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Muere a los 103 años el escritor Francisco Ayala

Distinguido con los Premios Cervantes (1991) y Príncipe de Asturias de las Letras (1998), su narrativa estaba caracterizada por el escepticismo

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El escritor, ensayista, novelista, crítico literario y sociólogo español, Francisco Ayala, ha fallecido a los 103 años en Madrid, ha informado el presidente de la Fundación Ayala, Rafael Juárez.

Su capilla ardiente se ha instalado este martes en el tanatorio del Parque de San Isidro, en Madrid, desde las 19.00 horas.

Los restos del escritor granadino serán incinerados 'en un acto privado', dado que el escritor, uno de los grandes intelectuales del siglo XX, 'no quería que se hiciera entierro ni funeral' tras su muerte.

En las últimas semanas, Ayala tuvo dificultades respiratorias y fue atendido por Pedro García Barreno, médico y académico de la Lengua, y por neumólogos del Hospital Gregorio Marañón. El escritor se fue debilitando poco a poco, y 'lo último que perdió fue la voz, casi un símbolo', añadió el director de la RAE.

'Sabíamos que este día tenía que llegar, pero estábamos ilusionadamente confiados en que Ayala resistiría más tiempo, aunque éramos conscientes de que en cualquier momento podría fallecer', afirmó García de la Concha.

En sus últimos años vivió como un cómico que lleva esperando a que se baje el telón. Pero no terminaba de caer. Detrás deja mucho escrito, mucho porque había vivido demasiado y de forma intensa. Su mirada no es la de un erudito, sino la de un creador que además fue sociólogo, traductor y un gran lector. También fue crítico y docente. Una personalidad de muchos saberes, de un estilo brillante y persuasivo. 'La vida sin literatura no es vida; se convertiría en un peñasco, en algo inerte y sin sensibilidad', dijo.

Pero, si como él mismo subrayó, la biografía de un escritor consiste en sus escritos, la biografía literaria de Ayala es la de un narrador extraordinario. Él, que criticaba a los políticos porque un día se dormían con una ideología y se levantaban con otra 'y no pasa nada', pasó los últimos días con cierta distancia sobre la política. Leía todos los días el periódico, se sentía responsable. Y algunas de sus teorías de los 40, como la globalización, los problemas de libertad en la sociedad de masa, se han cumplido.

'Nunca ha dejado de causarme asombro el efecto de los símbolos'

Su vida fue literatura porque, como él mismo decía, todos vivimos literariamente, pero sin saberlo o sabiéndolo. Él lo sabía. Testigo de la historia del siglo XX y escritor excepcional, sus 103 años de vida han sido los del siglo más fascinante y terrible de la historia.

Ayala abrió los ojos a la vida en la Granada rural, forjó su criterio y carácter en plena Gran Guerra en una familia progresista por parte de madre y conservadora por parte de padre, y creció al impulso de los vanguardistas e intelectuales durante los felices años veinte.

Ayala fue el primer español en hacer literatura europea. Conservó la lucidez, pero también tenía principios: dignidad, mesura, lealtad, comprensión y humor inteligente. Vivió en la Alemania previa al nazismo, en la República con dedicación, como Letrado, y luego parte al exilio, en el Buenos Aires de Borges, Bioy Casares, Cortázar y tantos otros, y hasta vive en Nueva York. Retornó a España tras su jubilación, donde vivió justísimos reconocimientos.

La obra de Ayala es fruto del 'secreto de su envidiable vitalidad', nunca revelado, y alimentado por leyendas de si es el whisky o la miel (que toma tres veces al día) la medicina milagrosa de su lúcida longevidad.

El autor de La cabeza del cordero (1949), Los usurpadores (1949), Historia de macacos (1955), Muertes de perro (1958), El fondo del vaso (1962), Diablo mundo (1964) y de los Jardines de las delicias (1971) y de las malicias (1988) tiene una producción literaria de más de cincuenta libros que abarca la novela, el cuento, el ensayo y la crítica literaria.

1929 amplió en Alemania sus conocimientos de Filosofía

Doctor en Derecho y Filosofía y Letras por la Universidad Central (posteriormente Complutense) de Madrid, en 1929 amplió en Alemania sus conocimientos de Filosofía, Política y Sociología.

En enero de 1935 obtuvo la cátedra de Derecho Político de la Universidad tinerfeña de La Laguna y al año siguiente, se incorporó como Letrado de las Cortes.

Influido por el vanguardismo de los años 20, publicó su primer libro con 19 años de edad: la novela Tragicomedia de un hombre sin espíritu (1925), a la que siguieron Historia de un amanecer (novela) en 1926 y los relatos El boxeador y un ángel (1929) y Cazador en el alba (1930).

Tras la guerra civil española, Ayala se exilió hasta 1950 en Buenos Aires (Argentina), donde impartió Derecho y Sociología y fundó la revista Realidad.

En 1950 se trasladó a Puerto Rico, invitado por su Universidad, en la que reorganizó los estudios de Ciencias Sociales y fundó la revista La Torre.

De Puerto Rico pasó a EEUU, donde vivió hasta 1960 y ejerció la docencia en el Brooklyn College de Nueva York y la Universidad de Chicago, entre otros centros.

En 1960 regresó a España, aunque alternó estancias en EEUU, donde le fue concedido el título de Doctor en Literatura por la Universidad Northwestern de Illinois en 1977.

En diciembre de 1983 fue elegido académico de la Lengua e ingresó en esta Academia el 25 de noviembre de 1984, con el discurso La retórica del periodismo, para ocupar la vacante del gramático Salvador Fernández Ramírez (sillón 'Z').

Ayala recibió en 1991 el Premio Cervantes y en 1998, el Premio Príncipe de Asturias. En ese mismo año (1998), se constituyó en Granada la Fundación Francisco Ayala, a que el escritor ha donado un importante legado documental y bibliográfico, y que fue inaugurada años más tarde, en marzo de 2007.

Con motivo de su centenario, en 2006, esta Fundación y el Ministerio de Cultura organizaron varios actos.

Nombrado presidente del Patronato de la Biblioteca Nacional el 23 de junio de 2005, el célebre escritor ha sido objeto de homenajes por parte de organismos como el Ministerio de Cultura en la Biblioteca Nacional (1990 y 2009), Círculo de Bellas Artes de Madrid (2001), Asociación de Prensa de Madrid (2002), Real Academia Española de la Lengua (2007), el Instituto Cervantes de Nueva York (2007) o el Hay Festival Alhambra de literatura (2008).

En 2007, en memoria de su labor pionera como uno de los grandes analistas euroamericanos de la comunicación audiovisual, nació el Premio Internacional de Comunicación Audiovisual Francisco Ayala.

Ese mismo año, el escritor inauguró la Caja de las Letras en la antigua cámara acorazada de la sede central del Instituto Cervantes, donde depositó un legado secreto y una carta manuscrita, que podrá conocerse dentro de 50 años, en 2057.

Su avanzada edad no impidió al escritor, un hombre moderno que tiene en Internet una Facebook de más de 700 admiradores, desarrollar un ritmo intenso de actividad literaria y pública.

En octubre de 2007 presentó los seis volúmenes de su revista del exilio Realidad y en 2009, en el aniversario de sus 103 años, declaró, emocionado, que agradecía tanta 'generosidad' y 'cariño', aunque reconoció estar un tanto 'avergonzado' al 'oír palabras tan elogiosas y exageradas' respecto a su persona, pues durante toda la vida se ha limitado a 'cumplir' con su 'deber'.

En octubre de 2009, la Revista de Occidente publicó nueve cartas inéditas del novelista Francisco Ayala a la escritora argentina Victoria Ocampo, en las que se refleja la buena amistad entre ambos autores. Estuvo casado con la catedrática de la Universidad de Nueva York Caroline Richmond, experta en su obra, y tiene una hija (Nina).

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