Entrevista a Clara Sanchis"El poder siempre ha mentido, pero el neofascismo admite que miente y que lo hace por nuestro bien"
La actriz se convierte en Juan José Millás en Miércoles que parecen jueves, un monólogo teatral sobre la identidad dirigido por Mario Gas.

Madrid--Actualizado a
Juan José Millás tiene que dar una conferencia en un instituto sobre la realidad y la ficción, pero se queda dormido. Irrumpe entonces en el escenario del salón de actos un hombre que se cree el escritor madrileño, encarnado por una magnífica Clara Sanchis (Teruel, 1968), quien empuña una pistola mientras diserta sobre la identidad ante un público secuestrado por su palabra.
Miércoles que parecen jueves, dirigida por Mario Gas y escrita por el propio Millás, se representa los domingos por la mañana en el Teatro del Barrio (Madrid). Una cuestión de agenda, pues la actriz alterna el monólogo con la obra Conspiranoia en el Teatro Alcázar, "una comedia de carcajadas que también tiene que ver con la comunicación: hablar o callar".
¿Quién es Clara Sanchis?
Uy, no tengo ni idea [risas]. Comparto la idea de Juan José Millás de que la identidad está en continuo movimiento. Ya no sé si la Clara Sanchis de hace un par de años exactamente soy yo, pero ese yo borroso se acerca bastante a la realidad. ¿Qué procuro ser? Pues una buena persona que intenta divertirse y tener una vida lo más bonita y placentera posible, aunque para eso hay que trabajar mucho. Y poco más, porque unas veces siento que soy fuerte y otras, muy frágil.
Al peso: ¿cuánta identidad es propia y cuánta construida?
Uno acaba decantándose por una especie de personaje que va construyendo. Sospecho que, desde la más tierna infancia, adoptas un rol que se va moldeando con la vida. Al final, en buena medida eres el personaje que los otros te dicen que eres. Sin embargo, muchas veces hay que luchar para no ser lo que otros quieren que seas, buscando siempre esa identidad móvil. La utopía sería ir reaccionando con la máxima libertad posible, sin tratar de responder a un patrón que tú misma te has construido con ayuda externa. Por ejemplo, el rol masculino y el femenino son dos caricaturas que se corresponden muy poco con la complejidad de la realidad.
Si la realidad no fuese suficientemente compleja, las redes sociales desdoblaron nuestra identidad, hasta el punto de que a veces no somos lo que parecemos.
Claro. Somos nuestras acciones, o sea, somos lo que hacemos y cómo miramos las cosas. Declan Donnellan, en el maravilloso libro El actor y la diana, habla de la construcción del personaje, una enseñanza que también vale para la vida. Al fin y al cabo, en nuestro antiguo y bello arte lo único que hacemos es estudiar la vida, mirándola, retratándola e investigándola como un etnólogo. ¿Y quién es el personaje? Pues las cosas que hace.
¿Ayuso es el personaje que parece?
Si no sé cómo soy yo, cómo voy a saber cómo es otra persona [risas]. Pero si aplicamos la máxima de cuáles son sus actos, pues hablan por sí mismos. Hay gente muy concreta que está apoyando la ultraderecha. Ya está, punto, no tiene vuelta de hoja. Me parece terrible, ahí no veo matices.
¿Y el rey emérito Juan Carlos no era lo que parecía?
No era lo que parecía, pero ahora sabemos que si nos hubiéramos parado a pensar habríamos visto todo. Y no era lo que parecía porque tampoco estábamos muy atentos ni mirábamos bien. En la sociedad del espectáculo, a los actores y a las actrices nos están usurpando el territorio de una manera terrible, porque ahora mismo el audiovisual y el teatro son los únicos sitios donde se miente de verdad. El nuestro es un teatro de buena fe, porque el personaje del rey emérito, como cualquier corrupto, está haciendo teatro de mala fe.
Si la vida, incluida la política o la monarquía, es un teatro, ¿qué es el teatro?
Es un espacio de juego donde representamos una realidad con un pacto ético que respeta y que aclara que todos sabemos que no es verdad. O sea, un espacio donde podemos creernos mentiras y vivirlas muy a fondo, así como crear una realidad irreal. Ahora bien, como decía antes, lo hacemos éticamente.
Claro, pero la realidad real es una competencia muy dura.
Sí. Con la actualidad política, es un milagro que la gente siga yendo a los teatros. Lo hace porque es liberador: Es decir: "Qué bien, aquí me van a engañar jugando y yo me voy a creer hasta el fondo una historia que sé que no es real". Ahora mismo, eso lo necesitamos como el agua, porque en la vida es muy difícil distinguir cuándo nos están mintiendo. En Estados Unidos, por ejemplo, hablan abiertamente de los "hechos alternativos" o las "verdades alternativas". El poder siempre ha mentido, pero el neofascismo admite que miente y que lo hace por nuestro bien. No sé adónde nos llevará esto, aunque ahí han cruzado una línea roja.
Como dice en la obra, "quien domina las palabras domina la realidad", que hoy cobra tintes de irreal.
Millás hace un homenaje maravilloso al poder de la imaginación y de la literatura. Sin embargo, luego las cosas en realidad son muy complejas. Que un pueblo acabe votando a políticos que claramente van en su contra pone de manifiesto que ese pueblo no está dominando las palabras, porque apoya un relato muy parco y pobre que, en el fondo, solo es un eslogan. En cambio, Millás hace un canto a dominar el lenguaje para enriquecernos, no a utilizarlo de una manera simple y peligrosa, sino elaborada y humanista. A la hora de poner su texto en escena, la labor de Mario Gas ha sido importantísima porque creyó absolutamente en el poder de las palabras y despojó el espectáculo de todo, una apuesta acertadísima.
Sobre el escenario, ¿arma más una pistola o un texto de Millás?
Una pistola… Es broma, pero entrar en un escenario pegando tiros es el sueño de una actriz [risas]. Eso vale oro.
En la obra, usted es Millás porque no le queda más remedio. En realidad, ¿quién le gustaría ser?
A mí, que soy Juan José Millás, me gustaría ser el rey Juan Carlos para llevar una vida de aventuras.
¿Y a Clara Sanchis?
A Clara Sanchis le gustaría ser Juan José Millás, claro [risas].
Y si fuese Juan José Millás, ¿cómo se describiría?
Ahora mismo, aunque puedo cambiar dentro de tres minutos, me describiría como una trabajadora de la imaginación —tanto por la interpretación como por la escritura— y como una persona pacífica, tranquila y que le da una gran importancia a los afectos.
¿Ha perdido vigencia el lema "la imaginación al poder"?
No, de hecho es el lema de Miércoles que parecen jueves. Lo que sucede es que al mundo "la imaginación al poder" se le está yendo de las manos porque lo está planteando de una manera destructiva, no humanista, como nosotros.
Como comentan en la obra, la realidad es un delirio consensuado. Qué razón tiene usted, o quizás Millás.
La función tiene mucho éxito porque al público le gustan las cosas complejas, no que se las den mascadas, y eso es maravilloso. Millás ve la realidad y la irrealidad desde muchos ángulos diferentes, nunca es una lectura simplista sino poliédrica. Al mismo tiempo que hace un canto a la imaginación, también le da un buen palo cuando recuerda que seguimos muriendo y matando por temas irreales, cuando hay tantas necesidades reales que atender.
"Hay mucha gente que no se merece lo que ha escrito". ¿Usted diferencia entre la obra, quizás extraordinaria, y el autor, tal vez despreciable?
Es un tema complejo para el que no tengo una respuesta [tajante]. Egoístamente, si el artista me parece maravilloso, no me lo quiero perder. O sea, lo quiero seguir leyendo o viendo. Sin embargo, eso encierra una contradicción: "Bueno, a lo mejor yo no debería contribuir a que esa persona tenga ingresos". Si su arte es demagógico y dañino, por supuesto que no. Sin embargo, por poner un ejemplo, ¿qué hacemos con Kant y con otros filósofos que no es que considerasen a la mujer indigna de sus teorías, sino que la relegaban a un capítulo aparte, como si fuese un animalillo? ¿Qué hacemos? ¿Nos los negamos? Pues no.
En fin, "lo que se nos ocurre nos pone a salvo de lo que nos ocurre".
Otra frase maravillosa de Millás en la que habla del lado luminoso de la imaginación, que nos ayuda a vivir. Por eso los teatros muchas veces siguen estando llenos y la gente continúa yendo a las salas de cine, a pesar de la crisis que hay.




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