático: la ensaimada.

Si hay un producto tradicional que defina a Mallorca, ese producto es la ensaimada. De acompañamiento del chocolate en la merienda de las clases altas a repostería que se llevan a casa casi todos los turistas, este producto repostero se ha elaborado y consumido en la isla desde muy antiguo. En el siglo XVII aparecen las primeras referencias escritas sobre ella, desde 2003 es Indicación Geográfica Protegida, y su elaboración artesana sigue siendo una de las señas de identidad que la definen. Como producto propio de toda la isla, la ensaimada invita a un viaje gastronómico en el que, tomándola como punto de partida, podemos recorrer algunos de los lugares emblemáticos de Mallorca con un toque de lo más dulce:
El recorrido puede empezar por la propia capital, Palma, donde podemos detenernos para comprobar cómo su emblemática catedral gótica ha sabido integrar el mural cerámico vanguardista de Miquel Barceló. La fachada marítima ofrece callejuelas en las que se conserva el espíritu artesano de la ciudad, mientras que en el barrio judío, la aljama, las escuelas hebraicas y la sinagoga Mayor nos hablan de otra parte del pasado. Muy cerca de la ciudad, el castillo de Bellver, con su característica planta circular, ha funcionado como palacio real o prisión, con inquilinos tan ilustres como la reina Violante, el intelectual Gaspar Melchor de Jovellanos o el militar y político Arsenio Martínez Campos. Más recientemente, ochocientos presos republicanos fueron recluidos entre sus muros durante la Guerra Civil.
Y junto a Palma, a 28 kilómetros al norte, en plena Sierra Tramuntana, Deià: de la ciudad a uno de los conjuntos rurales más cuidados de la isla, de estrechas y empinadas calles en las que habitaron personajes ilustres y bohemios como Manuel de Falla, el pintor Russinyol o el escritor Robert Graves. Descubiertos sus encantos no resulta difícil averiguar por qué buscaron aquí refugio.
Las playas son otra parada obligada para cualquiera que se acerque a la isla. Formentor, Cala Agulla, Es Trenc, Cala Mondragó, Cala Macarella... Aguas claras y arenas finas que constituyen una de las marcas de Mallorca. Como también lo son, aunque mucho menos famosos para el turista, sus patios señoriales: espacios urbanos que invitan al recogimiento y la calma entre palmeras, espectaculares escalinatas y luz filtrada.
Claro que si de espectacularidad hablamos, ésta podría venir definida por múltiples espacios naturales dentro de la isla. Del cabo Fromentor al mirador del Colomer o d´en Parietti, de la zona húmeda de Es Salobrar al islote de Sa Dragonera, uno de los primeros perfiles que distingue el navegante al llegar a Mallorca, con su antiguo faro de Na Pòpia.
Lugares todos ellos ideales para disfrutar de un producto, la ensaimada, que aunque a estas alturas ya haya adquirido fama nacional y hasta internacional, sigue teniendo en Mallorca su cuna y el lugar en el que un viaje gastronómico por ella adquiere todo su sentido.
El portal de turismo de las Islas Baleares, www.illesbalears.es, dedica un apartado específico a Mallorca que puede ser útil para quienes se estén planteando visitarla y probar sus deliciosas ensaimadas.
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