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"Busco que el lector esté al borde del orgasmo"

El escritor presenta la edición revisada de su libro de relatos ‘El último minuto' 

PAULA CORROTO

Andrés Neuman (Buenos Aires, 1977) nunca descansa. Publica novelas, poesía, antologías y también relatos. Precisamente, este domingo firmaba en la caseta de Páginas de Espuma -editorial especializada en el relato- la reedición de su libro de cuentos El último minuto. Tuvo una buena mañana. Perfecta para llegar relajado a la entrevista.

Publicó ‘El último minuto' hace siete años, ¿en qué consiste esta edición revisada?
En Páginas de Espuma me propusieron volver a editar este libro y yo decidí hacer lo contrario a la moda habitual: en vez de aumentar, reduje los textos. De las 30 piezas que había en la primera edición quité 6. Y las 24 que quedaron, no las reescribí, pero sí las retoqué, limando muchos detalles.


¿Su visión de este último minuto también ha cambiado en estos siete años?
No. Lo que sí ha cambiado es mi idea con respecto al estilo:se ha convertido en una obsesión para mí en los últimos años, y es en lo que he puesto más empeño.


El último minuto de alguien remite a una especie de lucidez.
Sí. Yo me planteé estos cuentos como una especie de ejercicio sobre lo que ocurre en ese tiempo que no siempre tiene que ver con la muerte, sino también como un momento en el que está a punto de cambiarle la vida a alguien. Y desde luego tiene un zumo emocional impresionante.


¿Buscaba también un impacto en el lector?
Eso depende del lector porque para mí también son importantes los contrapuntos entre las piezas. Por eso, no todos los relatos tienen la misma intensidad. Siempre busco los equilibrios.


El relato es un género que busca engañar al lector. Casi siempre nada es lo que parece.
Para mí lo importante es bordear esa atención. Intento que el lector haga una lectura tántrica, es decir, que esté al borde del orgasmo, siempre a punto de alcanzar el climax, y ahí creo que el relato sobre todo es el género más proclive a ello.


Y perfecto para tocar todas las fibras de la sensibilidad.
No. Eso es una falacia. No hay que pasarse al otro extremo. Ni es una gimnasia para la novela, ni es el verdadero género narrativo. El cuento tiene una dignidad literaria autónoma. Todo lector es un poliedro y todo género puede acercarse a un lado de ese poliedro.


¿Cree en el tan traído boom del cuento?
Parcialmente, aunque creo que hay dos o tres factores que hacen que ahora esto sea más cierto. Por un lado, la aparición de editoriales especializadas en este género. Por otro lado, hay un asentamiento del microcuento y, además, cada vez hay más estudios académicos sobre el relato.


Ha comentado que simultanea la lectura con la escritura. ¿Cuándo lee se lleva algo para sus propios textos?
Sí, soy un lector cleptómano, aunque creo que todos lo somos. Yo leo siempre con un lápiz y siempre estoy subrayando. Me gusta meterle mano a los libros, y por eso no me gusta que me los presten, ya que no puedo hacerlo.


Usted fue finalista del Premio Herralde de novela en 1999, con sólo 22 años. ¿Cómo ha asumido estar desde tan joven en el top literario?
Eso es bueno porque ahora relativizo todo mucho más, pero tampoco puedo dejar de estar insatisfecho con lo que hago, ya que ese es el estado natural del escritor. Lo que más me ha molestado es cierto paternalismo en algunas críticas. Sin embargo, los errores no tienen que ver con la edad, sino que son una cuestión de la condición humana. Nadie alcanza la perfección a los 50 años.