El enigma de las cartas perdidas de Jane Austen: ¿por qué las destruyó su hermana?
La escritora inglesa muestra su lado humano en la correspondencia, recopilada y traducida por Amparo Llanos en Afectuosamente tuya, Jane Austen.

Madrid--Actualizado a
Jane Austen no dejó escritos diarios ni memorias, por lo que su correspondencia es el bebedero esencial para conocer su lado humano. Aunque escribió cientos y cientos de cartas, apenas se conservan 161, sobre todo dirigidas a su hermana Cassandra, responsable a su vez de la destrucción de la mayoría de ellas. ¿Por qué lo hizo? ¿Acaso tenía algo que ocultar? ¿Qué secretos se llevó la chimenea?
El 250º aniversario del nacimiento de la escritora inglesa ha venido acompañado de la publicación de Afectuosamente tuya, Jane Austen (Renacimiento), una recopilación de sus cartas selectas a cargo de Amparo Llanos, responsable de su edición y traducción, quien la considera "la novelista más grande que ha existido junto a Cervantes y Shakespeare". Subyugada desde que leyó Sentido y sensibilidad, hoy se declara por encima de todo una Janeite.
Jane Austen y la condición humana
"Jane Austen radiografía la naturaleza humana de una manera extraordinaria. En sus novelas —y también en sus misivas— se percibe una inteligencia suprema y unas grandes dotes de observación para crear personajes únicos que comparten con nosotros lo más esencial y común de la condición humana, algo muy difícil de conseguir", explica Amparo Llanos, consagrada al estudio de las autoras británicas del siglo XVIII al XX.
Autora de Orgullo y prejuicio, Sentido y sensibilidad, Mansfield Park y Emma, la temprana muerte de Jane Austen (Steventon, 1775 - Winchester, 1817) arroja cuatro novelas publicadas en apenas un lustro, además de otras tantas póstumas. ¿Qué le depararía una vida más larga? "Novelas cada vez más perfectas", contesta con rotundidad Amparo Llanos, pues Persuasión, escrita poco antes de morir, ahonda según ella en el sentimiento interior y ausculta virtudes como la constancia.
"Habría explorado nuevos temas, pero sobre todo seguiría escribiendo sobre lo que conocía bien, algo que consideraba fundamental para crear mundos y vidas reales", añade la traductora de Afectuosamente tuya, Jane Austen, que recoge las crónicas de lo cotidiano de una gran autora, donde radiografía desde una perspectiva doméstica la sociedad de su época, al igual que en sus novelas describe la vida de la nobleza terrateniente a la que pertenecía.
Un sistema patriarcal donde las mujeres estaban a merced de los hombres, aunque —pese a depender económicamente primero de su padre y después de sus hermanos— ella no llegó a casarse. Si bien mantuvo al menos dos relaciones, quizás la soltería fue deliberada y le permitió crear con libertad. "Claro, ella no estaba resignada sino satisfecha por seguir soltera, porque eso le permitía escribir", explica Llanos.
"De hecho, aunque casaba a sus heroínas porque era la forma socialmente aceptada de vivir, veía con claridad los problemas y en sus cartas se muestra crítica con el hecho de que las mujeres tuvieran tantos hijos y algunas murieran reventadas", añade la editora de la correspondencia de Jane Austen, quien también confiesa que "estaba feliz de que un sobrino se hubiera marchado de casa porque le era imposible escribir con la cabeza llena de asados de cordero y dosis de ruibarbo".
Si bien la mayoría de las cartas están dirigidas a su hermana Cassandra, entre los destinatarios también figuran familiares, amigos, editores e incluso el bibliotecario de la Casa Real. Escribe sobre cuestiones triviales, pero a veces contextualiza la frivolidad. Así, los bailes, sobre todo para una mujer joven, eran la oportunidad de conocer a un mozo casadero en un tiempo en el que las hijas no recibían herencias.
También habla de las ganas que tenía de publicar y de cobrar sus derechos como autora, así como del proceso de escritura y de sus aficiones literarias. De la llegada de Londres de su "querida hija", la novela Orgullo y prejuicio, donde describe a Elizabeth como "la criatura más deliciosa que jamás haya aparecido en papel". O de la princesa de Gales, a quien apoya "porque es una mujer y porque odio a su marido".
Esa crítica al futuro rey Jorge IV, como otras que dedicó a su padre, a sus hermanos o a sus editores, no podrían considerarse un alegato feminista, aunque las cartas alientan el apoyo entre las mujeres, sometidas económicamente a los hombres, por lo que quizás si que cabría hablar de una suerte de sororidad. "Ella no pretendía romper el statu quo, ni era Mary Wollstonecraft, pero tenía una conciencia clara de los males de la sociedad patriarcal en la que vivía, que ahora llamaríamos conciencia feminista, pese a que ella no lo expresaba así".
Aunque, pese a su orgullo de clase, a veces es mordaz con los suyos y se mofa de algunos aspectos de su mundo, Amparo Llanos descarta que pueda calificarse como moderna o rebelde. "No estoy a favor de adaptar las figuras del pasado a lo que nos viene bien hoy. Hay que leer sus cartas con respeto, porque son la vida de una persona a la que no se le pasó por la cabeza que nadie a excepción de la destinataria las leería, pues no escribió para la posteridad. Ahora bien, su inteligencia, su talento y su genialidad la convirtieron en una mujer adelantada a su tiempo".
¿Por qué Cassandra quemó buena parte de las cartas, un asunto que trata la serie Miss Austen (Movistar)? ¿Quizás para no perjudicar la reputación de su hermana una vez fallecida? ¿Tal vez para no generar controversias en la familia? Amparo Llanos cree que probablemente se trató de "una cuestión familiar". Es decir, hizo "una criba" para preservar su imagen entre los suyos —pues en algunas misivas "soltaba venablos a algunos hermanos, a los hijos de Edward por malcriados y a sus propios padres"— y para "evitar que les doliera".
Jane Austen mantuvo correspondencia desde los veinte años hasta dos meses antes de su muerte, a los 41. Sin embargo, no existe ninguna carta de 1797, 1802, 1803 y 1810. Precisamente, las dos primeras fechas coinciden con su relación con Tom Lefroy y con la ruptura de su compromiso con Harris Bigg-Wither, que supondría "un matrimonio ventajoso". ¿No era ella suficiente —en términos monetarios— para un codiciado heredero?
Sea cual fuera el motivo, su reacción demuestra que "tenía una conciencia de independencia absoluta", concluye Amparo Llanos, convencida de que "si quieres conocer a la Jane humana, está en sus cartas".



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