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Salud La depresión y la ansiedad, presentes en gran parte de los pacientes con párkinson

Una nueva investigación subraya la necesidad de estar atentos a los síntomas neuropsiquiátricos en las personas con párkinson, ya que muchas veces pasan desapercibidos en la consulta médica pero tienen un impacto muy negativo en su calidad de vida.

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Foto de archivo de dos manos. / PIXABAY

Un estudio llevado a cabo en pacientes con párkinson del Principado de Asturias revela una alta prevalencia de depresión y ansiedad: casi el 33 % de los afectados presenta depresión y el 68 % ansiedad. Asimismo, se encontró que el 31 % sufría ambos trastornos. El trabajo advierte de la necesidad de tener en cuenta los síntomas neuropsiquiátricos cuando se acude a consulta, ya que producen un gran impacto en su vida personal y familiar. 

La investigación, recientemente publicada en la revista Journal of geriatric psychiatry and neurology, ha sido desarrollada como parte de la labor de la doctoranda de la Universidad de Valladolid (UVa) Fany Chuquilin Arista, médico especialista en Psiquiatría y en Medicina de Familia. 

Como detalla Manuel Menéndez González, director de la tesis e investigador del Hospital Universitario Central de Asturias y del Instituto de Investigación Sanitaria del Principado de Asturias, los estudios clásicos de la enfermedad de Párkinson se habían centrado en las manifestaciones motoras de la enfermedad, “porque probablemente son las que suelen dominar la sintomatología cuando el paciente acude por primera vez a consulta”. 

Casi el 33 % de las personas con párkinson presenta depresión y el 68 % ansiedad

Sin embargo, también existen diversos síntomas no motores de diversa índole, como la anosmia –pérdida de la capacidad olfativa–, el estreñimiento, trastornos del sueño o síntomas neuropsiquiátricos, entre los que se encuentran la depresión y la ansiedad. 

"Queríamos poner de manifiesto la relevancia de estos síntomas neuropsiquiátricos", apunta el investigador, quien explica que el objetivo principal del estudio fue establecer la prevalencia de la clínica ansioso-depresiva y comprobar su impacto en la calidad de vida de estos pacientes. Para ello, contaron la participación voluntaria de los pacientes que acuden a la Asociación Parkinson Asturias. 

De este modo, acudieron a las diversas sedes que la asociación tiene en Asturias y, tras aplicar diversos criterios de exclusión, analizaron los datos relativos a 95 pacientes a quienes se realizó diversas preguntas y se les aplicó diversos test para recabar las características clínicas de la enfermedad, la depresión, la ansiedad y la calidad de vida. 

Una elevada prevalencia

La prevalencia de la depresión fue cercana al 33 %, más frecuente en las mujeres (43 %) que en los varones (25 %). Asimismo, el 68 % presentaba ansiedad, sin diferencias importantes entre hombres y mujeres, y un dato preocupante: se encontró la presencia de síntomas depresivos y ansiosos a la vez en el 31 % de los pacientes estudiados. 

Al cruzar estos datos con las otras variables analizadas, los investigadores observaron que los pacientes con más de 10 años de evolución de la enfermedad tenían casi 36 veces más riesgo de depresión que aquellos con menos de tres años de evolución. 

Los pacientes con más de 10 años de enfermedad tenían casi 36 veces más riesgo de depresión

Además, se detectó la gran influencia de la calidad de vida tanto en la sintomatología ansiosa como en la depresiva: aquellos con peores puntuaciones en calidad de vida tenían 469 veces más riesgo de ansiedad y 2521 veces más riesgo de depresión. 

“Para mejorar la calidad de vida de los pacientes es fundamental tratarlos de forma integral, prestando atención tanto a los síntomas motores como los no motores, y entre estos últimos los neuropsiquiátricos”, subraya Menéndez González. 

Para ello, continúa, “es necesario ser conscientes de su prevalencia, ya que frecuentemente los pacientes no suelen referir estos síntomas por iniciativa propia, tal como sí hacen con los síntomas motores”. 

A su juicio, que los clínicos mantengan un elevado “nivel de alerta” ante estos síntomas ayudará a realizar una detección precoz, que es fundamental para garantizar un abordaje adecuado. “El tratamiento del paciente debe ser multidisciplinar, abarcando al médico de familia, el neurólogo, los psicólogos, psiquiatras, trabajadora social y fisioterapeutas, entre otros. Las asociaciones de pacientes también tienen un papel fundamental”, concluye.