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El circo despliega poesía y reivindicación en València

El festival internacional de circo Contorsions expande en València la realidad de un circo diverso y transgresor, empoderado y colectivo. El sector, siempre caminando desde los márgenes, reivindica una política cultural más diversa, con focos en la programación, la formación y la creación de circuitos.

Algunos de los actores del festival / La Finestra Nou Circ

Hèctor Serra

Si el circo es interrogar límites y abrir posibilidades, tal y como defiende el experimental malabarista francés Johann Le Guillerm, entonces la ciudad de València se convertirá estos próximos días en un andamio gigante apto para retorcer y transformar la poesía humana y la imaginación. El festival Contorsions, impulsado por la Concejalía de Acción Cultural, celebra su segunda edición desplegando una programación rica en lenguajes, innovación y reivindicaciones. Bufonadas, acrobacias, performances, música y monólogo corrosivo. Todas las disciplinas que la cosmovisión circense puede albergar se dan cita en un necesario mensaje de multiculturalidad y desafío a lo establecido.

Y lo hace desde la renovación y la contemporaneidad, desde ese espacio simbólico, ecléctico, abierto, que se adapta al momento que le toca vivir. Desde la cinética, la coherencia argumental, la ausencia de animales y la apelación a las emociones por las que se abogaba en aquel Nouveau Cirque nacido en Francia al calor de la revolución cultural del 68 y que significó un punto de inflexión. El circo de todos los días; no solo el que llega en navidades. El espectáculo en la calle, el teatro, la carpa, el cabaret, las naves industriales. "En otros tiempos fue aliado de las vanguardias artísticas y reivindicado por ellas; muchos creadores se inspiraron en el circo para crear sus obras, tanto en el teatro y la danza como en las artes plásticas y la música", expresa Maria Colomer, una de las activistas circenses más reconocidas de la escena valenciana y estatal.

Y, sin embargo, no pocas veces se ha tratado al circo como el hermano pequeño de otras disciplinas artísticas. "Ha habido invisibilidad y también deseo de no ver", dice Colomer. De hecho, el reconocimiento institucional del circo como realidad cultural es relativamente reciente. Algunas administraciones enmarcaban hasta no hace mucho su financiación dentro de "Fiestas Populares" o "Ferias". Hoy las ayudas públicas de Cultura ya especifican al circo como una disciplina más, alejándose de la exclusión o la marginalidad. En 1989 se iniciaron las primeras ayudas a escala estatal y desde entonces el sector viene demandando apoyos concretos que, aunque mejoran, se revelan insuficientes. "Ya son años los que vamos detrás de un plan general de circo a nivel español que acabe de cumplirse. Hubo un plan elaborado en el 2011, de aplicación en 2012-2015, que necesita reactivarse", relata Colomer. En el País Valenciano, a pesar de contarse con una escena fortalecida, aún está pendiente trazar un plan autonómico.

Sin duda que para este tímido reconocimiento de derechos ha sido clave el impulso asociacionista. El poder popular. Catalunya marcó el paso. La vitalidad renovadora vivida a partir de los setenta (Comediants, Els Joglars, La Tràgica, Circ Cric, Germans Poltrona…) cristalizó posteriormente en agrupaciones profesionales que consiguieron que en 2005 el Parlament reconociera el circo como Bien de Interés Cultural. En el caso valenciano, la primera asociación surgió en Alicante en 1997. Donyet Ardit fueron pioneros en acercar la cultura circense a la calle hasta el punto que el proyecto se ha convertido en un emblemático circo socio-educativo con especial incidencia en la zona norte de la ciudad. Después vinieron la Associació Valenciana de Circ en 2003 y la Associació de Malabaristes de Castelló en 2005. La Associació de Professionals de Circ de la Comunitat Valenciana nace en 2011 por el impulso de las anteriores, en un intento más de dignificar el sector y demandar su reconocimiento profesional, entendiendo el circo como arte escénico sin explotación humana o animal. Desde hace dos años, esta plataforma celebra la Nit del Circ Valencià, que permite un encuentro anual para radiografiar el sector y afinar reivindicaciones.

"Creo que el Circo con mayúsculas aún está por venir. Vamos dando pasos, grandes pasos; hay más festivales de circo y de payasos, más encuentros, más compañías, pero todavía no hay un circuito estable de exhibición", apunta Colomer. La actriz pone el acento en despertar la sensibilidad dormida por parte de los gestores culturales ante la dificultad de programar circo con normalidad, especialmente en sala. También apunta como asignatura pendiente la formación profesional, que en el estado español no está reglada ni regulada todavía. Y respecto a las ayudas económicas, Colomer recuerda que, a pesar del incremento de los porcentajes destinados al circo, persiste la demanda de una línea de ayudas propias para el circo, separadas del teatro.

Libre de prejuicios

Pero el circo también afronta en su seno un reto mayúsculo, que es la misma lucha que se libra en otras esferas culturales y que tiene que ver con la infrarepresentación de las mujeres y otras identidades no normativas en los niveles de dirección de festivales y gestión de programación. También las asociaciones dirigen sus esfuerzos hacia la acción inclusiva y contra el refuerzo de modelos discriminatorios. A nivel artístico, sin embargo, la visibilidad y el empoderamiento femenino juegan un papel muy relevante en el nuevo circo valenciano. Así lo percibe Patrícia Pardo, clown, directora escénica y pedagoga. En su repaso por los nombres contemporáneos, se encuentran aerelistas, acróbatas y malabaristas (Ángela y Julia Sáez, Jana López, Dayné Álvarez, Anabel Arqueros…), clowns (Maria Colomer, Jimena Cavaletti, Maria Andrés, Loles Serrano, Rosi Cózar, Ana Sánchez…) y un gran número de artistas mujeres que en sus compañías también forman parte del equipo de dirección.

Pardo es una de ellas. Su producción dramática ha girado por una quincena de países de América, Europa y Oceanía. "A nivel artístico, es un espacio avanzado; ya desde el circo clásico que lo es", expresa. Y añade: "La existencia de las trapecistas, de las acróbatas, de las contorsionistas… me maravilla: son artistas de primer nivel, protagonistas de números estrella, que dominan disciplinas de gran dificultad". A menudo, la imagen que nos ha llegado del circo clásico ha contrapuesto el rol del fuerte domador masculino con el papel sumiso de las parteneirs del mago. Sin embargo, Pardo cree que eso no es lo que representa el circo, ni antes ni ahora. Para la actriz, el circo no debería ser ningún blanco fácil en relación con el machismo imperante en la sociedad, de la cual forma parte, y defiende la superación, desde hace mucho tiempo y a más velocidad que en otros ámbitos sociales, de muchas de las cuestiones basadas en el género. También en relación al vestuario: "Forma parte del circo mostrar el cuerpo con el que se trabaja. En el nuevo circo, lo de las faldillas y los pantalones está más que superado y, dependiendo de la estética de cada obra, se diseña un vestuario al servicio del sentido dramatúrgico o simbólico del espectáculo".

Sin ir más lejos, la compañía que lleva su nombre convierte el cuerpo y la expresividad clownesca en pura potencialidad reivindicativa. Jugando con la desnudez, los espectáculos "Comissura" y "Cul Kombat" abogan por la eliminación de las categorías y se enfrentan a la presión de los otros hacia el propio cuerpo. Un cuerpo que, como expone la actriz, no se cosifica sino que es herramienta de expresión, de denuncia o de liberación: "Cuerpo que expresa, que emociona, que suda, que abraza, se deforma, que es belleza, músculo y caricia, accidente y precisión, impulso y derrota".

Social y democratizador

Es precisamente desde esta perspectiva horizontal, rompedora, nómada y diversa que el circo adquiere capacidades democratizadoras en el ámbito social. Su contribución a fortalecer la autoestima, el trabajo en equipo y el afán de superación nos permite hablar del circo como una herramienta de intervención pedagógica. Son múltiples los proyectos actuales que ponen el circo al servicio del desarrollo personal de colectivos específicos, como jóvenes en riesgo de exclusión social, personas con diversidad funcional o personas con problemas de adicción.

Algunas de estas iniciativas las lleva a cabo La Finestra Nou Circ, fundada a mediados de 2012 por Olga Osuna, Alberto Vidal, César García y Juan Juanín. Su distintivo social es "Finestra Inclusiva", una línea de proyectos que persiguen el empoderamiento de las personas participantes mediante la adquisición de habilidades y conocimientos, potenciación de sus capacidades y trabajo de nuevos valores y aptitudes. Actualmente, en el proyecto trabajan en red 13 asociaciones sin ánimo de lucro e instituciones. En él, se contempla una fase de formación (donde son protagonistas los diábolos, platos chinos, aros, dobles alturas, zancos, expresión corporal…), otra fase de creación de un espectáculo que parte desde los intereses y las motivaciones de los propios participantes, y una tercera fase de exhibición que brinda el reconocimiento a los participantes por parte de su entorno, familia y amigos.

Recientemente, esta compañía se ha asociado a la Federación Española de Escuelas de Circo Socio-Educativo, una entidad que lleva funcionando desde 2013 con el objetivo de crear una red de trabajo entre todas las escuelas de circo social del estado español. Desde esta plataforma se organizan anualmente festivales, talleres, seminarios, intercambios juveniles europeos y otros proyectos. Un trabajo que amplía miradas y lenguajes, solidaridad y humanidad, y que llega a todos los espacios posibles. Porque, a lo largo de la historia y en sus múltiples maneras de manifestarse, el circo, tal y como concluye Colomer, "ha sido el lugar del más difícil todavía, de lo extraño, lo raro, lo excéntrico y exótico, lo diferente, lo inexplicable, lo aparentemente imposible, el lugar del riesgo, donde el ser humano reta la gravedad y a sí mismo y con todo lo que supone". El circo continúa latiendo.