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Temporada 2 de Big Little Lies Meryl Streep sacude la segunda temporada de 'Big Little Lies'

Reese Witherspoon, Nicole Kidman, Shailene Woodley, Laura Dern y Zoë Kravitz abren la puerta a Meryl Steep, cuyo personaje llega a Monterey dispuesta a quitarles la careta todas ellas.

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Fotograma de la segunda temporada Big Little Lies.

Nacida para ser una miniserie compuesta de solo siete capítulos, el revuelo generado por Big Little Lies fue tal que desde HBO decidieron apostar por ella y darle una continuación en forma de una segunda temporada, que se estrena esta semana, con el mismo número de episodios. Una jugada maestra que se completó con el fichaje de la ganadora de tres Oscars Meryl Streep.

El pensamiento lógico nada más conocerse la noticia de la incorporación de la actriz más versátil de todos los tiempos al reparto parecía obvio. Si alguien como Meryl Streep se había subido al barco de la continuación, eso no podía significar otra más que el material era bueno. Y sí, lo es y queda demostrado en los tres primeros episodios facilitados por HBO antes del estreno. Bueno, en lo suyo.

Big Little Lies sigue siendo lo que siempre fue, la historia de unas madres enmarcadas cada una en un arquetipo fácilmente reconocible y con cierta tendencia a la histeria individual y colectiva. A veces con razón. A veces, sin ella. Un grupo de mujeres con dinero –salvo la que acaba allí en busca de una solución para sus traumas y termina siendo adoptada por el resto– que viven por y para sus maridos y la vida en torno al colegio pijo al que acuden sus hijos.

Desvelado al final de la primera temporada quién era el muerto (¡Atención spoiler!) y visto que ninguna de las cinco era el cadáver pero que todas estaban implicadas ya fuese como culpables o como encubridoras, ahora ha llegado el momento del después. Han hecho piña para correr un tupido velo sobre la supuesta caída accidental de Perry Wright (Alexander Skarsgård) y cada una tiene que tirar hacia delante con ello, con la mentira que sobrevuela sus cabezas y amenaza su bienestar. Quien peor lo pasa, como es obvio, es la que le dio el empujón definitivo, Bonnie (Zoë Kravitz), pero también su mujer, Celeste, (Nicole Kidman), que sufre de un importante síndrome de Estocolmo y le echa de menos hasta límites insospechados pese al maltrato.

Fotograma de la segunda temporada de Big Little Lies.

Luego está Madeline (Reese Witherspoon), esa madre perfecta de puertas para fuera que siempre quiere agradar a todos y que en realidad es la verdadera líder grupo, su pegamento. Es la única que parece preocupada porque Bonnie se desmorone y todo su plan se vaya al garete mientras Renata (Laura Dern) y Jane (Shailene Woodley) pululan por ahí con sus propios problemas no relacionados con la muerte de Perry. Bastante tienen ellas con lo suyo.

La primera temporada de Big Little Lies escarbaba en todas esas miserias que se esconden detrás de vivir aparentando. En esta el juego sigue siendo el mismo, lo que ocurre es que ahora el esfuerzo que tienen que hacer es aún mayor. ¿Hasta cuándo lograrán mantenerlo? El haber matado a alguien o haberlo ocultado no es solo lo único que esconden. Además, esta nueva tanda de episodios aborda la fragilidad del matrimonio, la pérdida de confianza, la fuerza de los rumores y el daño que las mentiras pueden provocar. Las traiciones carnales o financieras comienzan a salir a la luz y barrerlas bajo la alfombra no resulta una tarea sencilla.

El ambiente en Monterey es tenso, está caldeado y bien podría compararse con el de una olla a presión a punto de explotar. Cada casa, cada familia protagonista, se comporta como un ingrediente en cocción y todos están alcanzando su límite. De un momento a otro se desmenuzarán por completo y ya no habrá nada que hacer para recomponerlos. Pero todo eso, la mayor parte, ya se había contado antes en esta serie. Con el asesinato resuelto para el espectador, ahora le toca el turno a la policía y a los demás personajes más allá de las llamadas ‘cinco de Monterey’. No parece que todo el mundo se haya creído la versión de que se cayó accidentalmente dándose un golpe fatal.

Mary Louise se ha mudado con su nuera y sus nietos para compartir el dolor

La primera que no lo ha hecho es la madre del fallecido, Mary Louise, que se ha mudado con su nuera y sus nietos para compartir el dolor y, de paso, vigilar a la viuda de su hijo de cerca para pillarla en cualquier renuncio. Y ahí es donde entra en escena Meryl Streep, que se convierte en una madre –en Big Little Lies las madres lo son todo– que tenía idealizado a su vastago y que es incapaz de pensar mal de él. No se cree lo que le cuentan o insinúan y ha viajado hasta allí dispuesta a descubrir la verdad.

La llegada de Streep supone una baza bien jugada por parte de HBO para legitimar, si es que hacía falta, esta segunda temporada fuera de la novela escrita por Liane Moriarty. Además del talento y el caché que aporta, su actuación sube unos grados la tensión al mismo tiempo que rebaja otros tantos el tono acelerado y a veces histriónico del que hace gala la serie creada por David E. Kelley. Con un volumen de voz más bien comedido y un carácter tranquilo, lanza dardos envenenados con muy mala leche.

Especialmente interesante se presenta en los primeros episodios la relación con su nuera, a la que, como afirma, no termina de conocer. Tampoco se fía de ella. Es mutuo. Pero sobre todo, lo mejor de esta segunda temporada, al menos en sus comienzos, es el duelo dialéctico, de gestos y miradas que se establece entre Streep y Witherspoon. Ahí, donde la tensión y la animadversión entre ambas se palpa, es donde reside la parte más divertida entre tanto drama familiar y matrimonial. Sus cara a cara se convierten en combates y cualquier lugar les sirve de cuadrilátero.

Hasta ahora la historia siempre había estado centrada en ellas y se contaba desde su perspectiva. No cambia, como tampoco lo hace la fotografía, que sigue apostando por los grises y los tonos acordes con el estado emocional de sus protagonistas. Aunque es cierto que cobran algo más de relevancia los maridos. Ed (Adam Scott), Nathan (James Tupper) y Gordon (Jeffrey Nordling) siguen sin saber qué le pasa a sus esposas por la cabeza, se sienten fuera de lugar y traicionados de algún modo, cada uno por un motivo diferente.