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Menchov hace un guiño al Tour y Samuel Sánchez al Mundial

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La Vuelta a España cerró la 62 edición con la consagración definitiva del ruso Denis Menchov y el protagonismo de los españoles Carlos Sastre y Samuel Sánchez, que fueron los grandes animadores de una ronda que vivió en su segunda semana momentos de apatía que dieron realce a temas periféricos, como el veto de la UCI a Alejandro Valverde para el Mundial y la guerra de las tres grandes con la propia Federación internacional.

Menchov demostró que potencialmente puede ser un ganador del Tour y junto a la Cibeles se cargó de razones para creer en el proyecto. Consiguió una victoria con todos los honores, que borró el agridulce recuerdo de su triunfo en los despachos en 2005.

En cuanto a los españoles, Carlos Sastre batió el récord de presencias en el top ten de las grandes y se ganó el cariño de los aficionados por su lucha en las últimas etapas, pero Samuel Sánchez acaparó el protagonismo con tres triunfos de etapa. Su estado de forma le permiten soñar con el Mundial de Stuttgart. Ahora es el más fuerte del pelotón.

La Vuelta nació en Vigo en un clima marcado por el dopaje, UCI mediante, tema que preocupaba a la organización, que clamaba por un trayecto tranquilo, alejado del escándalo que padeció el Tour. Y terminó en Madrid con el objetivo en el bolsillo, aunque nunca está de más cruzar los dedos hasta conocer el resultado definitivo de todos los controles realizados.

La primera semana marcó la carrera, sobre todo la contrarreloj de 50 kilómetros en Zaragoza, donde Menchov dio virtualmente el carpetazo. Un error de cálculo que benefició al hombre más fuerte de la Vuelta y castigó al grupo de escaladores, con Sastre al frente. "Será difícil que volvamos a poner una contrarreloj superior a los 35 kilómetros", reconoció con sentido crítico el director de la carrera, Víctor Cordero.

La segunda semana fue un canto a la siesta. Otro fallo de diseño con demasiadas etapas intrascendentes, sin alicientes. Faltó un final en alto que despertara la lucha en los primeros puestos. Algo para tomar nota para el futuro. En la recta final de la Vuelta las etapas de Ávila, Abantos y la cronometrada de Villalba permitieron que apareciese una leve sonrisa en el rostro de la ronda española, apartado que fue posible gracias a las exhibiciones de Sastre y "Samu", que desalojaron del podio al australiano Cadel Evans.

Pero la Vuelta convivió con otros aspectos de mucho peso, no exentos de polémica y tintes de ruptura. La crisis del ciclismo continúa y los próximos acontecimientos pueden ser de mucho calado. Por una parte la expectación se desvió al duelo UCI-Valverde, con el máximo organismo del ciclismo mundial decidido a que el murciano no pueda optar al maillot arco iris de campeón Mundial.

Por otra, en Granada se reunieron los directores de Vuelta, Tour y Giro para decirle a la UCI que no aguantaban ni un minuto más en el Pro Tour, y se salieron de ese calendario que resultó polémico desde su origen. La respuesta de dicho organismo está por llegar. Lo hará en la semana del Mundial y tiene visos de echar más leña al fuego. Las Federaciones nacionales pueden tomar el mando en las tres grandes. Vísperas de ruptura.

Tampoco faltó la noticia de la culpabilidad de Landis con el correspondiente triunfo oficial de Óscar Pereiro en el Tour 2006. Muchos acontecimientos que se unieron a la caída de audiencias televisivas, el indicador que anima a patrocinadores, al final los que pagan el invento.

De los errores se aprende y la Vuelta deberá plantearse los cometidos este año. Como debe considerar la posibilidad de volver a las fechas del mes de abril, en estudio para próximas ediciones.

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