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En buenas manos Jeanne Herry: "Si no quieres tener hijos, no estás fallando ni eres media mujer"

La cineasta francesa corrige la mirada de la sociedad de hoy hacia la adopción en 'En buenas manos', una historia que explica que son los niños los que tienen derecho a una madre y/o un padre, mientras que a los adultos solo les guía el deseo.

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Elodie Bouchez es una madre sola que adopta a un bebé en esta película.

Hemos visto decenas de películas de mujeres y hombres angustiados en un proceso de adopción, buscando desesperadamente a un bebé. El ego de esta sociedad capitalista donde lo más importante es el deseo del individuo, en este caso el adulto que ‘quiere’ un hijo, ha hecho que se dirigiera la mirada hacia la adopción desde el lado equivocado. Ello sin hablar de la aberración machista de los vientres de alquiler o de los ‘hijos a medida’ en la reproducción asistida (hay empresas que permiten elegir por el color de los ojos, el del pelo, el nivel académico y hasta la profesión de los donantes).

Ahora la cineasta francesa Jeanne Herry ha puesto el foco en el sitio correcto y cuenta cómo es el proceso de adopción en su país en En buenas manos, donde los trabajadores de los servicios sociales de adopción “saben que su labor es ayudar a los niños y encontrar la mejor madre, padre o familia para ellos, aunque los adoptantes se cabreen porque les juzguen”.

Ni la situación económica y laboral de los posibles padres, ni el estándar de familia heterosexual sin hijos, ni el deseo, por muy intenso que éste sea, de tener un hijo son, en realidad, garantía de nada. “Es un error pensar que esos modelos son los mejores. Una adopción es como hacer un injerto. Se trata de dos vidas que deben vincularse”. Sandrine Kiberlain, Gilles Lellouche, Elodie Bouchez, Olivia Côte o Miou-Miou son los intérpretes de esta película.

¿Por qué decidió dedicar una película al tema de la adopción?

Me daba cuenta de que el marco de la adopción ofrecía una multitud de temas que permitía hablar de muchas cosas. Era muy emotivo y muy interesante intelectualmente. Podía escribir buenos personajes, escenas fuertes. Para mí, la película va más allá de la adopción, es más sobre los vínculos que te unen, la importancia de los vínculos y los encuentros. Esto me permitía hablar del presente, de esta sociedad y de temas atemporales y casi arcaicos, porque todos hemos sido seres humanos recién nacidos. Una película lleva tres años de tu vida, así que es mejor pasarlos con una maleta rebosante de cosas que te gustan.

La directora y guionista Jeanne Herry.

Entre esos múltiples temas ¿está la presión de la maternidad en la sociedad de hoy?

Sí, porque creo que hay una gran presión, aunque cada vez compartimos más el hecho de que el deseo de maternidad no es para todo el mundo y que si no quieres un hijo, no estás fallando ni eres media mujer. La maternidad no se debe ver de una sola forma, pero es verdad que cada vez hay más gente que lo desea y no puede tener hijos, así que recurre a muchas cosas. 

Como a los vientres de alquiler. Aquí hay un gran debate sobre el tema. ¿Qué piensa usted?

Entiendo que esté prohibido, por supuesto. Hay barreras que, quizás, no deberían saltarse. Por otro lado, puedo entender que haya mujeres en muy mala situación que recurran a ello para ganar algo de dinero. 

En la película deja bien claro que para los servicios sociales lo importante son los niños, no, los padres.

Esa es la realidad y el gran malentendido del tema de la adopción. Los personajes que interpretan a los trabajadores sociales entienden que su labor es ayudar a los niños, su búsqueda de los mejores padres. Hoy en Francia, todo niño tiene derecho a tener una madre o un padre. Hay mucha gente que no se posiciona bien hoy en esto. El gran malentendido de la adopción es pensar que es un derecho de los padres cuando es un derecho de los niños. 

En su opinión, ¿a qué se debe este gran malentendido?

Pues a que la sociedad es mucho más empática con gente que no puede tener hijos, pero luego ellos no entienden que al intentar adoptar les juzguen. Los adoptantes no entienden que tener un hijo biológico es mucho menos complicado. La adopción es como un injerto. 

Uno de los casos de la película es una madre sola, mejor opción para el bebé de esta ficción que otras.

El sistema de adopción evoluciona, pero las leyes siguen llegando tarde. Creo que en el tema de la adopción los países deben estar muy vigilantes. La mejor pareja hetero sin niños no tiene que ser lo más apropiado. Es un error pensar que estos modelos son los mejores. Es peligrosa la estandarización. Hay que adaptarse a los nuevos tiempos y no se trata de cumplir unas listas de espera. Se trata de dos vidas que deben vincularse. Es un error estandarizar la familia. 

En la película, el lenguaje es esencial, los trabajadores sociales hablan a los bebés y estos entienden… ¿eso está probado?

No sé si existe algún estudio sobre esto, pero los trabajadores sociales con los que hablé me mostraban herramientas con las que trabajaban y a mí también me sorprendió esto. No solo es importante saber coger en brazos al bebé, la palabra también importa. Los bebés son igual que nosotros que cuando tenemos la sensación de vivir un momento violento, somos capaces de controlarlo si se traduce en palabras. 

En Francia las familias de acogida cobran por tener a los niños, aquí no. ¿No es una forma de mercantilizar el proceso?

No. Es un trabajo y las personas que lo hacen saben que no deben propasarse. Las pocas veces que se ha hecho en Francia con voluntarios que no han sido financiados por ello, en general, no ha funcionado bien. Si no cobran, no funciona bien. 

Gilles Lellouch, en una escena de la película.

¿Hablar de estos trabajadores del sistema público es una forma de reivindicar los servicios sociales?

Sí. Cuando trabajan bien, son maravillosos. En Francia hoy los servicios sociales tienen menos dinero y es todo más difícil, las condiciones de trabajo se han degradado. Cuando se descuidan los servicios sociales, los daños en la sociedad se notan. En Francia aún se van a notar más. 

El padre de acogida de su película es Gilles Lellouch, arquetipo de virilidad, ¿es premeditado?

Sí y no hay tantos actores que encarnen tan bien como él la virilidad. Gilles Lelllouch tiene una imagen pública un poco complicada. En el cine hace mucho personajes de ‘cuñado’, de policía, de mafioso… pero incluso en películas malas, él es un buen actor. Quería un cuerpo grande para que se viera al bebé en unos brazos sólidos. Y quería mostrar el revés de su imagen pública, Gilles es un hombre muy maternal. Un bebé en brazos de un hombre fuerte cuenta cosas sobre la sociedad. 

También lo hace el personaje de su mujer, que gana mucho más dinero que él y todos están encantados.

Es muy nuevo que las mujeres podamos expresarnos en este terreno. Si esta decisión, meter un personaje así, la hubiera tomado un hombre, seguramente sería con otra mirada, tal vez desde la comedia… Esta es una mirada muy femenina, coger a un hombre deseable y hacerle encargarse de la casa sin que sea un drama. Al contrario, él está encantado y realizado como hombre.