Público
Público

1919, un eclipse para la historia

Este año se celebran el centenario de la expedición astronómica de Eddington y los 50 años de la llegada del hombre a la Luna.

Publicidad
Media: 0
Votos: 0

Einstein y Eddington, en 1930 en la Universidad de Cambridge./RAS

De todos los eclipses de sol solo algunos resultan ser históricos y este es el caso del que tuvo lugar el 29 de mayo de 1919, hace ahora 100 años. En plena Primera Guerra Mundial, cuando sus países eran enemigos, astrónomos británicos se tomaron grandes molestias para preparar la demostración de una teoría de un físico alemán sobre la curvatura de la luz debida a la gravedad en el espacio-tiempo. El físico era Albert Einstein, que había propuesto casi cuatro años antes la Teoría de la Relatividad General, la cual predecía la existencias fenómenos tan espectaculares como los agujeros negros y las ondas gravitatorias que siguen manteniendo muy ocupados a físicos y astrónomos.

La comunidad científica celebra ahora este centenario, que no es el único aniversario redondo de este año. El próximo 20 de julio se cumplen 50 años de la llegada del hombre a la Luna y los actos, exposiciones, documentales y libros sobre este histórico hecho se empiezan a acumular.

En cuanto al eclipse de 1919, aunque las medidas no fueron muy precisas, por distintas limitaciones de las técnicas disponibles y las circunstancias, bastaron para demostrar razonablemente que Einstein tenía razón y le convirtieron en la persona más famosa del mundo. El físico alemán ya había propuesto que su teoría sobre la curvatura de los rayos de luz bajo la influencia de un cuerpo masivo se probara durante un eclipse total de Sol.

La razón, como recuerda el catedrático Daniel Kennefick de la Universidad de Arkansas en su nuevo libro No Shadow of a Doubt sobre la observación del eclipse de 1919, una estrella cambiaría ligeramente, y solo aparentemente, su posición en el cielo según se observara de noche o de día, con el Sol presente. Esto último solo es posible con un eclipse solar total y para estrellas en su periferia.

Imagen del eclipse de 1919 en la isla de Príncipe./RAS

Antes de 1919 se hicieron otros intentos, que no fructificaron por las condiciones meteorológicas o la falta de instrumentación adecuada. Algunos se hicieron cuando Einstein todavía no había avanzado sobre su teoría anterior, por lo que no hubieran resultado válidos a largo plazo. Los astrónomos británicos Arthur Eddington, entonces secretario de la Royal Astronomical Society, y Frank Dyson, director del Observatorio de Greenwich, se propusieron lograrlo en 1919, aunque el eclipse total no era visible en Europa. Prepararon dos complicadas expediciones a sendos lugares remotos donde se producía la totalidad del eclipse: la isla de Príncipe (frente a Guinea Ecuatorial, entonces colonia española), y la localidad brasileña de Sobral. Llevaron sendos telescopios y todo el material fotográfico y complementario allí.

En Príncipe, donde estuvo Eddington, solo se pudieron tomar durante los 6 minutos y 51 segundos en que el Sol quedó totalmente tapado por la Luna 16 imágenes de las que únicamente dos se pudieron utilizar para los cálculos, recuerda Helmut Hornung, de la Sociedad Max Planck. En Brasil lograron ocho utilizables. Tras varios meses de análisis de las placas tomadas y su comparación con imágenes de las mismas estrellas sin el Sol, Eddington dio por bueno el experimento, cuyo resultado se anunció solemnemente el 6 de noviembre durante una reunión con gran repercusión mediática y no pocas reticencias por parte de sus colegas.

Uno de ellos actual, Peter Coles, recordó hace unos años que durante la reunión del 6 de noviembre de 1919 el científico Ludwick Silberstein señaló con el dedo el retrato de Newton que estaba colgado en la sala y advirtió a los presentes: “Le debemos a este gran hombre proceder con mucha cautela al modificar o retocar su Ley de la Gravitación Universal”. Sin embargo, otro científico eminente, J.J. Thomson (descubridor del electrón), que presidía esa reunión, no tuvo dudas: “Este es el resultado más importante relacionado con la teoría de la gravitación desde la época de Newton”, afirmó.

En 1922 un equipo internacional se trasladó a Australia para repetir el experimento durante otro eclipse de sol, con un número muy superior de estrellas medidas, y confirmó nuevamente la teoría de Einstein. Sin embargo, la precisión de los datos no pudo aumentar mucho hasta que llegaron los telescopios espaciales y se consiguió obviar la distorsión de la atmósfera terrestre. Dado que más de 50 años después algunos todavía pensaban que en 1919 no se demostró nada, los datos de entonces se reexaminaron en 1979 con instrumentos modernos y se comprobó que Eddington y Dyson tenían razón.

Según Kennefick, el papel crucial de los astrónomos en la confirmación de la histórica teoría de la relatividad de Einstein ha quedado oscurecido con el paso del tiempo. Su libro, publicado por Princeton University Press, pretende corregir este descuido.