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Entrevista hija de Gila ¿Gila? Que se ponga

Carmen Gila, hija del histórico humorista, habla con 'Público' al cumplirse esta semana 16 años de la muerte de su padre. Recuerda como era él en la vida cotidiana: "Una persona muy tímida y parca en palabras".

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El humorista Miguel Gila junto a su hija Carmen./Público

¡Que se ponga!—. Esta es la muletilla que solía emplear en todos y cada uno de sus monólogos. Al otro lado del aparato, todo un país que, desde su salón, mascaba risas con la boca.

Han pasado ya 16 años de su muerte y el humor, más que nunca, le añora. Gila, el padre del chiste, sigue presente en cada broma, en cada monólogo y cada chascarrillo. Los que le vivieron recitan sus chistes para hacer, como hacía él, de la rutina un ente positivo. Los que no tuvieron la suerte de compartir época recurren a Youtube y otros métodos para saber de donde vienen los chascarrillos de los Broncanos y Buenafuentes del presente.

Sin embargo, el tiempo pasa y lo que Gila fue se reduce a un recuerdo imprescindible en el imaginario cultural de un país. Carmen, una de sus hijas, habla con Público del otro Gila. El que "luchó con los rojos" y al que le "daba vergüenza que le reconocieran por la calle".

No hace falta mucho para darse cuenta de que la que habla tiene los genes del humorista. Tanto es así, que bromea nada más descolgar el teléfono: "Me he venido aquí a descansar unos días con Mariano a Santapola".

Madrileña y a pocos días de cumplir 59 años, Carmen no tarda en rememorar la vida de su padre. "Intentaré ser breve", apostilla. De sus orígenes no cuenta mucho, porque de eso está ya todo dicho: que venía de una familia pobre, que trabajó desde los nueve años y que luchó en la guerra para defender la II República.

Quizá la cárcel durante la guerra, la pobreza de su infancia y la dureza de la vida le llevaron a escoger el humor y la comedia "como una válvula de escape", reconoce. Porque al fin y al cabo, Gila recopilaba el costumbrismo español más trágico para banalizar los males que atosigaban a España.

Nos fusilaron mal— decía mientras posaba ufano ante la cámara con el teléfono colgando de una de sus manos.

"Mi padre era una persona muy tímida"

Carmen reconoce que la comedia no era lo más representativo de su padre, pese a la fama que le dio. "Era una persona muy tímida y parca en palabras, un hombre muy serio", añade. A pesar de haber dejado la escuela con nueve años para trabajar, Gila era una persona "culta" a la que le apasionaba el cine y la fotografía. 

La imagen que nos queda es la de él sacando risas en los platós de RTVE, pero a veces, se pasan desapercibida otras realidades. Carmen recuerda desde el otro lado del auricular como su padre, siendo socialista declarado, recibía la llamada de Franco para actuar en La Granja. "Me contaba que se le descomponía el cuerpo, pero no tenía más remedio que ir y actuar", comenta.

"El humor es humor"

No son buenos tiempos para el humor. Los chistes, cuando más sociales y críticos, más caros salen. Y eso, a Carmen, no le sabe bien. Nada más sus genes, tiene autoridad para hablar de ello y, con una frase redundante, dice más de lo que puede parecer: "El humor es humor".

"Si te apetece un chiste hazlo y a quién no le guste que no lo mire o no le lea", dice al ser preguntada por recurrentes debates sobre los límites de la comedia.

Ella misma reconoce que dada su devoción, cuando llega la Semana Santa, cierra las redes sociales para no ver chistes y críticas a su religión. "Si tuviera que entrar al trapo a todo, al final saldría de casa con dos pistolas", ironiza.

Al final, entre risas, resuelve la entrevista con una frase que dice mucho de Gila y su legado en la comedia española: "Tenemos el arte de reírnos de lo jodido".