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El arte que emerge del confinamiento

Nuestros creadores van tejiendo su universo propio sin perder de vista a la comunidad. El aislamiento, el límite y la prevención han ido fraguando una mirada creativa que buscar repensar ciertos privilegios y apuesta por lo digital.

Amanda Alba
Amanda Alba.- Uxval Gochez Gallery

El arte tiene esa capacidad de condensar un sentir determinado. El trauma que nos legó la pandemia se disuelve, a través de sus obras, en una sociedad que necesita más que nunca de su poder transformador. Si algo evidencian las muestras y festivales que vienen es que no hay un arte poscovid, hay síntomas que se manifiestan a través de él y nos hablan de lo que nos duele, como si fueran sarpullidos de una realidad que nos supera y que todavía digerimos.

Uno de los festivales que permite como pocos tomarle el pulso a ese arte que está por venir es el Art Nou de Barcelona, una iniciativa que indaga en la escena artística local dando espacio a los creadores más jóvenes, aquellos que no superan los 35 años. De su probeta surgen algunas de las primeras propuestas urdidas en pleno confinamiento, meses de encierro que han ido modelando un corpus artístico directa o indirectamente condicionado por la covid.

El resultado, como suele ocurrir, discurre en todas direcciones. Una explosión de formas y contenidos que van acotando las dimensiones del trauma, como si cientos de creaciones seccionaran el momento presente, una incisión que nos habla de soledad, pero también de la necesidad del otro, de lo digital y de la importancia de acceder a los datos de una forma libre y soberana. Huellas de un tiempo convulso que los artistas nos invitan a seguir.

Muestra de la obra de Sara Agudo.- CHIQUITA ROOM

Experiencia e ideología

"Percibimos un interés cada vez mayor por proyectos que utilizan lo digital al servicio de lo experiencial, como si el objeto de arte en sí pasara a un segundo plano", explica Anna Pahissa, directora y coordinadora de Art Nou. Lo material pierde fuerza y parece imponerse otro tipo de búsqueda artística que supera las dimensiones del marco y sale al encuentro de la experiencia. Surge así un laboratorio de ideas cuyo fermento lo encontramos en el límite que supuso el confinamiento, un parón determinante para muchos que se ha ido filtrando en el genio creador de los artistas.

"Por lo general son proyectos −prosigue Pahissa− que tienen un contenido ideológico y político muy marcado, en concreto cuestiones como el género están a la orden del día, no hablaría tanto de formatos como de herramientas digitales que buscan nuevas formas de trabajo y cooperación". Quizá a modo de reacción frente a esa distancia preventiva de rigor, nuestros creadores van tejiendo su universo propio sin perder de vista a la comunidad. 

Obra de Albert Gironès.- HOMESESSION

Repensar las formas y los modelos

La comisaria y crítica de arte Carolina Jiménez pone el foco en "los procesos de investigación del arte y la generación de conocimiento". La imposibilidad de llevar a cabo exposiciones y exhibiciones durante un tiempo parece haber fomentado una reflexión que ya se venía larvando y que habla de la necesidad de repensar (y quizá democratizar) determinados accesos y formas de compartir la creación artística.

"La soberanía con respecto a las tecnologías y los modos de producción es algo sobre lo que se está reflexionando mucho en el arte, este parón ha puesto sobre la mesa cuestionamientos importantes como por ejemplo el acceso libre a los datos y las plataformas", apunta Jiménez. Por no hablar de la siempre ubicua precariedad, que afecta −y de qué manera− al gremio del arte: "Los artistas son la parte más vulnerable, es el momento de repensar los privilegios de cada uno de los agentes del arte y de trazar alianzas institucionales". 

Crisis ecosocial y feminismos

Y por último, el potencial del arte a la hora de establecer sinergias con la comunidad. Más allá de las lógicas academicistas o las puramente mercantilistas, el arte en tiempos de crisis ha demostrado su capacidad para hilvanar discursos transformadores mirando hacia ámbitos como el del activismo social.

"El uso de la tecnología, la concienciación ecosocial o las reivindicaciones feministas se han articulado a través del arte precisamente porque tiene esa libertad transformadora, una libertad que es también de movimiento ya que se permite en muchas ocasiones buscar nexos con el activismo", explica Jiménez. 

Dicho de otro modo; el arte, en un momento crucial y carente de asideros como el que vivimos, mantiene un cierto anclaje con lo que le rodea, apenas un hilo sobre el que parece flotar el ímpetu creativo de tantos y tantas.

Laura Llaneli.- ADN GALERIA