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2003 EL61, el plutoide de la discordia

Un astrónomo andaluz y otro estadounidense se disputan el descubrimiento del cuarto mayor objeto transneptuniano

JAVIER YANES

La Unión Astronómica Internacional (IAU) tiene sobre la mesa un hueso duro de roer: nominar un objeto lejano y ahuevado del Sistema Solar. Habitualmente esta tarea no entraña mayor problema; los comités correspondientes de la IAU estudian la propuesta del descubridor y, si el nombre se atiene a las directrices (deidades mitológicas o similares), el nuevo miembro de la familia solar sustituye su fría cadena provisional de números y letras por un apelativo más sexy. El problema, en este caso, surge porque dos astrónomos se disputan el descubrimiento: uno de ellos, andaluz; el otro, estadounidense. Transcurridos tres años desde que brotó la polémica y cuando la IAU no puede seguir eludiendo un veredicto, las posturas de ambos continúan siendo irreconciliables.

El desencuentro tiene su origen en julio de 2005, cuando el científico del Instituto Astrofísico de Andalucía, José Luis Ortiz, informaba al Centro de Planetas Menores (MPC) del hallazgo de un nuevo cuerpo transneptuniano, una clase de objetos que orbitan el Sol más allá de Neptuno y que incluyen a Plutón, antes noveno planeta del Sistema Solar y hoy primero de la categoría de los plutoides. El MPC asignó al objeto el nombre provisional de 2003 EL61.

Según relata Ortiz a Público, el descubrimiento saltó cuando él y su colaborador, Pablo Santos-Sanz, revisaban imágenes tomadas dos años antes por el observatorio granadino. La sospecha de que estaban ante un nuevo objeto se confirmó rescatando y analizando observaciones que se remontaban hasta 1955.

Tras la misma presa

De inmediato, los españoles anunciaron su descubrimiento en foros especializados de Internet, para que otros profesionales y aficionados pudiesen verificarlo independientemente. Pero entre los que supieron del hallazgo, hubo uno que no lo celebró. Mike Brown, del Instituto Tecnológico de California (EEUU), llevaba medio año tras la pista de la misma presa sin hacerlo público, aunque había anticipado en Internet un resumen que planeaba presentar en un congreso en septiembre.

Brown aceptó la derrota con deportividad, enviando un correo electrónico a Ortiz en el que le felicitaba por el triunfo. Pero al mismo tiempo, se ocupó de comunicar al MPC que él también había rastreado el mismo cuerpo. Fue entonces cuando la trama se complicó: Brian Marsden, del MPC, notificó a Brown que las bitácoras de su telescopio, incluyendo las observaciones del nuevo objeto, estaban públicamente accesibles en la web; algo que, al parecer, Brown ignoraba. Al repasar el registro de entradas al servidor, varias direcciones apuntaron al instituto de Sierra Nevada.

Esta vez, Brown no fue tan complaciente. El americano derivó de la desconfianza a la beligerancia, acusando a Ortiz de espionaje científico y sosteniendo que el andaluz no tenía conocimiento del objeto antes de acceder a sus archivos. Mientras, Ortiz explicaba que había llegado al resumen de Brown cuando comprobaba en Internet si otros habían cazado el mismo cuerpo que él, algo común en astronomía. Al leer el resumen, sospechó que el K40506A de Brown era el suyo. Cuando trasladó este código a Google, proseguía Ortiz, el buscador le devolvió esas listas de datos.

¿Divulgar o no divulgar?

La polémica refleja dos maneras opuestas de hacer ciencia espacial: Brown evita divulgar sus trabajos hasta que reúne todos los datos y el estudio está maduro para su publicación, una práctica que es habitual en otras ciencias, como la biología. Por el contrario, Ortiz es partidario de mantener la transparencia en el desarrollo de su labor para contar con la colaboración constante de otros expertos, una política que, explica, “sigue las directrices del MPC”.

La semana pasada, la IAU confirmó el nombre de Makemake, una deidad polinesia, para 2005 FY9, otro transneptuniano descrito por Brown. Fuentes de esta institución confiesan que hasta ahora se han resistido a abrir la carpeta de 2003 EL61. Pero ya no hay más excusas: deberá ser el próximo. La parte fácil será su clasificación como plutoide. Por lo demás, la pelota, o el huevo, está en el tejado.

 

Entrevista con Mike Brown, astrónomo de Caltech (EEUU) 

¿Sigue creyendo que Ortiz no conocía 2003 EL61 antes de acceder a sus registros?
Es la explicación más lógica, que no implica una serie de coincidencias extraordinarias. Él habría admitido conocer los registros si su historia fuese cierta. Pero nunca lo mencionó hasta que vimos el rastro de sus accesos, ¡ni siquiera cuando fue presionado!

¿Por quién se inclina la IAU?

Por lo que sé, Ortiz tiene poco apoyo en la IAU para nombrar el objeto. Pero tal vez sólo he oído a los que me apoyan; quizá otros le apoyen a él.

¿Sabe si la IAU trabaja ya en ello?

Honestamente, no lo sé. Debería ser el siguiente en la lista, pero es un asunto espinoso que algunos prefieren evitar.

Después de este incidente, usted decidió revelar de inmediato el hallazgo de 2003 UB313 (Eris). ¿Ha cambiado de política?

La mía es la práctica habitual en la ciencia. Pero ahora somos más cuidadosos y menos confiados.

 

Entrevista con José Luis Ortiz, astrónomo del IAA (Granada)

¿Por qué reveló su hallazgo tan deprisa?

En el trabajo con cuerpos menores no podemos esperar. Necesitamos la colaboración de otros mientras el objeto aún es visible. El MPC pide rapidez, máxima colaboración y no sacar provecho propio. No hay copyright ni patentes.

¿Qué opina del método de Brown?

Que es contrario al MPC. No es la primera norma que se salta: también pone nombres a los cuerpos por su cuenta, lo que es irregular. A 2003 EL61 lo llama Santa (Claus).

¿Qué responde a sus acusaciones contra usted?

Siempre he sido absolutamente claro y transparente, y en la IAU lo saben a la perfección.

¿Es David contra Goliat?

Brown es un maestro de las relaciones públicas. Yo no entro en batallas mediáticas. Sólo me interesa la ciencia. Mi trabajo es de hormiguita.

¿Qué espera de la IAU?

Me atendré a lo que decidan.