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Estreno Filmin 'Hipócrates', la serie francesa que pone el foco en los efectos de los recortes en la sanidad pública

Filmin estrenó hace unos días esta serie francesa creada en 2018 por un antiguo médico en la que se abordan las consecuencias de no invertir en sanidad convirtiéndose en uno de esos títulos que emerge entre el resto gracias al boca a boca.

Hipócrates. /Filmin
Hipócrates. /Filmin

Tres médicos residentes se ven obligados a hacerse cargo del ala de un hospital ante la cuarentena obligatoria impuesta a los titulares por culpa de un virus. Podría tratarse de una frase extraída de cualquier noticia publicada durante los últimos meses y ocurrida en cualquier lugar del mundo. Sin embargo, es la sinopsis de Hipócrates, serie francesa de 2018 incluida hace unos días en el catálogo de Filmin en España que está en boca de muchos por su forma de asomarse a la sanidad pública y plasmar cómo afectan los recortes al sistema sanitario.

El género de las series de médicos es inmenso y en su haber tiene algunos títulos realmente buenos que forman parte de la historia de la televisión. En España, sin ir más lejos, se han hecho grandes ficciones como Hospital central, Médico de familia y Doctor Mateo, por mencionar solo algunas. El gran valor de Hipócrates, ambientada en un hospital público francés, reside en la premisa de la que parte y el momento en el que ha llegado a España. Ambos aspectos, punto de partida y don de la oportunidad, están íntimamente relacionados. Pasó algo parecido hace solo unas semanas con El Colapso, también en Filmin e igualmente recomendable.

En un contexto como el actual, en el que el número de casos de contagios por coronavirus no deja de ascender, se registran cientos de brotes repartidos por toda la geografía española, los rastreadores escasean por la falta de previsión y los sanitarios están al límite de nuevo, una serie que se asoma a la sanidad pública y a sus profesionales está destinada a convertirse en tema de conversación seriéfilo recurrente. Sobre todo cuando demuestra, ya desde su primer episodio, que abaratar costes cuando se habla de salud nunca puede ser la solución correcta. Una planteamiento que adquiere aún más valor si se explica que quien está detrás de él, su creador, sabe de lo que habla porque lo ha vivido en primera persona.

Thomas Lilti fue médico antes que cineasta. De hecho, llegó a compaginar ambas carreras un tiempo. Suyas son tres películas en las que abordó distintos aspectos de la medicina en Francia. Hipócrates (2014), Un doctor en la campiña (2016) y Mentes brillantes (2018) podrían funcionar muy bien como trilogía médica. De Hipócrates nace el germen de la serie ahora estrenada. La segunda se centraba en el trabajo de un médico rural y los desafíos a los que debe hacer frente y la tercera, en el nivel de exigencia impuesto a los estudiantes de Medicina.

En 2018 Canal+ estrenó en Francia la que ahora se puede disfrutar en Filmin y fue todo un éxito. Chloè (Louise Bourgoin), Hugo (Zacharie Chasseriaud) y Alyson (Alice Belaïdi), sus protagonistas, conquistaron al público. Cada uno cumple una función en el eventual equipo. El último en sumarse es Arben (Karim Leklou), un médico que hizo la carrera en Albania y que trabaja como forense hasta que es reclamado para sumar un efectivo más a un ala de medicina interna en cuadro después de que los médicos titulares sean enviados a casa para una cuarentena de 24 horas por la muerte de un paciente. Aunque pronto se descubre que la causa del fallecimiento estuvo en un virus desconocido y que el confinamiento debe prologarse de manera indefinida.

Hipócrates. /Filmin.

Lo que iba a ser algo temporal se convierte en una crisis sin fecha de caducidad. La directora del hospital no deja de pedir refuerzos. Pero estos no llegan y su plan de activar el modo estival (bajo mínimos por las vacaciones del personal) no funciona. Por un lado, porque son pocos médicos para cuatro unidades de pacientes. Por otro, porque al menos dos de ellos tienen conocimientos limitados y una experiencia muy reducida. No están preparados para hacer frente a la carga de trabajo que debería repartirse una plantilla al completo ni, más importante aún, para hacer frente a la carga psicológica y el nivel de estrés que implica el saberse responsables de todo sin la preparación adecuada.

Son héroes, pero también víctimas

La política de recortes y de baja inversión en este hospital público francés hace que colapse. Como pasó en España en los momentos más duros de la pandemia. Lo que convierte a Hipócrates en una interesante opción seriéfila estos días es que no habla del sistema sanitario en términos abstractos, como un ente sin personalidad. No se trata de cifras, sino de personas. Porque el sistema sanitario está compuesto por médicos, enfermeros, celadores, administrativos, personal de limpieza… Son ellas y ellos los que, aferrándose a su profesionalidad y con los medios a su alcance –que han sido escasos como demuestran las estadísticas de contagiados por coronavirus entre los sanitarios– sacan adelante la situación.

Se les llama héroes, y lo son, pero también víctimas de las decisiones económicas y políticas de otros. Se les aplaude desde los balcones y se les da las gracias por su esfuerzo, dedicación y sacrificio. Y eso está bien, pero lo que necesitan son más medios materiales y humanos para plantar cara al virus. Eso en el mundo real. En la serie, lo que urge a los residentes de ese ala de medicina interna al límite es que desde arriba manden suplentes para cubrir las bajas y poder dedicarse a lo que fueron a hacer allí: aprender y formarse.

Hay una frase dicha por uno de los personajes en el cuarto capítulo que, escuchada ahora, dos años después de haber sido estrenada en Francia, cobra más peso y cierto halo de premonición. "Un virus desconocido no es nada, los ha habido siempre (…) es más peligroso un servicio sin médicos que el virus", dice Arben. Es cierto que el virus de Hipócrates nada tiene que ver con el que ha desencadenado la pandemia, ni el colapso de su sistema es comparable a lo ocurrido en España, pero lo que no se puede negar es que en sus ocho episodios se contiene ese alegato a favor de la inversión en sanidad pública que siempre ha estado vigente y cuya necesidad ha puesto aún más en relieve la covid-19. Porque en situaciones de estrés para la sanidad es cuando sus carencias resultan más evidentes y peligrosas para el conjunto de la sociedad.

En Hipócrates, además, se ve cómo esa tensión generada por la falta de recursos humanos desata tensiones entre los distintos servicios, que se envían pacientes o 'roban' profesionales en una suerte de competición por salvar el día que no se produciría (o al menos no sería tan evidente) de contar con los medios óptimos. Huelga decir que, además de toda esa lectura reivindicativa, social y política que se puede hacer de la serie porque es parte de la misma, están los personajes, con sus propios dramas personales, sus intereses románticos y sus errores como consecuencia de la situación derivada de la cuarentena, pero también de su propia personalidad. La mayoría de la acción transcurre dentro del hospital. Pocas veces sale la cámara de esas paredes asépticas. Algo que contribuye a generar en el espectador esa sensación de agotamiento y 'vivir allí' que hacen mella en sus cuatro protagonistas.