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La lucha insumisa retratada por un fotero desobediente

El fotógrafo Joxe Lacalle publica 'Si te mandan una carta' (Txalaparta), memoria gráfica de un movimiento que consiguió una de las victorias populares más importantes de las últimas décadas: la abolición del servicio militar obligatorio, la mili.

Protesta insumisa
Asier Aranguren (protagonista de la película 'Asier ETA biok'), de frente, encadenado en el ayuntamiento de Pamplona mientras la Policía Municipal intenta detenerlo. 14/05/1993. Joxe Lacalle / TXALAPARTA

Cuenta Joxe Lacalle (Etxauri, 1951) que de un tiempo a esta parte le llaman fotoperiodista. El título, dice, no le desagrada, aunque él prefiere lo de fotero. Ha visto mucho, cuatro décadas al pie del cañón dan para mucho; represión, luchas, acciones políticas, movilizaciones, imaginativas formas de resistencia... "Me han roto la cámara y quitado los carretes más de una vez, también me han calzado alguna que otra hostia, llegó un momento en el que la policía dejó de pedirme el carnet, ya sabemos quién eres, me decían".

Le llamaban 'el hijo puta de la coleta', y su figura, recurrente en todo tipo de saraos de carácter contestatario, pasó a convertirse en punto de mira de los agentes, tan prosaicos con el apodo como expeditivos con la porra. Joxe evoca sus desencuentros con la ley y el orden al otro lado del teléfono desde su casa en Pamplona. Con la mano libre se gestiona un suculento estofado de ternera que, según apunta, acostumbra a clavar. Los golpes, dice, forman parte del oficio; ya lo decía Capa, "si tus fotos no son buenas, no te has acercado lo suficiente"

Y Joxe se acercaba. Estuvo tan cerca que empatizó con la lucha. La hizo suya. Corría la década de los noventa del siglo pasado y un movimiento popular contrario al servicio militar obligatorio en el Estado español tomaba fuerza, se organizaba. En Navarra, el rechazo se vio avivado por una heterogénea y combativa generación de jóvenes que Joxe tuvo a bien retratar. Lo hizo sin épicas de baratillo, atento a la tensión y al miedo, pero también al orgullo de pertenencia y a una convicción inquebrantable.

Plante en la balconada de la Diputación de Navarra, a la que se encadenan varios insumisos. Los actos de protesta se extienden también a los soportales del edificio. Joxe Lacalle / TXALAPARTA

"Algunos de mis compañeros reporteros me decían que siempre iba a las manifas insumisas y antimilitaristas coreando las reivindicaciones y cantando. Es verdad y me pasaba porque el movimiento insumiso de Nafarroa fue para mí como una casa. Fui insumiso a mi manera y por todo lo vivido junto a vosotros y vosotras me declaré insumiso de corazón", recuerda Joxe en Si te mandan una carta (Txalaparta), un libro que recupera la crónica gráfica de aquellos años de plantes y protestas.

El movimiento insumiso fue un movimiento aglutinador y emancipador, en el que con diferente intensidad, coincidieron por un mismo fin objetores de conciencia, insumisos, antimilitaristas, desertores... Hombres y mujeres. Mujeres también, porque las hubo y este libro visibiliza su presencia, como uno más, en la primera línea del frente. Junto con familiares, amigos y amigas de quienes desafiaron al poder militar, político y judicial. De quienes, muy jóvenes, asumieron un destino infausto en pro de un ideal.

Familiares, amigos y amigas de insumisos en la puerta de la cárcel provincial de Navarra (en Pamplona), punto habitual de protestas y 'plantes'. Marzo de 1994. Joxe Lacalle / TXALAPARTA

"Yo no entendía nada, estaba tras el objetivo y no entendía nada, cómo era posible que todos esos jóvenes fueran capaces de presentarse voluntariamente para ir a la cárcel, tenían pelotas, de eso no hay duda, antes que hacer la mili se iban a prisión, y esto no era sólo una cuestión hombres, porque en los plantes también había mujeres encadenadas, y muchas, para mí fuera muy gratificante ver la valentía que le echaban", explica Joxe.

La épica y la fotogenia de la insumisión es indudable, la mirada de este fotero curtido a pie de calle, consciente que es ahí donde se juega la historia de los pueblos, supo registrar ese despertar y convertirlo en memoria colectiva. La memoria de un movimiento que consiguió una de las victorias populares más importantes de las últimas décadas: la abolición del servicio militar obligatorio, la mili. Un movimiento que fue granjeándose la complicidad de la prensa y ganando adeptos en diferentes estamentos.

Protesta antimilitarista e insumisa en el kiosko de la plaza del Castillo de Pamplona. 2 de mayo de 2000. Joxe Lacalle / TXALAPARTA

La abogada Patricia Moreno, experta en objeción de conciencia, evoca en Si te mandan una carta la labor de Joxe y los suyos: "A fuerza de contar la verdad, la prensa consiguió deslegitimar al deslegitimador y hacer fracasar los intentos de sabotaje que, por tierra, mar y aire, desplegó un militarismo que, por aquel entonces no se había todavía reinventado a base de misiones de paz, unidades militares de emergencias o discursos en defensa de la libertad". 

Poco o nada esconden las imágenes de este fotero intrépido que siempre llevó un insumiso dentro. Él, que tuvo que hacer la mili porque no le quedaba otra −"me tocó en el 71, como para no hacerla, con Franco coleando", recuerda−, y que escapó del cuartel en cuanto pudo: "No pintaba nada, así que me largué, cogí la cartilla y la tiré a la basura". Quizá por ello vio en estos jóvenes una oportunidad para resarcirse de aquel sinsentido, y en su oficio un arma para desacreditar la infamia institucional.

Dulce venganza la de Joxe, que ultima satisfecho su estofado. "Es lo mejor para estos días de frío", dice. La memoria gráfica de los hombres y mujeres que sembraron en Navarra una lucha que nos hizo un poco mejores. De eso va Si te mandan una carta (Txalaparta), un libro por cuyas páginas sobrevuela un recuerdo unánime: el de Unai Salanueva, insumiso que con 22 años decidió suicidarse, y que nos sigue recordando que la cárcel y la mili matan. Pero que la lucha popular puede ganarle la partida para la vida.

Acción de AZIA (la asamblea de insumisos del Casco Viejo de Pamplona) en el ayuntamiento de la capital navarra. 14 de mayo de 1993. Joxe Lacalle / TXALAPARTA