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Los héroes románticos de época que nos ha vendido la televisión británica

Poldark y Demelza, Mr. Darcy y Miss Bennet, Mathew Crawley y Lady Mary… Todos son distintos y a la vez similares respondiendo a ese estereotipo tan querido y aceptado del héroe romántico de época británico.

Así son los héroes de las series románticas británicas.

MADRID.- La mayoría están cortados por el mismo patrón. Son altivos, elegantes, de buena planta, perfecta dicción británica, honor extremo, tozudos, con fuertes principios, orgullosos, prejuiciosos y de amor incondicional cuando se ha conseguido. Así son ellos y ellas, porque no habría héroe romántico sin heroína que le de la réplica. Y qué réplica. En algunos casos son ellas las que llevan la voz cantante en la relación por mucho que hace dos siglos el papel de la mujer en la sociedad fuese bien distinto al de ahora.

Aunque en España hace un tiempo que se lanzaron a las series de época con un fuerte componente romántico (fiebre que parece haberse frenado en cierto modo), los maestros en esto, como en tantas otras cosas, son los británicos. Su época victoriana y el espíritu siempre presente de Jane Austen están cargados de ese romanticismo de antiguo cuño donde las apariencias importaban, la diferencia de clases parecía insalvables y el amor se vivía en la distancia, más con las palabras y las miradas que con el roce.

Poldark, que acaba de llegar a España (cada domingo, a partir de las 21:30 horas en Canal + Series Xtra), es solo uno más de esos héroes románticos que nos ha vendido la televisión británica. Él mismo, Darcy, Thornton, Moray y Matthew Crawley tienen mucho en común pese a ser distintos. Como ocurre con sus partenaires Demelza, Miss Bennet, Margaret, Denise y Lady Mary. Todos distintos, todos similares.

(Nota: El texto contiene spoliers a partir de aquí si no se han visto las series al completo, aunque en todas ellas se pueda predecir el final)

Ross Poldark (Aidan Turner) y Demelza (Eleanor Tomlinson)

La historia relatada por Winston Graham en sus novelas regresa –ya fue adaptada antes en los setenta y en los noventa– de la mano de Aidan Turner, el nuevo Ross Poldark de la BBC, que se preestrenó anoche en el canal #0. Emitida el año pasado en el Reino Unido, la trama gira en torno a un terrateniente que regresa a Cornwall varios años después de que le den por muerto en la Guerra de la Independencia estadounidense y a su vuelta se encuentra con que el amor de su vida, Elizabeth, se ha casado con su primo. Sin la razón que le empujó a sobrevivir a su lado, Poldark tiene que luchar por recuperar la riqueza perdida, levantar una mina cerrada y redirigir sus pasos.

Pronto se cruza en su camino una joven pelirroja disfrazada de muchacho acompañada siempre por su perro que huye de la mala vida que le dan su padre y hermanos. Ella es Demelza, la heroína de la historia. Ambientada en el siglo XVIII, esta serie histórica y romántica tiene en Poldark a un hombre de honor, luchador, que lo da todo por los suyos, al que no le importan las habladurías, que sabe reconocer la fidelidad de quienes le rodean y con cierta tendencia a meterse en líos por su fuerte carácter e inconformismo. Demelza es una joven luchadora, trabajadora, con cierto complejo de inferioridad por aquello de pertenecer a una clase inferior, de una bondad infinita y una gran capacidad de entrega y superación. Momentos intensos tienen muchos, pero este del tercer episodio marca un antes y un después en su relación.

John Thornton (Richard Armitage) y Margaret Hale (D. Denby-Ashe)

Mediados del siglo XIX. Milton, al norte en Inglaterra. Una joven del sur se ve obligada a dejar atrás el mundo tranquilo y rural que ha conocido desde niña para seguir los pasos de su padre, otrora miembro de la Iglesia, a una ciudad industrial donde las costumbres y sus gentes son muy distintas a lo que está acostumbrada. Basada en la novela de Elizabeth Gaskell, la historia de la joven Hale y el empresario del algodón Thornton tiene muchas similitudes con la narrada por Jane Austen en Orgullo y Prejuicio. Las novelas románticas en la época victoriana es lo que tenían, mucho de prejuicios clasistas y de amores apasionados e imposibles.

Cuatro episodios para contar la complicada relación entre una cándida joven de clase media a la que poco importan las diferencias sociales y un hombre hecho a sí mismo con un carácter imposible y algo violento en ocasiones, pero razonable si se le toca la fibra sensible y al que el amor ablanda. Su primer encuentro no es precisamente idílico. Ella lo conoce persiguiendo y dando una paliza a un trabajador al que descubre fumando en la fábrica. Tiene sus razones. Ninguno tiene buena opinión del otro, pero poco a poco van limando asperezas. Para quienes quieran verla, Norte y Sur está disponible en Netflix. Su momento, cuando él se le declara a ella y esta le rechaza con un ‘nunca me has gustado’ que hiela la sangre.

Mr. Darcy (Colin Firth) y Elizabeth Bennet (Jennifer Ehle)

¿Quién no conoce la historia del señor Darcy y la señorita Bennet? ¿Quién no se ha preguntado más de una vez (Tom Hanks lo hacía en Tienes un e-mail) quién era el prejuicioso y quién el orgulloso en Orgullo y prejuicio? En realidad, ambos, ¿no? Porque Mr. Darcy y Miss Bennet eran tal para cual, esclavos de sus palabras y de sus ideas preconcebidas. Él, un estirado joven de alta cuna que la desprecia en un primer momento por no encontrar en ella nada reseñable en cuanto a belleza se refiere. Ella, por rechazar con cajas destempladas su torpe declaración de amor. Basada en la novela de Jane Austen y ambientada en el siglo XIX, el amor entre ellos dos ha sufrido un sinfín de adaptaciones, tanto en el cine como en la televisión, pero la realizada por la BBC en 1995 con Colin Firth en al papel de Darcy es de las mejores.

En total, seis capítulos que desgranan una de las mejores y inspiradoras historias de amor de la literatura de la que todo el mundo conoce el final, pero en la cual el placer reside en ver cómo se llega a él. Descubrir la cantidad de impedimentos, secretos y escollos que han de salvar los protagonistas de un romance que se fragua más por lo que terceras personas les cuentan del otro que por la impresión que ellos mismos reciben de su objeto de adoración. Porque son tan orgullosos que son incapaces de mostrarse tal y cómo son la mayor parte del tiempo. ¡Ay, si él no fuese tan estirado y hubiese desenmascarado antes a Wickham! Su momento, cuando se encuentran sin esperarlo en Pemberly y él aparece todo desaliñado, con parte de su ropa en la mano tras un baño.

Mathew Crawley (Dan Stevens) y Mary Crawley (Michelle Dockery)

Downton Abbey es la más premiada de todas, la más reconocida a nivel internacional (en Estados Unidos se cuentan por decenas de miles sus fans) y la única que no ha nacido bajo el auspicio de la BBC. Aún así, contiene su espíritu y el de todas esas historias románticas de época con amores imposibles y enamorados de distinta clase social. En esta ocasión la que está por encima es Lady Mary, una joven estirada, orgullosa, mimada y llena de prejuicios a la que una noche de lujuria con un desconocido le cambia la vida por completo bajándola del pedestal en el que ella misma se había colocado. Prometida con un primo, tenía su vida solucionada.

La ley de aquellos comienzos del siglo XX obligaba a que el heredero de todo fuese un varón. Ella es la mayor de tres hermanas y su matrimonio iba a permitirle seguir en Downton Abbey, la propiedad más preciada de la familia. Pero el hundimiento del Titanic, en el que viajaba su prometido, da al traste con sus planes. Ahora el heredero es otro, un joven abogado, de clase media, desconocido, de mirada azul, buenas maneras, poco amigo de los convencionalismos aristocráticos y al que Lady Mary no soporta. Al menos, de entrada. Su momento, ese al final del especial de Navidad en el que Matthew le pide matrimonio de rodillas después de decirle que ella no necesita de su perdón por aquel desliz. Ahí, con la nieve cayendo sobre ambos y después de quince capítulos y un especial navideño sufriendo. Puede verse en Netflix.

Moray (Emun Elliot) y Denise (Joanna Vanderham)

En Galerías Paradise ella vuelve a ser de una clase inferior a la de él, pero la atracción entre ambos existe casi desde el primer momento y no tienen intención de ocultarla demasiado. Y eso que ella es la sobrina de su rival comercial que entra a trabajar como simple dependienta en los grandes almacenes de él, viudo y en una relación de puro interés económico con una rica y entregada heredera. Moray le había cerrado la puerta al amor tras la muerte de su esposa, pero la llegada de Denise hace que todo se tambalee de pronto. Impresionado por su talento para las ventas, su visión de negocio y, por su puesto, su belleza (las cosas como son) no puede hacer otra cosas que caer rendido a sus pies.

Y como esta pareja es algo atípica comparada con el resto de las reseñadas en este reportaje, él no es tan galante ni de buena planta como sus homólogos y ella es mucho más independiente aún que sus colegas heroínas románticas. Hasta el punto de ser ella quien se rinde a sus pies y habla abiertamente de sus sentimientos. La historia de Moray y Denise transcurre en la segunda mitad del siglo XIX y no en la primera. Su momento, quizá ese en el que ella (que es quien lleva la voz cantante en la relación) se le declara y se dan su primer beso.