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Homecoming Julia Roberts se pasa a las series con 'Homecoming', un thriller hipnótico

La incursión en el mundo de las series de Julia Roberts -más allá de alguna aparición como personaje episódico- se salda con una buena actuación, una historia bien plateada y una ficción de capítulos cortos que incitan a ser vistos del tirón casi sin darse cuenta.

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Julia Roberts se pasa a las series con 'Homecoming'.

Homecoming, que se estrena este viernes en Amazon Prime Video en España, recupera viejas técnicas y recursos narrativos anteriores al estallido seriéfilo para marcar la diferencia y hacerse notar entre tanto estreno destacado como llega cada mes. Con el creador de Mr. Robot, Sam Esmail, tras la cámara y Julia Roberts delante de ella, la propuesta formal que plantea es la de una investigación al uso con una estética muy de los setenta. Toques de misterio y música muy hitchcocknianos puestos al servicio de una buen relato que contar en el que nada es lo que parece en un principio. El resultado era de esperar. Si Julia Roberts se arriesga a saltar del cine a las series es porque lo que tiene entre manos es bueno.

La historia es la de Heidi Bergman (Julia Roberts), asistente social en un espacio en el que se trabaja para dar apoyo a los soldados de cara a su reincorporación a la vida civil. Cuatro años después de sentarse en un despacho con pecera en Homecoming -así se llama el centro- se gana la vida como camarera en un restaurante en su pueblo natal mientras cuida de su madre. Saber cómo fue su paso de un lugar a otro y, sobre todo, cuál fue el motivo que la llevó a dejar un trabajo que parecía apasionarla son el motor de la serie. Más aún cuando poco a poco y de manera inteligente se van sembrado las dudas de la sospecha. Una vez que se rasque esa superficie comenzará a salir la verdad.

Ese es el juego que plantea la serie creada por Eli Horowitz y Micah Bloomberg basándose en el podcast del mismo nombre. Thomas Carrasco (Shea Whigham) es un auditor del Departamento de Defensa, un chupatintas al que le cae el marrón de averiguar si la queja anónima que han recibido sobre Homecoming se sostiene o no. Lo tiene todo en contra. Por un lado, Bergman dice no recordar prácticamente nada de su trabajo en el centro de ayuda a los soldados. Por otro, el responsable del proyecto, un tipo enamorado de sí mismo llamado Colin Belfast (Bobby Cannavale) no tiene pensado ponérselo fácil, sino todo lo contrario. Lo cual hace pensar tanto a Carrasco como al espectador que lo que se esconde debe de ser algo realmente gordo.

Para contar esta historia en dos tiempos Esmail recurre al cambio de formato de la pantalla. El vertical es para el futuro. El horizontal se corresponde con el presente. De esta manera es más fácil saber en qué momento de la cronología se encuentra la trama en cada escena. A pesar de que puede costar un poco acostumbrarse a ello de entrada. En los viajes a lo que ocurrió en ese lugar con pinta de centro comercial en obras en Florida es donde se encuentra el personaje de Walter Cruz (Stephan James), la clave de todo lo que se está contando. Él es uno de los soldados que pasaron por el servicio de apoyo y desencadenante de la investigación en curso.

Julia Roberts interpreta a una asistente social en un espacio en el que se trabaja para dar apoyo a los soldados de cara a su reincorporación a la vida civil.

Homecoming plantea temas tan interesantes como la dificultad de los soldados para pasar del campo de batalla a la vida civil, el uso político y empresarial de esa circunstancia, la línea entre lo que es ético y lo que no, cuánta presión puede aguantar una persona y la fragilidad de la mente. Aunque, en realidad, de lo que trata en el fondo esta serie es de si es justificable manipular y coartar la libertad de decidir de un ser humano simplemente por el hecho de creer que se actúa por su propio bien. ¿No sería más correcto darle toda la información y que sea esa persona quien decida qué quiere o qué cree que es mejor para él/ella? Ahí lo dejan sus creadores. Que cada cual medite sobre ello con las herramientas y puntos de vista que se les proporciona.

Las virtudes de 'Homecoming'

Como serie, Homecoming tiene muchas virtudes. Una de ellas es el reparto. Julia Roberts salta a la pequeña pantalla sin reparos gracias a un personaje agradecido a la hora de lucirse en lo dramático, pero también en lo natural. Dos aspectos de la interpretación en los que se mueve como pez en el agua. Incluso le dejan algún resquicio, aunque mínimo, para la comedia y lucir la sonrisa que la hizo famosa en su día. La química que surge entre ella y Stephen James funciona como una maquinaria bien engrasa.

Lo mismo ocurre con Cannavale, que vuelve a interpretar a ese personaje caradura que derrocha magnetismo y soberbia y que encuentra en el interpretado por Shea Whigham su contrapunto perfecto. A un lado, el hombre que se cree que por encima de todo y todos. Al otro, el que intenta pasar bajo el radar, con buen fondo y que solo quiere hacer bien su trabajo. Mención especial para la veterana Sissy Spacek como madre de Heidi. No se prodiga mucho, pero cuando aparece, se hace notar. También, con un papel poco significante como pareja temporal de Roberts, el casting incluye a Dermot Mulroney.

Julia Roberts salta a la pequeña pantalla sin reparos gracias a un personaje agradecido.

Otro de los aciertos de la producción de Horowitz y Bloomberg es el uso que se hace de esa estética de los setenta, de la pantalla partida (recurso que queda de lo más vintage y llamativo), de los colores apagados y del los smartphones. Porque por muy de otros tiempos que pueda parecer Homecoming, transcurre en una época muy actual, donde la gente habla por teléfono con auriculares mientras come o persigue un contacto empresarial por un campo de golf. En los contrastes es donde mejor funciona la historia. En los estéticos -mobiliario de hace décadas y teléfonos móviles- y en los personajes opuestos. Todo un ejercicio estilístico reseñable.

Por último, algo a realzar que tiene la serie dirigida por Esmail es cómo se manejan los tiempos para los giros de guion y las sorpresas escondidas en la trama. y el hecho de que los diez episodios tengan una duración de entre 25 y 30 minutos. Son tan ágiles y las migas de pan están tan bien colocadas que se ven uno tras otro casi sin darse cuenta. El ‘pero’ es el ¿abuso? que en ocasiones se hace de la música de tensión, por llamarla así, y que recuerda tanto a los efectos sonoros de Vértigo. Algo que puede ser malo y bueno al mismo tiempo. Malo porque puede agotar. Bueno, porque todo lo que recuerde a una obra maestra como esta película de Alfred Hitchcock tiende a ser positivo.