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El sexo entre primos acabó con los Austrias

Un estudio confirma que la dinastía de los Habsburgo, que rigió España hasta 1700, se extinguió por su endogamia

MANUEL ANSEDE

El 1 de noviembre de 1700, el rey de España, Carlos II de Habsburgo, El Hechizado, murió en Madrid sin dejar descendencia a los 39 años. Había nacido con una cabeza de tamaño desproporcionado, no aprendió a hablar hasta los 4 años y fue incapaz de andar hasta los 8. Su muerte -tras un episodio de fiebres altas, retortijones de tripas insoportables y un coma- remató una existencia marcada por el sufrimiento. Según los testimonios de la época, Carlos II, en cuyo reinado Francia invadió Catalunya, era un "enano abúlico", que pasó sus últimos años con el cuerpo hinchado por múltiples edemas y retorcido de dolor a causa de violentos vómitos y diarreas.

El monarca, hijo de Felipe IV y su sobrina, era el último fruto de la política matrimonial de la Casa de Austria, que rigió España entre 1516 y 1700. Durante años, los historiadores han supuesto que los sucesivos matrimonios entre primos, tíos y sobrinos de la misma familia, concertados para sellar alianzas, desembocaron en la extinción de la dinastía que acumuló el mayor imperio de la historia, en época de Carlos I, tatarabuelo de Carlos II.

Ahora, un estudio genético realizado en la Universidad de Santiago de Compostela ha confirmado una hipótesis que parecía obvia, pero que nadie había ratificado. Los científicos, dirigidos por el catedrático de Genética Gonzalo Álvarez, han analizado la información disponible sobre Carlos II y 3.000 de sus parientes, trepando 16 generaciones en su árbol genealógico, para obtener el coeficiente de consanguinidad del monarca: 0,25. Esta cifra -altísima comparada con la media europea, próxima a cero- significa que el 25% de sus genes estaban repetidos, al haber recibido la misma copia de su madre y de su padre. Y esa monótona secuencia facilitó la aparición de enfermedades genéticas recesivas, aquellas que necesitan dos copias de un gen mutado para que el gen se manifieste. Como ocurre con el color claro de los ojos.

"El coeficiente de consanguinidad de Carlos II es equiparable al resultado de un cruce entre dos hermanos", explica Álvarez, que publica hoy su estudio en PLoS ONE. Según los autores, la mayor parte de los males que afectaron al rey pudieron ser consecuencia de dos desórdenes genéticos: la deficiencia múltiple de hormonas pituitarias y una acidosis tubular renal. La coincidencia de estos trastornos explicaría el complejo cuadro clínico de El Hechizado, incluyendo su infertilidad, que desembocó en la extinción de la dinastía.

El equipo de Álvarez también ha analizado óleos de pintores como Velázquez y Tiziano para corroborar sus teorías, en colaboración con la Fundación Pública Gallega de Medicina Genómica. "Lo primero que me pidieron los médicos fue ver al paciente", bromea el genetista. Y en los cuadros de los siglos XVI y XVII, los investigadores descubrieron que los Austrias sabían que algo extraño estaba ocurriendo. La mitad de los infantes de la dinastía no llegaba a cumplir un año, frente al 80% del resto de la población española. En las pinturas, los niños de los Habsburgo aparecen con garras de tejón, cuentas de ámbar y campanillas: amuletos para ahuyentar el mal de ojo.

La médica Celsa Quinteiro ha sido la encargada de diagnosticar a Carlos II tres siglos después de su muerte. "Tenía los ojos saltones y la frente abombada, rasgos relacionados con un déficit de hormonas", señala la especialista.

Su primera esposa, apunta, se quejó de la eyaculación precoz del monarca. Y la segunda, de su impotencia. "Es un empeoramiento del cuadro compatible con las enfermedades que describimos", indica. Su nulidad con las mujeres, tatuada en sus genes, dejó el trono expedito a los Borbones.

Los autores del trabajo sobre la endogamia de los Habsburgo, que anteriormente han realizado análisis genéticos de moscas y mejillones, han comenzado un estudio sobre los efectos de la consanguinidad en la dinastía que ocupa el trono español desde la muerte de Carlos II: la Casa de Borbón. Los matrimonios entre parientes, subraya el catedrático de Genética Gonzalo Álvarez, también eran comunes entre los Borbones, pero sin alcanzar la degeneración biológica de los Habsburgo. La tatarabuela del rey Juan Carlos, Isabel II, se casó con su primo hermano, como hicieron muchos miembros de la dinastía a lo largo de los siglos. Sin embargo, según Álvarez, los efectos de la endogamia se han diluido recientemente, como en otras monarquías europeas, gracias al matrimonio con personas ajenas a la familia. “El coeficiente de consanguinidad del rey Juan Carlos debe de ser mínimo”, conjetura.