Guía para calcular el gasto de kWh en tu casa
La factura de la luz es uno de los gastos clave en todo hogar, por ello no es preciso identificar dónde estamos gastando nuestro dinero.

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La factura de la luz es uno de los principales gastos domésticos, especialmente en tiempos de incertidumbre. Un desembolso que depende de varios factores, entre los que se encuentran la época del año, el número de personas que habitan el hogar, las características de la vivienda o el estilo de vida de sus ocupantes. Por ello, dos casas idénticas en lo arquitectónico pueden presentar gastos diferentes entre sí. De ahí que, lo primero de todo, es tener una cierta consciencia de las costumbres y hábitos propios. También para saber dónde poder recortar sin que eso implique empeorar nuestra calidad de vida.
Para hablar de consumo eléctrico es necesario utilizar los kilovatios hora (kWh), ya que es la unidad que emplean las compañías eléctricas y en la que se expresa el precio de la luz. Además, es la medida en la que aparece reflejado el consumo mensual en la factura. Por tanto, el importe de la factura de la luz correspondiente dependerá de la cifra indicada en el apartado “energía consumida” -o similar, según la compañía- multiplicada por el precio de la tarifa contratada.
Cómo saber lo que consume nuestra casa
Para conocer el consumo de nuestra casa, el primer ejercicio es descubrir el consumo de cada uno de los electrodomésticos que poseemos. Para ello, será preciso hallar su potencia, que generalmente viene expresada en vatios, y transformarla en kW dividiéndola por 1.000. A partir de ahí, es preciso multiplicarlo por el número de horas que lo utilizamos al día y, posteriormente, extrapolarlo al mes.
Así, por ejemplo, la potencia de un horno doméstico suele situarse entre los 2.000 y los 3.000 vatios. Si tomamos como referencia un horno de 2.000 vatios que se utiliza durante cuatro horas a la semana, su potencia equivale a 2 kW (2.000 / 1.000). Utilizado durante unas 16 horas al mes, esto se traduce en un consumo aproximado de 32 kWh mensuales. Si el precio de la electricidad es de 0,14 euros por kWh, el coste de usar el horno asciende a unos 4,48 euros al mes.
Este ejercicio se puede realizar con todos los electrodomésticos del hogar: frigorífico, televisión, lavadora, ordenadores, lavavajillas… Además, claro, de la iluminación. De ahí que sea tan importante pequeñas acciones como sustituir todas las bombillas de la casa por luces LED de menor consumo. En el caso de que la calefacción sea eléctrica, o del uso de unidades de aire acondicionado en los meses más calurosos, también se debe sumar al cálculo.
El consumo fantasma
Además no se debe subestimar el llamado consumo fantasma, que es producido por los electrodomésticos cuando están aparentemente apagados. El célebre piloto rojo de la televisión, aunque no únicamente. Existen estimaciones que este consumo fantasma puede suponer entre el 7% y el 11% del gasto eléctrico anual en un hogar medio, por lo que no es ninguna broma. O dicho en términos pecuniarios: unos 50 euros extra al año.
Existen varias maneras de atajar este despilfarro de energía, más allá de desenchufar manualmente todo aquel electrodoméstico que no estemos utilizando. El más avanzado es el uso de enchufes inteligentes, los cuales permiten desconectar de forma remota cualquier aparato eléctrico que esté conectado a él. También programarlos a distancia. Una manera un poco más terrenal, pero igualmente efectiva, es emplear regletas que nos permitan encender y apagarlas de manera sencilla.
Cuál es el consumo eléctrico medio en España
Según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), un hogar español típico consume cada año alrededor de 3.411 kWh de electricidad, unos 284 kWh al mes. Esta cifra refleja el valor central de todos los hogares: la mitad consume menos y la otra mitad más. Se trata de una referencia más representativa que la media, que asciende a 4.818 kWh y se ve elevada por los hogares con consumos muy altos.
Eso sí, el consumo real puede variar mucho según el tamaño de la vivienda, el número de personas que la habitan o los sistemas de calefacción y agua caliente que utilicen. Por ello es preciso valorar caso a caso.
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