Este artículo se publicó hace 17 años.
Vida después de una huelga a la japonesa
Hirokazu Koreeda retrata las relaciones familiares en la brillante Still Walking

Unos incómodos visitantes se instalaron en la cabeza de Hirokazu Koreeda (Tokio, 1962) cuando murió su madre: el remordimiento y la culpa. Es cierto que el cineasta japonés había estado muy ocupado rodando películas, pero no lo es menos que a menudo utilizaba como excusa su trabajo para no visitar la casa familiar. Ahora ya era tarde para hacerlo, pero no para transformar su pesar en un filme luminoso, Still Walking, que transcurre durante la visita fugaz, no exenta de humor, de dos hijos a sus ancianos padres.
"El tono melodramático podría haber hecho aflorar mis sentimientos sobre la muerte de mi madre, que me afectó mucho, pero ntenté no dejarme arrastrar por el pesar y rememorar los momentos en los que estaba viva", contaba el cineasta, con gesto reconcentrado, durante el pasado Festival de San Sebastián, donde fue aclamado por la crítica.
En su lucha contra las bajas pasiones, utilizó un arma clásica del cine japonés: la atención por el detalle. "Me esforcé en crear una puesta en escena que evitara el sentimentalismo. Me centré en los pequeños objetos cotidianos un cepillo de dientes o un pijama que pueden reflejar la nostalgia o el paso del tiempo", explica.
"Me esforcé en crear una puesta en escena que evitara el sentimentalismo"De que el tiempo pasa se da uno cuenta perfectamente cuando entrevista al director, que intercala largos silencios entre pregunta y respuesta, en lo que, por momentos, parece una parodia de una cultura reservada y silenciosa. ¿Por qué el hijo no se atreve a contarle al padre que está en paro?, pregunta el reportero. Koreeda escucha, reflexiona durante medio minuto, y responde: "Teme que se lo eche en cara, que aproveche para recordarle que tenía que haber sido médico, como él. La vida del padre gira en torno al trabajo. Existe una rivalidad subterránea entre ambos. Siempre la hay entre los hombres".
Campo de batalla, el hogarUno de los puntos álgidos del filme son las sutiles descripciones de las luchas de poder entre el padre y el hijo, pero también entre el padre y la madre. "¿No ocurre eso también en España?", pregunta el director tras pasarse veinticinco segundos en silencio. Sí, contesta el reportero. Silencio. Tick, tack, tick, tack.
Unos cuarenta segundos después, Koreeda vuelve a arrancarse. "El padre no encuentra su lugar porque en Japón no hay sitio en casa para un padre jubilado, para un hombre que sólo sabe relacionarse en la sociedad del trabajo. No está acostumbrado a pasar tanto tiempo en casa, se siente desplazado. Para el hijo, ver a su padre sin sitio es chocante. Para el padre es difícil aceptar que sus nietos hablen de la casa de la abuela. Hasta que no acepte la nueva relación de poder, no mejorarán las cosas", dice antes de volver a caer en el más profundo de los silencios.
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