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Era geológica El Antropoceno, una nueva era caracterizada por la huella del hombre

La bomba atómica marcaría el inicio de la nueva época geológica, según la propuesta formal de expertos.

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Fizeau

En los acantilados de la playa Itzurun, en Zumaia, hay dos clavos dorados incrustados en la espectacular formación geológica (llamada flysch) que marcan la referencia oficial de un hito en la historia de 4.600 millones de años de la Tierra. Allí se puede ver de la forma más clara en el mundo, según los expertos, la huella de dos límites del Paleoceno, hace 61,1 y 58,7 millones de años, eventos geológicos importantes que por eso se eligieron para formar parte del inventario de la Unesco.

Entonces no había seres humanos que alteraran significativamente el planeta. Ahora sí. Por eso es ahora cuando comienza la carrera para decidir el lugar donde colocar el clavo dorado del inicio del Antropoceno, la nueva era geológica, todavía no aprobada oficialmente, que marcaría el final de la era actual, el Holoceno. Ese final sería el periodo en el que la actividad humana empieza a dejar huella en los registros geológicos. Ya hay varios lugares en estudio, entre ellos una cueva en el norte de Italia, los corales de la Gran Barrera de Australia y un lago en China, informa la revista científica Nature. Un grupo británico acaba de hacer una propuesta curiosa: que el residuo definitivo para marcar la era sean los huesos de pollo (Gallus gallus domesticus) de los vertederos, ya que es un animal ubicuo y distinto físicamente del pollo consumido antes de que empezara su cría industrial.

El inicio del Antropoceno estaría en los años 50 del siglo pasado, y el marcador primario serían las sustancias radiactivas artificiales que se han extendido por todo el mundo a consecuencia de los ensayos nucleares de principios de la década. Es lo que dice el comité encargado de estudiar el asunto, que acaba de pronunciarse por gran mayoría a favor de considerar el Antropoceno una unidad cronoestratigráfica, una era en la historia de la Tierra. Los expertos quieren incluir en su informe una propuesta formal para la ubicación del clavo dorado.

La decisión de este comité internacional de trabajo sobre el Antropoceno, del que forma parte el científico español Alejandro Cerraeta de la Universidad del País Vasco, se acaba de hacer pública y se elevará a la Comisión Internacional de Estratigrafía, aunque la decisión final no se espera antes de dos años.

Los marcadores radiactivos no son la única característica del Antropoceno, indica el grupo de trabajo. Otros fenómenos asociados a la alteración humana del planeta son el aumento en un orden de magnitud de la erosión y el transporte de sedimentos debidos a la urbanización y la agricultura; perturbaciones significativas y abruptas de los ciclos de elementos como el carbono, el nitrógeno, el fósforo y varios metales, así como nuevos compuestos químicos; cambios medioambientales generados por estas perturbaciones, que incluyen el calentamiento global, el aumento del nivel del mar y la acidificación de los océanos.

También se tienen en cuenta los efectos en la biosfera, fruto del aumento de animales domésticos o la invasión de especies foráneas, así como la proliferación y dispersión global de numerosos compuestos nuevos análogos a las rocas y minerales, como el cemento y los plásticos, que producen abundantes tecnofósiles, huellas geológicas en los estratos que ahora se están formando. En la base de todo está el espectacular crecimiento de la población mundial desde mediados del siglo XX, que puede considerarse ya una plaga terrestre.

El gran aumento en el consumo de plástico procedente del petróleo, muy barato, es precisamente una de las grandes preocupaciones medioambientales actuales, ya que apenas se recicla una pequeña parte y tarda muchos años en descomponerse, si lo hace. Mientras tanto, está contaminando los océanos y también los alimentos. Aumentar el porcentaje de reciclaje es una opción (las otras son utilizar preferentemente plásticos biodegradables y limitar drásticamente su consumo) y para ello se preparan equipos de investigación como uno de la Universidad del Estado de Washington, que plantea cerrar el círculo y convertir los residuos plásticos en gasolina de aviación.

El equipo dirigido por Hanwu Lei derrite el plástico triturado a alta temperatura con carbón activado, que hace de catalizador. El resultado, explican en Applied Energy, es un 85% de combustible de aviación y un 15% de combustible diesel. “Podemos recuperar casi el 100% de la energía del plástico que hemos probado. El combustible obtenido es de muy buena calidad y los gases que se producen también se pueden utilizar”, indica Lei. Además, el sistema se puede ampliar, asegura.

Que el plástico no llegue a formar parte de la geología terrestre sería una muy buena noticia, incluso para los partidarios del Antropoceno, aunque mucho tiene que cambiar, y pronto, para conseguirlo.