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Carlangas la lía con Manu Chao: "El progreso no consiste en aprender chino, sino en conocer a tu vecino"

Carlangas presenta su nuevo single, ‘Cae la noche’, una cumbia con Manu Chao.
Carlangas presenta su nuevo single, ‘Cae la noche’, una cumbia con Manu Chao. Melchior Tersen


Próxima estación, el bar Esperanza. El punto de encuentro no es casual: Carlos Pereiro (Monterroso, 1987) anuncia, acodado en la barra, la colaboración estelar de Manu Chao en su nuevo single. Una cumbia, titulada Cae la noche, donde el exlíder de Mano Negra se pregunta: "¿Dónde te metes, Carlangas, cuando te vas?".

"Manu Chao es más potente que su cliché de estrella mundial", cree el exlíder de Novedades Carminha, la banda bailonga que se disolvió tras catorce años de exitosa carrera. Antes de despedirse en marzo, Carlangas ya venía trabajando en varios temas, que finalmente engrosarán su nuevo disco, previsto para febrero del próximo año.

Cae la noche se ajusta tanto a Manu Chao que podría parecer suya. Su gestación es un milagro: Carlangas le escribe una carta, dos años después se pilla un tren cuando se entera de que toca en Santiago y, al día siguiente, el parisino se presenta en una aldea compostelana para escuchar el tema. Huelga decir que terminó cantando y tocando la guitarra.

"Fue muy generoso, porque puso mucho talento en una canción que no tenía por qué hacer. Eso dice mucho de él como persona", razona Carlangas, quien deja claro que las colaboraciones le parecen un género "frívolo cuando no hay una conexión energética y de corazón". En aquel local de ensayo de la periferia compostelana la hubo, aunque el vínculo era previo.

Cuando tenía once años, la casete de Clandestino sonaba en bucle en el coche de sus padres, tanto como el Casa Babylon, de Mano Negra. "Es uno de los artistas que más he escuchado en mi vida y su primer disco en solitario me marcó para siempre", reconoce el músico gallego, quien terminaría haciendo suyo el concepto de "batidora de música popular que conecta con la gente".

"El hecho de que vibre y de que se junte conmigo y con Ortiga, el productor del corte, fue una enseñanza. No hay que perder la llama. Y Manu Chao ha colaborado de corazón", añade Carlangas, cuyo primer adelanto del elepé ya fijaba desde el propio título un punto y aparte en su carrera: Se acabó la broma, producido por Bronquio. El videoclip corre a cargo de Natalia Ferviú, estilista, presentadora y DJ; también su pareja y la madre de su hijo.

Carlos Pereiro no se ha subido al carro de la cumbia, porque ya estaba arriba, compartiendo influencias con las orquestas gallegas que a mitad del siglo pasado importaron la música caribeña tras sus giras por Venezuela y otros países. "La tendencia es una esclavitud más que un hilo del que tirar. La música latina antes era denostada y ahora gobierna el planeta, pero yo la reivindico como parte de mi cultura".

La verbena como espacio político: "En un prado de tierra suena una cumbia y todos bailan. Jóvenes y mayores, gente humilde y peña con pasta… Hay pocos espacios donde eso ocurra". Ahora que Caño Roto está a un tiro de piedra de su casa, en el barrio madrileño de Carabanchel, le tira la rumba como nunca. De eso le había hablado a Manu Chao en aquella carta.

Concretamente, de Los Chunguitos. También de las verbenas en Galicia. La tierra de Ramón Chao, vilalbés emigrado a París, donde nacieron Antoine y Manu, miembros de Mano Negra y creadores, entre la pachanga y el patchwork, de la patchanka. "Vengo del rock, pero me gustaría que la música fuese esa vaselina o esa luz que le diera otra perspectiva a la vida y nos igualara a todos", explica Carlangas.

Carlangas presenta ‘Cae la noche’, una cumbia con Manu Chao.
Carlangas presenta ‘Cae la noche’, una cumbia con Manu Chao. Angèle Châtenet

"La verbena como foro en el que nos despojamos de la presión social y en el que disfrutamos sin mirarnos ni medirnos, al contrario de lo que sucede en las redes sociales, donde si tienes éxito todo vale. Yo creo, sin embargo, en el derecho al silencio, a plantear formas alternativas de vivir o de desarrollar un proyecto artístico".

Atrás queda Novedades Carminha, una vigorosa banda que lo daba todo en directo. Su nombre homenajea a una mercería del casco histórico de Santiago de Compostela, donde se criaron y conocieron Carlangas, Jarri y Xavi, a los que se sumaría Anxo. Luego se fueron a estudiar a Madrid, pisaron el acelerador de su garaje punk y se hicieron un hueco en la escena.

Casi tres lustros después, quizás en su aparente mejor momento, anuncian su separación: "A corto plazo, no fue la mejor decisión —ni el camino más fácil, porque podríamos haber aprovechado la inercia—, pero a largo plazo sí, porque evitas apatronarte. Hemos sido honestos con el público y con nosotros mismos". Siguen siendo amigos.

"Hay que cazar la energía en un lugar y en un momento determinados, porque tiene un tiempo limitado. Cuando veíamos que se agotaba, dábamos un viraje estilístico". Sucedió con su cuarto elepé, Campeones del mundo, producido por el rapero Hevi (Fluzo, Malandrómeda) y con incursiones en la música tropical y latina. También con el quinto y último, Ultraligero, donde se rindieron definitivamente al baile.

"Fue un viaje exitoso. Novedades Carminha empezamos sin saber tocar los instrumentos y terminamos llenando plazas en lugares inimaginables. Sin embargo, artísticamente, nos quedamos sin pilas. De repente, sentimos que no teníamos la fuerza necesaria para hacer algo importante o que nos emocionase. Si un grupo dura infinitamente, duda de ellos... Había que parar, aunque no sabemos si algún día volveremos".

Carlos Pereiro pone como ejemplo a su combo favorito: The Clash. Habla de su evolución, del punk al Sandinista!, otra coctelera. Joe Strummer luego montó The Mescaleros, pero la banda londinense nunca regresaría a los escenarios. Novedades Carminha se han ido sin giras ni adioses: "Las despedidas son nostálgicas y, por tanto, reaccionarias".

- ¿Qué pasa, Nando?
- No pasa nada. Y si pasa, se saluda.

Nando es su vecino y lleva setenta años en Carabanchel. Recuerda, frente a la barra de El Tercio, a Manzanita, ilustre del barrio y miembro de Los Chorbos, creadores del sonido Caño Roto. Carlangas se dirige por su nombre a taberneros y parroquianos, quienes devuelven el saludo si pasan a su lado, aunque no pase nada. A la vuelta de la esquina, hay una casa. Detrás, un patio. A la sombra de un olivo, una barbacoa.

Allí convoca a sus colegas y, entre botellines, va dándole forma a su nuevo disco, producido en buena parte por Bronquio. Además, ha reclutado a Mundo Prestigio, con quienes se dejó llevar por la música de baile. Lo acompañarán, como su banda, en el Monkey Week de Sevilla. "Es un proyecto ambicioso que presentaré con la batería cargada, porque el público no se merece pagar una entrada y ver tocar a un grupo a medio gas. Va a ser un show para bailar que te cagas".

La cita sevillana es simbólica: allí despegó y luego se consolidó su antigua banda, por lo que Carlangas quiere aprovechar esa "pólvora iniciática" que no está pervertida. "Tío, hay peligro… Necesito sentir esa vibra, porque el directo es mi gasolina". También el meneo, la gente, el sudor. Nada de delirios mesiánicos, ni de textos autorreferenciales, ni de pantallas gigantes que proyectan el "gepeto" del cantante de turno. "Paso de movidas centradas en uno mismo, consecuencia directa del sistema, que busca que nos autoexplotemos: unos contra otros, a ver quién gana. La vida es mucho más amplia".

El bar La Flor, canela fina, está cerrado: "Aquí los clientes se arrancan por rumbas y yo a veces cojo la guitarra. Es más difícil captar la atención de la gente en un sitio así que en un festival". Toca un tentempié en el restaurante La Estufa, donde explica que antes de escribir Cae la noche volvió a leerse el poemario Longa noite de pedra, donde Celso Emilio Ferreiro se hace eco de la emigración, de la clase obrera, de la represión, "de una época oscura".

Saca el móvil para que suene Paseítos por Madrid: "Cosmopolita, / tú no me engañas. / Llevas quince años / sin salir de Malasaña". Carlangas arremete contra el postureo, contra el selfie vital, contra la falta de concentración, contra una sociedad que pierde demasiado tiempo mirándose el ombligo y que se cree lo que no es: "¿Acaso piensas que eres un tío boyante porque puedes viajar en Ryanair?".

Luego está la industria musical, donde "llega un momento en el que se habla poco de música y mucho de dinero", según Carlangas, quien resucita a Camarón ("Pa qué quiero los dineros / si no me sirven pa na") antes de tirar de una letra propia: "No me des trabajo / dame tiempo libre. / Un cubata contigo / me sobra para divertirme".

Productor, colaborador y letrista para terceros (Sen Senra, Joe Crepúsculo, Baiuca, Ilegales…), Carlos Pereiro ha participado en el programa Hoy empieza todo (Radio 3) y actualmente prepara un documental para Sonora. "Nunca voy a dejar de hacer música", deja claro mientras se ajusta en la solapa el micrófono de la grabadora, antes de proseguir la conversación en el bar Mónica y en la cantina de El Observatorio, que acoge los ensayos de las bandas del barrio.

Dejó el centro de Madrid por Vallecas y ahora vive en Carabanchel. ¿Estaba cansando de tanto lío?

No estaba hasta los huevos, pero ya lo había visto. Sucede como en la música: cuando ya estuviste ahí, es el momento de dar un volantazo. Cuando me vine a estudiar a Madrid, caí en la calle San Vicente Ferrer, el núcleo duro de Malasaña, y luego me seguí moviendo por diferentes lugares del centro. Hasta que sentí que se me estaba repitiendo el día, frecuentando los mismos bares y saludando a la misma gente. "¿Qué pasa fuera del M-30?", me pregunté. Como me molaban Los Chichos, empecé a explorar Vallecas y me di cuenta de que me flipaba el barrio, hasta el punto de vivir allí cinco años.

¿No se vio centrifugado por el aumento del precio de los alquileres en el centro?

Esa es otra. Yo venía de un barrio de Santiago y en Madrid me di cuenta de que todo el mundo es hijo de alguien que hizo algo antes o que manda en no sé dónde. Pasa en el mundo del arte y, supongo, en el de la empresa.

Eso sucederá también en Santiago o en Monterroso, ¿no?

Sí, pero allí la música nos igualaba, fueses jevi, roquero, punk o rapero. En Madrid, en cambio, veía más estratos: ¿por qué esta peña es capaz de acceder a ciertas cosas y yo no? Lo de siempre: contactos, amigos de familia, etcétera. Yo no dejaba de preguntarme: ¿de qué vive esta gente si yo a partir del día 15 no tengo ni para un botellín de cerveza?

Para mí el rock and roll era una energía y una forma de vida. Aquí me encontré con unas élites culturales —incluso en el underground— y con un sector, digamos, industrializado. Un rollo que no tiene que ver tanto con el talento, sino con las oportunidades. Claro que hay gente talentosa con apellidos, aunque el colchón familiar ayuda.

Cruzó el Manzanares y se encontró con otro Madrid.

Descubrí un mundo que solo conocía por los libros de Manolito Gafotas. Son caras opuestas de la ciudad donde se vive de una forma diferente. Al otro lado de la M-30, me encontré con más precariedad, pero también con conciencia de clase, asociacionismo potente, bares de jevis y tabernas de toda la vida. Una ficción para los que viven en el centro, pese a que esté a solo quince minutos en metro de la Puerta del Sol.

Entonces me hice socio de una peña flamenca, empecé a ver los partidos del Rayo Vallecano y me di cuenta de que el rock and roll mola, pero la rumba no se queda atrás. De allí me mudé a Carabanchel, un barrio diferente a Vallecas, aunque con un realidad similar y un ambiente muy musiquero: EKO, Matilda, El Observatorio, Gruta 77…

Y lo conocen en todos los bares.

Es importante habitar el sitio donde vives. Por mi casa, además, pasa mucha gente. Yo creo en la asociación de vecinos como la organización política más potente que existe. El progreso no consiste en aprender inglés o chino, sino en conocer a tu vecino. Nos hemos desligado como sociedad, porque hay personas que viajan frecuentemente y no saben quién vive a su lado.

Como soy un tío cariñoso y la sociedad es cada vez más individualista, necesito el afecto de la gente. Me gusta que en el bar me llamen por mi nombre, pero también que los de la casa de enfrente me presten un taladro. Eso me parece esencial en la vida y, al mismo tiempo, te aporta mucho a nivel artístico.

Carlangas, en un fotograma del videoclip 'Se acabó la broma', dirigido por Natalia Ferviú.
Carlangas, en un fotograma del videoclip 'Se acabó la broma', dirigido por Natalia Ferviú. Natalia Ferviú

Un buen lugar para afinar el oído.

Sí. Sin embargo, no se trata tanto de hacer apología de Carabanchel, como de un sitio donde puedas tener tiempo, estar tranquilo, compartir, escuchar y que te escuchen. He elegido el Monkey Week para el despegue de Carlangas. Sevilla me encanta, porque es una ciudad con alma. Ahí están Kiko Veneno, Pata Negra, Vera Fauna, Derby Motoreta’s…

Digamos que en Carabanchel vivo más tranquilo. Yo no necesito estar siempre presente, mostrando mi mejor cara. Aunque no reniegue de Malasaña y use Instagram, no quería llevar esa vida a medio plazo. Preciso espacio y tiempo libre para estar relajado.

¿Ya salía menos antes de tener al niño?

Yo nunca salí poco. Siempre he estado en la calle. Otra cosa es dónde. O que me deje ver. Hay muchas formas de estar en los sitios.

Disculpe el topicazo: ¿ser padre le cambió la vida?

No. Estoy mirando hacia atrás, porque tuve un abuelo muy aventurero y recuerdo todo lo que viví con él. Tener un hijo no es un punto y aparte, sino un punto y seguido. Ahora voy acompañado de una personita superpilla a la que le encanta la música. Me amplió el mundo, no me lo achicó.

Usted se vino a estudiar periodismo, pero nunca le dio por ahí.

No. Me gusta escribir, aunque me cuesta ponerme. Lo que me flipa es la radio. En el fondo, me mola hablar y escuchar.

Y la música bailonga.

Puede ser rock and roll, disco o rumba, pero que sea música de baile. A estas alturas, es tarde para apuntarse a la cumbia. Si lo ves, claro, desde las coordenadas de la tendencia. Sin embargo, la cumbia siempre estuvo ahí y lo seguirá estando. Cae la noche me salió de forma espontánea, porque no creo en el concepto de cranear. Es decir, en darle a la cabeza y plantearte: "Vamos a hacer algo que mole". Porque creo que es imposible molar si intentas hacer algo que mole. Ya decidirá la gente si mola…

¿Baile suelto o agarrado?

De pequeño fui a baile de salón porque el primer día de clase mi padre no pudo llegar a tiempo y mi madre se quedó sin pareja. O sea, que bailo el agarrado en las verbenas desde los ocho años.

Que no corra el aire.

En el baile se baja el pistón. Desde los tiempos de nuestros abuelos o incluso de nuestros bisabuelos, no se vivía tan apretado. Estamos instalados en una cultura del miedo permanente. Mi generación encadena una crisis tras otra. Estamos muy curtidos…

En la desesperanza.

Y eso que empezamos esta ruta en el bar La Esperanza... Tenemos mucha cintura y cada uno lo lleva como puede. Para mí, la música es la vaselina y la luz que me abre a otros mundos. Si tengo que escoger, prefiero viajar a través de las películas y los discos que coger un avión y aterrizar en una ciudad en la que solo me da tiempo a ver Starbucks y McDonald's. Por eso intento que mi música sea así.

Festiva.

Porque soy alegre. Pese a un pequeño poso de tristeza vital, me va muy bien, he tenido una carrera exitosa, trabajo con gente a la que admiro, mi novia es talentosísima y me quiere, tengo un hijo maravilloso... Todo me va bien, pero percibo un ambiente de tensión. Por eso, al igual que yo me relajo escuchando y componiendo, quiero que la gente baje el pistón en mis conciertos, se abrace y salga del cuerpo.

La música y el baile, como manifestaciones primarias o primitivas.

Varias personas cantando, dando palmas, tocando un tambor y bailando alrededor de un fuego. Algo casi espiritual. Yo lo uso como terapia y me gusta compartirlo con el resto.

¿La primera vez?

Siempre me fascinó la música. De pequeño, veía libertad en los discos de Golpes Bajos o de Siniestro Total. "Tío, esta es la vida que yo quiero vivir", me decía. Luego fui persiguiendo esas canciones y vi que esa vida era posible. Ni oposición, ni curro fijo, aunque entiendo a la gente que tira por ahí.

¿No hubo un tutor, un padrino o alguien en quien fijarse?

No. De hecho, en Santiago el rock and roll era muy underground y de casa okupa. El folk salía mucho más a flote, mientras que el rap y el rock estaban bajo la alfombra. Por cierto, el apodo me lo pusieron en Fende na Laxe, un local de la CNT donde organizaban conciertos. Debía de haber otro Carlos y, como yo llegué más tarde, me llamaron Carlangas.

Y después conoce a los futuros miembros de Novedades Carminha.

A Jarri lo conocí en el fondo sur del estadio del Compostela. Le hablé porque llevaba una camiseta de Iron Maiden, me invitó a su cumpleaños y terminamos juntándonos en el Berberecho.

Y a lo hecho, pecho, que diría Siniestro Total.

Una pena que haya desaparecido ese abrevadero: "Vamos a Kwai y al Berberecho / y al Palentino y a lo hecho pecho". Luego apareció Xavi a través de un amigo común. Y, muchos años después, fichamos a Anxo porque no podíamos defender la producción de Campeones del mundo en directo. No era plan seguir haciendo garaje punk, llamamos a Hevi para producirlo y nos metimos en un berenjenal… Abrir el abanico me trastocó la cabeza por completo y aquí estoy. De hecho, la máxima expresión de este cambio es mi primer disco en solitario, que se titulará Carlangas.

Parafraseando la letra de Te quiero igual y su referencia a Los Planetas, ¿llegó a pensar que Novedades Carminha podría gustarle algún día a todos los puretas?

No, porque no creo en las carreras de "joven toda la vida". De hecho, no descarto llegar a la chavalada con este disco y creo que va a pasar, porque es una propuesta muy contemporánea. Lo que no quiero es seguir vistiendo la chupa del instituto. Me parece lamentable el intento de aparentar veinte años eternamente. Me siento muy bien con mis 35.

Me ha recordado aquel comentario de Natalia Ferviú en Instagram: "Chicos, el giro del último disco es muy interesante, pero ¿no creéis que ya va siendo hora de que dejéis de llevar la ropa del instituto?".

Es una metáfora buenísima, porque hay que evolucionar. Un día estoy produciendo discos a chavales de veinte años y otro, cantando con Kiko Veneno, que tiene setenta. No se puede reducir todo a una cuestión generacional, porque entonces cierras tu espectro. Kiko es un artista esencial. Lo admiro muchísimo, al igual que a Damon Albarn o a David Byrne, cuyas carreras son increíbles. Pero también me flipan Ben Yart, Paco Moreno o Grande Amore. Es más lo que haces, que la edad que tengas al hacerlo.

No es la primera vez que su chica le da un toque por el vestuario.

Cuando fui a los Premios Pop Eye, nos pasearon por Cáceres y nos trataron de maravilla. Yo, por la coña, iba de traje. Cuando llevaba cuatro cervezas encima, me animé a mandarle un mensaje, acompañado de una foto, en el que le preguntaba si debía cambiar algo para la gala. Ella me respondió: "Pareces un concejal de urbanismo. Ya hablaremos…".

Veo que, años después, su estilo sigue siendo prácticamente el mismo.

Siempre he sido de básicos.

Aventuro que en Carlangas habrá más una progresión que una ruptura.

Se acabó la broma es un single rupturista, una hostia en los dientes, quizás la canción más friqui del disco. Me apetecía marcar un punto y aparte y, como tengo el alma punki, tenía ganas de que la peña rajara: "¡Nooo! ¡Antes molabas mucho más!". Eso sí, hay canciones que van a recordar a Novedades Carminha, porque la semilla está ahí.

¿No resulta más provocador reivindicar a Manu Chao?

Yo no reivindico a Manu Chao, sino que he hecho una canción con él. A Manu Chao no hace falta reivindicarlo.

Carlangas, exlíder de Novedades Carminha, debuta en solitario.
Carlangas, exlíder de Novedades Carminha, debuta en solitario. Melchior Tersen

"Cuántas cumbias te perdiste por andar de rockerito".

Es una pintada que vi en un bar de Coruña. Mira que yo soy roquero, pero hay más mundo.

Pintadas favoritas: "Conxo, capital da movida mental".

Esa es de Moncho, un tío con el que jugaba al futbolín. Para que se entienda, Conxo es un barrio popular de Santiago donde hay un psiquiátrico. Moncho curraba en una imprenta y, además de la pintada, se pagó de su bolsillo un montón de pegatinas con esa frase que luego estampaba por toda la ciudad.

En la fachada de una casa okupa de Madrid: "En un momento dao, todos al tejao".

Muy buena. En Carabanchel hay una que me mola: "¿Quieres que lo hagamos oficial?". Y el mismo tío que hace la pregunta responde: "Sí".

En Carballo: "Libertad para el mono del kiosko". No sé si recuerda aquella máquina de bolas y al primate enjaulado que hablaba y quería ser "tu amigo". Hubo quien lució camisetas con el lema: "Soy más de Albacete que el mono de la calle Zapateros".

Aunque mi favorita es la de "Cuántas cumbias me perdí por andar de rockerito", esta que vi en Valladolid me encanta: "Gastos militares pa resucitar al Camarón".

También objeto de camiseta. Y pensar que los puristas devolvían en las tiendas La leyenda del tiempo

El cambio es una necesidad vital contra el estancamiento: mi gasolina. Yo vivo en la zona peligrosa, donde corres el riesgo de que tu trabajo no le guste a alguien. Sin embargo, yo he ido enganchando a más gente de la que se ha bajado del carro. Desde un punto de vista artístico, no concibo la posibilidad de no arriesgar, ni me siento bien instalado en la comodidad. No me preocupa tener un sueldo fijo hasta los 65 años, como tampoco pienso en la jubilación.

¿Cumplir años y tener un hijo no lo han cambiado?

No. Siempre he tenido espíritu paternal. Ser padre es un paso más que no me quería perder. Tenía curiosidad y ha sido un momento brillante. Y duro, porque te genera unas responsabilidades y unas ansiedades que no tenía. Está siendo una experiencia muy potente. Y el niño es la hostia. Me enseña muchas cosas y, de repente, me veo bailando reggae con él. Por cierto, sale acreditado en el disco: Marcelo Pereiro.

Antes aludía a su buen gusto musical. Pero solo tiene un año, ¿no?

Claro. Cuando tenía una hora de vida, escuchó su primer disco. Algo tranqui de Khruangbin, aunque ha salido bailón.

Tiene pinta de padrazo.

No te creas. Reivindico el fallo como padre. De hecho, no me leí ni un puto libro, porque quería encontrármelo de frente: ¿a ver quién coño es? Ahora lo miro y tiramos pa'lante siempre.

Confía en usted.

A muerte. Y yo en él.

Este roquerito no se perderá ni una cumbia.

Ni una. Ha mamado música desde antes de nacer. De hecho, lo procreamos escuchando un disco de Jeanette.

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