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El día que el "populacho" descubrió la Casa de Campo

Algaradas, trifulcas y algún que otro corte de digestión. El 1 de mayo de 1931 se abrió por primera vez al pueblo de Madrid el que hasta la fecha era coto de caza real. 300.000 personas dieron buena cuenta de aquel derroche imperial. El festival Bosque R.E.A.L revisita desde la contemporaneidad la historia de un hallazgo único.

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Un instante de aquella jornada histórica en la Casa de Campo recogido la revista 'Crónica'

Aquel 1 de mayo el pueblo de Madrid se entregó a la algarabía. Cazaban conejos para condimentar improvisadas paellas, se subían a las copas de los árboles y se revolcaban ufanos sobre la jardinería decimonónica. Los más pequeños se perdían en la frondosa arbolada real y el alcalde anunciaba por la radio dónde debían recogerles. Lo que ocurrió en la Casa de Campo hace hoy 88 años fue lo más parecido a un happening, una suerte de bacanal fruto de un descubrimiento impensable en la era de Google Maps.

La muchedumbre se topó de un día para otro con lo que viene siendo un edén

1.700 hectáreas de bosque ubicado en el suroeste de la ciudad se abrieron al público por primera vez en casi cuatro siglos. Un coto de caza real –perteneciente a la Corona desde 1556– que por obra y gracia de una recién parida República –habían pasado diecisiete días desde su proclamación– pasó a manos públicas. Fue así como la muchedumbre se topó de un día para otro con lo que viene siendo un edén. Tal y como reflejó en su día la revista Crónica, «los madrileños que en estos días de fiesta han pasado por los bosques inmensos del antiguo recreo real, que tiene más de viente kilómetros de perímetro, no salen todavía de su asombro al pensar que 'todo eso' pudiera estar en poder de una persona, cuando tantos cientos de millares se ahogaban en Madrid, sin lugares de recreo donde salir a respirar el aire puro».

El hallazgo contaba con una veintena de manantiales, innumerables acequias, más de media docena de puentes, tres arroyos, risueños parques, alamedas y varios estanques dispuestos para la práctica del patinaje sobre hielo y el remo. Viveros, picaderos y colmenas, unas setecientas ovejas y más de un millón de árboles constituían aquel derroche imperial cuyo descubrimiento llenó de alborozo al personal.

"Era un desmadre; empezaron a hacer fogatas, arrasaron los parterres y una persona murió ahogada en el lago"

Un día en la vida que quedó en la retina de muchos madrileños y que se ha perpetuado hasta nuestros días en cientos de sobremesas castizas como las de Juan García Vicente, vecino de la Casa de Campo que evoca para Público las vivencias de su abuelo político, Santos Gusano Bartolomé, brigada del Cuerpo de Carabineros encargado –sin mucha suerte– del orden y la seguridad aquella jornada histórica: “Era un desmadre; empezaron a hacer fogatas, arrasaron los parterres y una persona murió ahogada en el lago”.

La edición matutina del sábado 2 de mayo del diario ABC cifraba en 45 los heridos, todos ellos con pronóstico reservado, la mayoría «como consecuencia de la excesiva aglomeración y de algún exceso de vino y varias riñas habidas entre irascibles, que nunca faltan». Registrándose también «dos graves accidentes por haberse sumergido en el estanque grande, después de comer, dos imprudentes, que tuvieron que ser atendidos en la Casa de Socorro».

El despiporre fue tal que el recién constituido gobierno de la República, a través de su Ministro de Hacienda, el socialista Indalecio Prieto, tuvo a bien hacer un llamamiento público con el fin de templar los ánimos bullangueros del pueblo de Madrid: "La verdadera finalidad para la que el Ayuntamiento recibe y el Gobierno entrega el parque de la Casa de Campo no es para orgías, francachelas y merendolas, esto destruiría y desvirtuaría el verdadero sentido de la entrega y la honda labor cultural y de recreo del vecindario".

Unas palabras que fueron refrendadas por el alcalde de la ciudad, Pedro Rico, apenas una semana después del festín, en una alocución recogida por el diario El Socialista durante la celebración oficial de la cesión en usufructo de los terrenos: «La República le entrega lo que hasta ahora fue coto real pero no para que lo destroce, sino para que en él halle instrucción, recreo culto y una fuente de salud para los niños de la República».

El ministro de Hacienda, Indalecio Prieto, firma ante notario y con la presencia del alcalde de Madrid, Pedro Rico, la cesión de los terrenos.

Festival Bosque R.E.A.L

"Queremos quitarle un poco de polvo a la historia, y queremos hacerlo sin renunciar a las voces que llevan años luchando por la preservación de la Casa de Campo", comenta Jacobo Cayetano, miembro de Zuloark, oficina abierta de Arquitectura y Urbanismo, quien junto a Javier Cruz, de la plataforma Zoohaus, ha coordinado el Festival Bosque R.E.A.L, cuyas siglas hacen referencia a que estamos ante una Revisión Expandida, Aumentada y Literal de la Casa de Campo de Madrid.

En el evento se servirá roscón de reyes, cerveza Corona, natillas Reina... Y demás guiños al pasado real del recinto. También habrá una reproducción de la mesa en la que se firmó la cesión de los terrenos al Ayuntamiento de Madrid, así como un teleprompter en el que los visitantes podrán leer el discurso que profirió aquella tarde Indalecio Prieto. "Celebraremos en la Puerta del Rey la devolución al pueblo de Madrid del parque municipal más grande del mundo", sintetizan los organizadores vía Facebook. No es para menos, aquel día cientos de miles de personas descubrieron e hicieron suyo para siempre un nuevo lugar.